La risa del inca

La amenaza de Choquehuanca provoca hilaridad y quizá no habría que tomarla en cuenta de no ser por la investidura de quien la profiere.
domingo, 21 de noviembre de 2021 · 05:00

Willy Camacho 

El pasado 24 de septiembre se produjo un desencuentro, por llamarlo de algún modo, entre el vicepresidente David Choquehuanca y el gobernador cruceño porque el primero había izado la wiphala durante el acto de conmemoración de la efeméride cruceña. Protestas de un lado y de otro y no solo en Santa Cruz, sino en La paz, Cochabamba, clamores de guerra, de venganza… En fin, todo a lo que los populistas ya nos tienen acostumbrados.

La wiphala es un símbolo nacional gracias a la insistencia masista en la Asamblea Constituyente, y en ese entonces a la mayoría de los bolivianos nos pareció justa la inclusión de un elemento que represente a los pueblos indígenas, tan olvidados y discriminados (hasta el día de hoy). Pero la idea no era que se creara un símbolo paralelo que haga evidente la división del país, lo cual ocurre actualmente: la tricolor la ondean los opositores al régimen masista y la multicolor los afines al MAS.

El MAS no se ocupó de generar un sentimiento de bolivianidad, de unidad nacional, porque desde sus preceptos teóricos (la teoría aguanta todo) lo plurinacional debía ser reconocido, y claro, ahí está el germen de la división. Pero es puro discurso, porque no hay pues 36 naciones originarias reconocidas en los hechos, solo hay un inmenso grupo indígena, sin distinciones, sin respeto a la diferencia cultural, a las costumbres propias.

Para los masistas el mundo es binario: blanco o negro, izquierda o derecha, indio o q’hara. La idea es generar una división profunda y abanderar el estandarte de un lado, el más vulnerable (con poca o ninguna educación, en situación d pobreza, etcétera) con un discurso populista y radical. Así, dislates como “vamos a meter la mano en el bolsillo de los ricos para dar a los pobres” son muy aplaudidos, y si se aumenta la apuesta, se genera mayor euforia, de modo que “cuidado con despertar la ira del inca” logra un efecto cuasi religioso en quienes escuchan.

La estrategia es simple, hay que generar división y ponerte del lado vulnerable, de ese lado que jamás te cuestionará nada, porque no tiene cómo, ya que le falta educación, le falta dinero, le sobra hambre… Y obviamente, para que ese lado permanezca en ese estado, hay que hacerle creer que te preocupas por la gente.

Entonces, les regalas canchitas, por todo lado, y vas a inaugurarla –porque la presencia del presidente es simbólicamente muy fuerte, genera fanatismo sectario–, y en cada acto (en el que, además, esa comunidad pobre se gasta un dineral para agasajar al jefazo) hay que soltar discursos que profundicen la división, decir cosas como que “ellos (los q’haras) quieren volver al poder para quitarles sus tierras, para quitarles su escuelas…”.

Nadie va a cuestionar que quien habla tan mal de los q’haras es un recontra q’hara, ya que están embelezados por la canchita. Obviamente, de educación y salud no hay que hablar, ya que mientras menos se invierta en eso, el lado vulnerable seguirá vulnerable y aceptara cualquier dislate sin chistar.

En algún caso extremo, yo estaría dispuesto a salir a las calles a protestar, pero no hay la mínima posibilidad de que si un líder político dice “éntrense a la planta de Senkata” yo le haga caso, por lo menos antes preguntaré: “¿Y eso es seguro, no habrá militares o policías resguardando?”. Pero la gente vulnerable, por falta de educación, salud y dinero, acepta sin cuestionar. Y el MAS necesita esa carne de cañón, y así la ve, sin exagerar.

Cuando hubo los conflictos de 2019, ¿qué hicieron los líderes del MAS? Huyeron, pisotearon el “patria o muerte” en su carrera y dejaron a “su” pueblo a la deriva. Peor aún, le pidieron que hiciera el trabajo sucio, que pusiera sus vidas al servicio del proceso de cambio, porque había que defenderlo de los “q’haras de la derecha”, y así enviaron a mucha gente humilde e ignorante a la muerte.

La estrategia de la división solo funciona si tienen a más de la mitad de la población sumida en la ignorancia y la pobreza, pues gente bien alimentada y estudiada no sigue las directrices del líder sin cuestionar, siempre hay un asomo de razón y se pregunta ¿por qué? Y esa es la gran mentira masista: que se preocupa por lo más pobres. No se preocupa, se ocupa de mantenerlos así, pues lo necesita en las urnas y en las calles.

Y aquí surge la faceta hipócrita del régimen, pues inflan el pecho y declaran que no van a sacar al ejército ni a la policía para reprimir las protestas, pero organizan grupos de choque violentos para que se enfrenten a civiles opositores. Claro, en términos técnicos, no hay violación de derechos humanos, porque los enfrentamientos son entre civiles, pero los grupos de choque son alentados e incluso pagados por el MAS, y prefieren que corra sangre entre hermanos antes que sacarse la máscara y mostrarse como el gobierno autoritario que es y ha sido desde 2009.

Y ahora aparece el vicepresidente Choquehuanca con una amenaza que provoca hilaridad y quizá no habría que tomarla en cuenta de no ser por la investidura de quien la profiere. “Todo tiene su límite hermanos, que no despierten la ira del inca, porque el pueblo defenderá la democracia, la unidad, la estabilidad y los recursos naturales que son de las y los bolivianos”, advirtió, quizá profetizando el regreso del Inca –como en las películas de la momia–, y claro, luego de destrozar a los q’haras, el Inca volcará sus ojos hacia Choquehuanca y los otros aymaras para sojuzgarlos como lo hizo poco antes de la llegada de los españoles a este lado del mundo.

Quizá leyendo las arrugas de los abuelos no se aprende historia, aunque las frases vertidas en el Manifiesto del vivir bien, escrito por el vicepresidente, suenen poéticas y caigan muy bien en un espectro de la población. Tal vez lo mejor sea invertir en educación y salud todos los recursos posibles para que el pueblo pueda cumplir sus aspiraciones por sí mismo, sin necesidad de falsos profetas que prometen un mundo nuevo, cuando en realidad lo único que quieren es mantener y profundizar la división, ya que con eso sus privilegios de casta están garantizados.

Con estas ocurrencias, don David, lo único que provoca es la risa del Inca –donde quiera que se encuentre– y del mundo, lamentablemente.

 

Willy Camacho / Escritor

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