Pandemia

Una «guerra » de largo aliento

Los datos de la vacunación ponen a Israel en lo más alto, con 62 por cada 100 habitantes. Bolivia figura en la cola con una tasa de 0,03.
domingo, 14 de febrero de 2021 · 05:00

Oscar Antezana Malpartida
 Economista

“El mundo debe preparase para la próxima pandemia como si se tratara de una guerra”, mencionó Bill Gates hace pocos días. El año 2015, este multimillonario también adelantó que en cualquier momento se podía venir una pandemia y así fue. Ahora hay un consenso generalizado de que habrá otra pandemia, solamente no se sabe cuándo y cuán severa sería. 

Muchos expertos, incluyendo la médica española María Neira, directora de salud pública y medio ambiente de la OMS, afirma que la pandemia del coronavirus es una prueba más de la peligrosa relación entre los virus y las presiones del ser humano al medio ambiente. Los virus del ébola, SARS, o el VIH/sida, han saltado de los animales a los humanos después de la destrucción de bosques y selvas para la creciente expansión de las ciudades hacia territorios, entre otros.

¿Cómo se prepararía para una guerra? No soy militar, pero me imagino que deben hacer un inventario de lo que se tiene, qué reforzar (por ejemplo aviones, tanques, radios, municiones, entrenamiento), cuántos soldados y oficiales existen y dónde están ubicados, reconocimiento de campo donde se llevaría la guerra, estudiar estrategias, buscar asesoramiento/consejo de algún país amigo, entre otros. ¿Estamos haciendo eso en Bolivia para pelear y vencer a la Covid-19?

De acuerdo con declaraciones del Presidente, la nueva Ley de Emergencia Sanitaria permitirá reaccionar rápidamente ante esta y otras emergencias que se puedan presentar en el futuro. ¿En serio? Más allá de adquirir medicamentos e insumos de manera ágil y oportuna, establecer precios máximos o abreviar plazos para contratación de personal profesional, el país sufre de deficiencias más profundas y estructurales. Veamos algunas cifras del sistema de salud. 

De acuerdo con datos del Banco Mundial:

1. Paraguay y Bolivia tienen el menor número de médicos por cada 1.000 habitantes, 1,4 y 1,6, respectivamente. Costa Rica tiene 2,9 y Uruguay 5,1.

2. El número de camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes es de 1,1 en Bolivia, 1,2 en Costa Rica y 1,3 en Paraguay. Uruguay tiene más del doble, 2,8.

3. Los gastos en salud en términos per cápita serían los siguientes: $us 220 en Bolivia, $us 381 en Paraguay, $us 869 en Costa Rica y $us 1.592 en Uruguay.

Antes estos datos, el sistema de atención primaria de salud en Bolivia tiene que ser reforzado urgentemente con mejores equipos, instrumentos y medicinas, y con más y mejores profesionales de la salud. Se ha demostrado que una parte del éxito de los países que están manejando mejor la pandemia (Taiwán, Uruguay) es porque la gente acude a estos centros de salud, que además se constituyen en la red más extensa en un país, y el tratamiento es temprano y puede ser realizado en los hogares. 

Es decir, esta red de salud de atención primaria sirve de dique; menos gente con el contagio avanzado llega a los hospitales donde existen en menor número y no necesariamente próximos a la residencia del paciente, la cantidad de médicos, técnicos y enfermeros capacitados en cuidados intensivos es limitada, las deficiencias tecnológicas son serias, el tratamiento es más caro, y el riesgo de salir con vida se menor.

Se necesita también reforzar el resto del sistema de salud con mayor infraestructura física, capacidad tecnológica y recursos humanos. Se necesitan más laboratorios, más hospitales, más camas hospitalarias, más camas de cuidado intensivo y todo lo referente a su funcionamiento adecuado y más profesionales especializados.

Datos de esta semana muestran (www.ourworldindata.org) las siguientes tasas de vacunación diarios por cada 100 habitantes. En el extremo más alto está Israel con 62. Estados Unidos tiene 11, Chile 1,53, Brasil 1,45 y Argentina 0,98. Bolivia figura una tasa de 0,03. 

Si bien estas son las primeras experiencias y se esperaría mayor eficiencia, también existen barreras estructurales que limitaran la misma. Por ejemplo, número de personal médico capacitado, cadenas de frio e instrumentos, entre otros.

 De acuerdo con la misma fuente, Argentina estaría aplicando alrededor de 10.000 vacunas diarias. A esa tasa, tomaría 800 días (hasta mayo del 2023) vacunar a 8 millones de bolivianos, suponiendo que se tengan las vacunas disponibles. 

Un informe de la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU) también resalta lo mismo. En este sentido, parecer que no sería solamente la disponibilidad de vacunas el único desafío, sino también la capacidad de aplicar las mismas en el menor tiempo posible.

Esta pandemia también ha mostrado el grado de solidaridad del ser humano ante situaciones de vida o muerte, desde personas que no ponen la debida atención al uso de los barbijos, hasta líderes gobernantes que priorizan intereses políticos. Primero es el individuo, segundo es el individuo, tercero es el individuo, y después es el prójimo. Primero es la comodidad de uno, no importa si es a riesgo de pasarle un mal al otro. Parece que el ser humano, y por extensión el mundo, no es solidario por naturaleza hasta que no le convenga por algún motivo. 

Se trata de un tema sociológico más difícil de abordar que el médico y ara el que  no hay vacuna o tratamiento. Toma años y generaciones para lograr que seamos más solidarios por medio de  la educación, familiar y escolar. Aquí también hay un inmenso desafío. El sistema educativo es de baja calidad y contagiado con virus ideológicos. Hay que enseñar ciencia sobre hechos reales, pero a las autoridades competentes priorizan su agenda política. El desafío en el sector educativo es doble y enorme: se necesita invertir masivamente en infraestructura digital (hardware) y en recursos humanos y contenidos (software).

Entonces tenemos para rato. Los ciudadanos deben poner su granito de arena siendo más solidarios y empáticos con el prójimo. Este comportamiento será también un aporte crucial para reactivar la economía a la brevedad posible. Los gobernantes no deben quedarse de brazos cruzados esperando las vacunas. 

Hay mucho que hacer en educación y salud.

 

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