Alexandr Lukashenko y la bomba de los migrantes

¿Cómo puede el gobierno de Polonia trasladar migrantes desde Turquía a Bielorrusia para luego no permitirles su ingreso a la UE? Lo que dice Lukashenko es un absurdo, analiza el autor.
domingo, 28 de noviembre de 2021 · 05:00

Carlos Decker-Molina

Ya son varias semanas que la Unión Europea (UE) está enfrentada con Bielorrusia. Refugiados que estaban en “el limbo turco” aparecieron en el puesto fronterizo de Bruzgui-Kuznitsa. En ese sitio se miran con temor los guarda fronteras de Polonia y Bielorrusia. Los primeros tienen el privilegio de pertenecer a la UE y los otros tienen la mala suerte de pertenecer a una dictadura estalinista.

Lukashenko acusa al gobierno derechista (autoritario) de Varsovia de “montar la escena”. Dice: “Polonia tiene problemas internos, más que suficientes en la UE y por eso monta esa multitud de migrantes, a los que no deja pasar a su territorio”.

¿Cómo puede el gobierno de Polonia trasladar migrantes desde Turquía a Bielorrusia para luego no permitirles su ingreso a la UE? Lo que dice Lukashenko es un absurdo, es él que movió sus fichas para trasladar migrantes de Turquía a su frontera con Polonia.  Que le viene bien a Polonia, porque está a punto de ser sancionada por la UE, debido a varias medidas autoritarias como la captura política del poder judicial, es evidente, pero que el gobierno de Varsovia haya trasladado migrantes desde Turquía para asentarlos en territorio ajeno es simplemente un fake news.  

Turquía ha usado la “bomba humana”, hay más de tres millones de sirios que la UE no los quiso/pudo recibir en 2015, quedaron en a cargo de Turquía, por lo que el gobierno de Erdogan recibe miles de millones de euros por el tremendo favor.

Muchos analistas consideran que el problema fronterizo entre Bielorrusia y la UE es obra del estratega del Kremlin Vladimir Putin, pero no es verdad. Probablemente hasta Putin está sorprendido por el maquiavelismo de su pupilo.

Las razones de Lukashenko

Ana Lena Lauren, corresponsal de un matutino sueco, cita la novela Los hermanos Karamasov de Dostoyevski para explicar el comportamiento del dictador de Bielorrusia y compara con la “karamasovia”. En la novela los cuatro hermanos buscan al asesino del padre Karamasov a pesar de que fue un ser malvado sin límites. La obra de Dostoyevski no trata sobre la maldad en sí, sino sobre sus consecuencias que no tiene límites.

Lukanshenko quiere someter a la UE a una situación límite en la que aparezcan los 27 como un hato de inhumanos. Y, de alguna manera ya lo que ha conseguido. Lukashenko se parece a algunos líderes latinoamericanos que piensan que ser corruptos es las ventajas que da el poder; además, “los otros también fueron corruptos, por qué no yo también”.

En el mundo de Lukashenko todo es vendible, no hay moral tampoco principios, todo esta a la venta, por eso lo que único que hay en ese mundo son intereses personales o de grupo y se ejerce la ley del más fuerte.

Un ejemplo es su rechazo al boicot contra Rusia patrocinado por la UE y  EEUU, que se interpretó como solidaridad con Putin y Rusia.  Lo que hizo Lukashenko fue abrir un mercado para que los boicoteados puedan seguir importando bienes de la UE vía Bielorrusia, lo que reportó a las arcas de Minsk mucho dinero.

El dictador usa las relaciones con la UE como instrumento contra Rusia, para mostrar a su aliado Putin, que Bielorrusia no es un peón del ajedrez internacional de Moscú; entonces para calmarlo Putin le concede créditos, subvenciones indirectas o petróleo a precio de realización que, luego refina en su territorio y vende a occidente.

Hoy se ha caído al vacío todo ese andamiaje, porque la UE tiene congelada la relación desde la torpe y tramposa elección del pasado año que produjo manifestaciones multitudinarias, apresamientos masivos, incluso la amenaza aérea con unos Mig contra un avión de pasajeros donde se encontraba uno los lideres de la oposición a Lukashenko, que tuvo que aterrizar en Minsk para que la policía política aprese al opositor que hoy está en la cárcel.

Pocos analistas creen que el dictador de un pequeño país pueda ser causante de una catástrofe humanitaria de dimensiones dantescas, por eso piensan que el culpable es Putin. Naturalmente a Putin le viene bien el desorden causado por su aliado. Lukashenko sabe que Putin no apoyará a la UE.

Lo que está pasando en la frontera con Polonia es obra del dictador de Bielorrusia  ante las amenazas de occidente, lo que hace con la “bomba humana” es vengarse de la UE.  Putin no tiene otra salida que alinearse con el dictador que esta empujando a la UE a una actitud propia de los perdedores. La tiene arrinconada con la presión humana de los refugiados.

Tendrán que buscar la solución turca, pero ¿qué país de la zona puede hacer el papel de Turquía? creo que ninguno. La otra solución es pagar más a Erdogan para que recoja a los pobres refugiados de Siria, Líbano y Afganistán. O iniciar la repatriación, ya Irak ha recibido algunos de vuelta a algunos de sus refugiados.

La actitud del tirano de Minsk no tiene límites igual que la maldad del padre de los Karamasov.

La extrema derecha

El ministro del Interior alemán, Horst Seehofer  pidió que la UE ayude a Polonia a blindar su frontera. “Llamamos esto una amenaza híbrida, en la que se utiliza a la gente para desestabilizar la UE y especialmente Alemania; eso no debe prevalecer en el mundo”, dijo su portavoz.

La junta editorial berlinesa del periódico suizo Neue Zürcher Zeitung escribió: “Los polacos han protegido hasta ahora su frontera exterior, que es también la de la UE, por su cuenta. Alemania también podría ofrecer ayuda bilateral en este caso: con agentes de policía, recursos materiales... lo que Varsovia pida”.

El diario conservador FAZ exigió que la UE “siga siendo dura”, “envíe señales claras” e “imponga más sanciones”. Una “solución humanitaria” de dejar entrar a los refugiados a la UE, es “el mensaje político equivocado”.

La campaña contra los refugiados fortalece a los extremistas de derecha y a los fascistas, que es uno de sus propósitos deliberados. Polonia conmemoró  el “día de la independencia”, cuando  Jozef Pilsudski tomó el mando del ejército polaco en 1919. Decenas de miles de ultraderechistas y fascistas marcharon por las calles de Varsovia vivando al dictador Pilsudski.

El alcalde liberal de Varsovia Rafal Trzaskowski prohibió inicialmente el desfile, pero el PiS, partido en el gobierno, intervino para que se celebrara.

Varias organizaciones de derechos humanos como Pro Asyl y Amnistía Internacional han protestado por el maltrato a los refugiados en la frontera polaca, pero sus llamamientos a los gobiernos europeos para que cambien su forma de actuar, no serán escuchados.

Hay un discurso bélico en las cancillerías de los países bálticos, en Polonia y Ucrania. La OTAN está en estado de alerta,

La izquierda reformista europea tiene la boca cerrada, para no perder votos por su costado derecho. Por otra parte, los refugiados ya no pretenden hacer la “revolución” en sus países, quieren el cambio y la prosperidad personal en países avanzados y por ellos se están jugando la vida.

 

Carlos Decker-Molina / Periodista boliviano radicado en Suecia

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