La historia precolonial y las interpretaciones

Los fascismos tienden en general a inspirarse en algunas interpretaciones interesadas de la historia, dice el autor en este análisis.
domingo, 7 de noviembre de 2021 · 05:00

Bernardo Corro Barrientos / Economista

Los hechos de la historia  están sujetos a interpretaciones “buenas” o “malas” según los valores dominantes en una sociedad y según los individuos. Lo que era considerado bueno para algunos de nuestros antepasados podría ser malo para nosotros según nuestros valores. Lo que era malo para nuestros antepasados, podría ser bueno para algunos de nosotros. Algunos hechos eran buenos para los romanos de tiempos del imperio y eran malos para algunos galileos de tiempos de Cristo. Sería absolutamente ridículo, por consiguiente, ir a Roma ahora y poner una bomba en el Coliseo porque en el siglo I los cristianos eran comidos por los leones. Del mismo modo, fue condenable la actitud de los talibanes de hace algunos años por bombardear los grandes monumentos budistas construidos por los chinos durante los viajes de la ruta de la seda.  

Asimismo, parece ridícula ahora la actitud del presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador de retirar de una avenida la estatua de Cristóbal Colón por haber descubierto la América y haber precedido la llegada de los conquistadores españoles a América. Un poco más cerca de nosotros nos parece ridículo que algunos estudiantes de la UMSA le saquen la nariz a martillazos a la estatua de Cristóbal Colón por el mismo motivo. Se supo luego que estos estudiantes conocían poco los antecedentes históricos de Colón. Los fascismos tienden en general a inspirarse  de algunas interpretaciones interesadas de la historia.

La actitud correcta ante la historia de la gente de hoy debe ser conocerla y sobre todo entenderla y respetarla. Si no es así no avanzamos correctamente hacia el futuro. Muchos bolivianos en general no conocemos los antecedentes de la conquista del Perú y de Bolivia por los españoles. No sabemos, por ejemplo, incluso actualmente, qué pasó en el momento del encuentro entre los incas y los españoles.

No sabemos, por ejemplo, que el Inca Atabalipa (es incorrecto llamarle Atahuallpa) cuanto estaba preso de los españoles, mandó matar a su hermano Huáscar que se encontraba en el Cusco y a más de 200 de sus parientes. Ejecutar a sus parientes cercanos era algo normal para los Incas herederos del trono. Esto no lo sabían los españoles y condenaron a Atabalipa, con los valores cristianos,  a morir en el garrote.

Tampoco sabemos que la proclama que lanzó Francisco Pizarro cuando comenzó a avanzar hacia el sur fue que él fue a Perú para “liberar a los yanaconas”, es decir, a los esclavos del Tahuantinsuyo que constituían más de la mitad de la población. Los yanaconas eran trabajadores que pertenecían en propiedad privada a los nobles del imperio, no al Estado. Los yanaconas constituían sobre todo la fuerza de trabajo para la minería, la metalurgia del bronce, la artesanía, la ganadería, el textil, el comercio y otros.

Otro grupo importante de la sociedad eran los “jatun runas”, o pequeños campesinos agrícolas, que no pertenecían a los nobles, pero estaban sujetos al Estado para los trabajos públicos (mi libro Economía y sociedad del imperio Inca).

La liberación de los yanaconas provocó una inmensa insurrección de apoyo a los conquistadores españoles, pero causó la muerte de cientos de miles de nobles en todo el imperio, es decir, la fuerza intelectual principal del imperio. La aniquilación de esta poderosa fuerza productiva causó finalmente y posteriormente, el subdesarrollo económico y social secular de esta gran región de América Latina (Ecuador, Perú y Bolivia en particular).

¿Qué debemos condenar y que debemos admirar en esta historia? Lo que deberíamos hacer en primer lugar es estudiarla, conocerla y admirarla. Lo malo es que desde hace más de 50 años se impuso acríticamente en América Latina y en Bolivia la filosofía del posmodernismo (o del funcionalismo) que no pretende estudiar la realidad de nuestra historia y de nuestras sociedades del pasado, sino de imponer una sola interpretación o “pensamiento único” sobre algunos aspectos de estas sociedades del pasado precolonial. Según este pensamiento traído por algunos antropólogos de Estados Unidos y de Europa (en particular por John Murra y Nathan Wachtel) y repetido acríticamente por los antropólogos, sociólogos, historiadores, economistas bolivianos y latinoamericanos, el “nuevo” Tahuantinsuyo sería una especie de “paraíso terrenal perfecto” y todo lo que no entra dentro del esquema oficial sería erróneo y falso que habría que rechazar. 

El nuevo “esquema oficial”, o pensamiento único de la historia, es dominante sobre todo en las universidades autónomas de Bolivia por lo menos desde los años 70, así como en las universidades de América Latina, públicas y privadas. Los nuevos grandes faros que retransmiten este pensamiento en América Latina son la Universidad de San Marcos de Lima y el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) en el Perú (Maríaa Rostworoski, Henry Peace), así como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en México.

Esto en cuanto a América Latina, pero no se debe olvidar a las grandes universidades europeas y de EEUU, las verdaderas creadoras del pensamiento único. Una de las principales actividades de los investigadores de las universidades mencionadas es oscurecer y eclipsar el pensamiento racional en cuanto al estudio de los grandes imperios precoloniales en América. Puede parecer curioso y jocoso, pero el  pensamiento que impulsa la destrucción de las estatuas mencionadas viene directamente de las universidades de París, de Cornell, de Harvard, de Madrid.

Incluso la historia de Tiwanacu es oscurecida por las nuevas investigaciones promovidas por los  historiadores de  UMSA. Siguiendo a sus pensadores, Tiwanacu ya no sería un imperio, sino simplemente un centro ceremonial y religioso dirigido por sacerdotes que difundìan su pensamiento religioso por los Andes. O sea que Tiwanacu ya no sería la primera sociedad en América que accedió a la edad de bronce, la primera sociedad que ya no exterminaba a los prisioneros, sino que los hacia trabajar como fuerza de trabajo, la primera sociedad que realizó grandes trabajos hidráulicos en la cuenca del Titicaca para desarrollar la agricultura en grandes superficies y la ganadería de los rebaños gigantescos de camélidos domesticados. ¡Tiwanacu no era nada para la UMSA!

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