La globalización de la Navidad

El poder blando influye sobre terceros países desde factores como una cultura atractiva, en la que EEUU tiene reservas valiosas.
domingo, 19 de diciembre de 2021 · 05:03

Sergio Plaza Cerezo

La Navidad es símbolo de Occidente. Y el mundo ya es aldea global en lo referido a dicha celebración, casi con la única excepción del orbe islámico. ¿Dónde radica la explicación para tal extensión geográfica del fenómeno, muy superior a lo que cabría esperar del celo misionero de católicos, protestantes y otras denominaciones cristianas? El poder blando (soft power) consiste en la capacidad para influir sobre terceros países desde factores como una cultura atractiva. Sin duda, Estados Unidos es nación con reservas valiosas de dicho activo. Una herramienta informal de política exterior que Washington toma en consideración.

Las fiestas de fin de año tienen orígenes paganos y ancestrales, previos a la existencia del cristianismo, con antecedentes entre pueblos de la vieja Europa como los celtas, cuyos druidas o sacerdotes practicaban el culto solar en monumentos megalíticos como Stonehenge (Inglaterra). Los solsticios de invierno (diciembre en el hemisferio septentrional) y verano (junio) eran dos momentos estelares. Las Navidades y las fiestas de San Juan, tan importantes estas últimas en la costa mediterránea de España, son sus herederas directas.

La maquinaria bien engrasada de Hollywood ha exportado multitud de películas ambientadas durante las Navidades, uno de los iconos que proyectan el american dream como objeto del deseo internacional. Siendo yo muy pequeño, antes de verla, mi padre me hablaba sobre una película que le marcó en la infancia: De ilusión también se vive (Miracle on 34th street). El final era feliz y emocionante: Santa Claus existía de verdad, tal como lo pensaba, desde el principio del filme, la niña protagonizada por Natalie Wood. Esta actriz, hija de emigrantes rusos, se convirtió en estrella y vivió el “sueño americano”, pero falleció de forma trágica con apenas 43 años. La película referida data de 1947. Por aquel tiempo, la prosperidad inherente a la emergente sociedad de consumo de masas en metrópolis como Nueva York, donde se desarrollaban las tramas de muchos guiones, brillaba con ímpetu en un mundo empobrecido.

Bollywood (India) acumula una producción fílmica anual mayor que Hollywood; pero carece de proyección global. Un desafío solo al alcance de las producciones estadounidenses. El periodo navideño es el más importante para la taquilla; y, por ello, acapara muchos estrenos. Los adolescentes son los principales espectadores en las salas de Norteamérica. Ya no hay solo películas románticas y emotivas con una trama ambientada durante el mes de diciembre. Como correlato de las dudas surgidas sobre el american dream, en un país marcado por desigualdades sociales crecientes, se ha desarrollado un subgénero paralelo de terror navideño, que puede resultar muy sanguinario.

Cuando visité Vietnam por primera vez hace algunos años, muchos jóvenes me manifestaban una admiración por Estados Unidos como su país favorito, frente a una China –cercana en cultura y geografía– percibida como amenaza. Los videos descargados en Facebook eran su banderín de enganche al “glamour” de Occidente, antes de la eclosión de Instagram. El epicentro del poder blando occidental permanece en California; pero la bahía de San Francisco (Valle del Silicio) ha tomado el relevo de Los Angeles (Hollywood).

Ciudad Ho Chi Minh (Saigón) ha sabido preservar su herencia como metrópoli cosmopolita, muy influida por franceses y estadounidenses; mientras, a pesar de la modernización, Hanoi es más conservadora, como bastión del régimen comunista. En esta capital, mi familia y yo pasamos la noche del 24 de diciembre de 2014. Quedamos impresionados con aquel ambiente festivo: multitud de jóvenes llegados en motocicleta, símbolo de la prosperidad aportada por una globalización asociada con EEUU, cuya diáspora vietnamita actúa como enlace. La plaza principal de la ciudad era decorado hermanado con Occidente en la fiesta global, como si se tratara de Times Square (Nueva York) o la Puerta del Sol (Madrid) durante la noche del 31 de diciembre.

Los vietnamitas han dado un paso adelante en su pasión navideña con la movilización de Nochebuena, día de menos algarada que la Nochevieja. El poder duro (militar) fue derrotado en los campos de batalla. Sin embargo, quizá Estados Unidos podría haber ganado aquella guerra, muchos años después, gracias a su poder blando.

Este activo intangible ha propulsado la mundialización de la fiesta de fin de año. Las religiones orientales, como budismo e hinduismo, favorecen el sincretismo desde un panteón politeísta. Y sus fieles se unen a la fiesta, acorde con el calendario cristiano impuesto por Occidente.

Pokhara, segunda ciudad más importante de Nepal, es mirador y puerta de entrada a la cordillera del Annapurna (Himalaya). No son unas montañas cualesquiera. Se trata de las cumbres más imponentes del planeta. La globalización ha promovido un fenómeno: la llegada de hordas de turistas para practicar senderismo en las “montañas globales”.

Según pude corroborar in situ, los nepalíes se adscriben de forma entusiasta a los festejos navideños. Desde la terraza situada en la planta superior de un restaurante de comida local, contemplamos el baile frenético de los jóvenes nepalíes en torno al escenario callejero donde tocaba una banda. El festejo simbolizaba el sincretismo cultural. La música de las películas de Bollywood sonaba con estruendo para celebrar la última noche de 2017.

Unos días antes, también vivimos de primera mano el ambiente festivo que presidía las calles de Katmandú, capital del país asiático, llenas de familias que paseaban durante la tarde del día 24 de diciembre. Como si se tratara de un tributo al poder blando de Occidente, la zona animada de la ciudad tenía un perfil concreto: el barrio global de Thamel, donde se aloja una mayoría de turistas extranjeros. La diversidad de gentes, locales y foráneos, enriquecía aquellas navidades “made in Nepal”.

La cadena Starbucks actúa como embajadora oficiosa de la Navidad hollywoodiense: ingesta de capuchino amenizada con villancicos del tipo Jingle bells como banda sonora. Algunas bebidas especiales solo están a la venta durante estas fechas. Estos “neocafés” globales del siglo XXI proyectan el lado más amable del modo de vida estadounidense, con sofás incluidos. Su éxito ha multiplicado las réplicas en Asia, cuya cultura del te ha sido barrida por el “glamour” del café. La nepalí Himalayan Java Coffee es una de las franquicias más conseguidas.

Como corolario, debo confesarles que yo estoy influido por el poder blando latinoamericano en materia navideña. “Un burrito sabanero”, que sonaba con insistencia en el vestíbulo del hotel donde me alojé en la capital de Panamá (2009), es mi villancico favorito.

Recuerdos que ya son nostalgia del tiempo perdido.

 

Sergio Plaza Cerezo / Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid

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