La oposición en el Congreso

¿Mediocridad parlamentaria?

Una réplica a un artículo de Augusto Vera, publicado en Ideas, y que el autor considera contiene “adjetivos ofensivos y sin fundamento”.
domingo, 21 de febrero de 2021 · 05:00

Miguel Antonio Roca 
Diputado de Comunidad Ciudadana

Cumplidos los 100 días del retorno del MAS al Gobierno, tras 11 meses de una “primavera democrática” boliviana, parece existir una percepción generalizada de que tanto el Gobierno como la oposición se están aplazando. Puede ser, pero con relación a “la oposición”, hay quienes piensan que ésta se limita a las bancadas parlamentarias de Comunidad Ciudadana y de Creemos y que no incluye a todos los actores políticos y sociales, líderes de opinión, periodistas y opinadores en RRSS, inclusive a todos los ciudadanos que pensamos que el MAS está conduciendo muy mal la nave del Estado. Uno de esos despistados, el abogado Augusto Vera Riveros, publicó hace unos días en Página Siete  una columna de opinión titulada “Mediocridad parlamentaria”, aludiendo con adjetivos sin fundamento y ofensivos al colectivo parlamentario, del cual formo parte, opinión a la que doy réplica en las siguientes líneas.

El columnista de marras me recuerda al hincha de fútbol que, no habiendo brillado jamás en la cancha de su cole o de su barrio, vocifera inútiles consejos e insultos desde la tribuna del estadio cuando su equipo no mete los goles que le gustaría ver. Apelando a referencias de la Revolución Francesa, de Rousseau y otras que sólo impresionan a los poco cultos, el opinador abusa de injustificados juicios de valor y adjetivos, llegando a sentenciar que entre los parlamentarios opositores no hay “uno solo que descuelle por su labor discursiva o de denuncia de hechos que ya han pasado al dominio público gracias a su ineptitud”.

 ¿Ha estado acaso el abogado Vera en alguno de los debates en el hemiciclo de senadores o diputados, o en los de alguna de las 22 comisiones y 57 comités (entre las dos cámaras)? ¿Escuchó al menos algunos minutos de las más de 14 horas continuas de intervenciones de parlamentarios opositores, cuando se tramitaba la aprobación del Presupuesto del Estado 2021; o las 8 horas del crédito de la CAF por $us 350 millones, dizque para luchar contra la Covid; o al de la ley de Emergencia Sanitaria, que comenzó por la tarde y acabó a la mañana siguiente, sólo para dar algunos ejemplos? ¡Claro que no! 

¿En qué fundamenta entonces su crítica tan osada? ¿Lo habrá hecho basado en el limitado contenido de los medios masivos, o en las opiniones vertidas al antojo en las redes sociales, o serán sus fuentes las tertulias de sobremesa y charlas entre amigos? Sea como fuere, el señor Vera parece ignorar que la directiva de Diputados, prohibió el ingreso de los medios a las sesiones parlamentarias, so pretexto de la  Covid. También parece ignorar que el consabido control gubernamental de los medios privados hace que cuando los parlamentarios opositores salimos a dar conferencias de prensa, muy poco de eso se reproduzca en los noticieros.

“¡Qué distancia y nostalgia por la composición parlamentaria de hace 20, 30 o 50 años…”, escribe el opinador Vera, juzgando a los actuales parlamentarios opositores que trabajan en un contexto de minoría absoluta, sin 2/3 para decisiones camarales clave, sin medios de comunicación en el hemiciclo, con prensa cooptada, con la opinión pública adicta a RRSS inundadas por fakenews, etcétera. 

En contraste, el contexto que le saca suspiros de nostalgia al opinador, fue el de la “democracia pactada” –tan criticada por muchos– en el que no habían bancadas hegemónicas, en el que el Parlamento elegía al Presidente de la República en segunda vuelta, en el que los 2/3 era la regla general para la gestión legislativa y en el que aún la mayoría absoluta (50%+1) requería de consensos entre bancadas, en que el hemiciclo congresal era la única caja de resonancia de la política nacional y en que los medios de comunicación gozaban de mayor independencia.

 No sabemos si hace la fútil comparación de peras con manzanas por auténtica torpeza o con solapada mala intención, pero el hecho es que, en su análisis, Vera no toma en cuenta las siguientes limitantes estructurales, adicionales a las ya mencionadas, que confronta la gestión de los parlamentarios opositores de hoy:

 I. El MAS está con una agenda agresiva de instalar la narrativa de que hubo golpe de Estado y que todo iba bien hasta que se instaló el “gobierno de facto”, por lo que es una prioridad para ellos callar la voz opositora.

  II.  El MAS tiene mayoría absoluta en las dos cámaras.

III. La legislatura anterior eliminó abusivamente los 2/3 para aspectos cruciales del trabajo parlamentario, haciendo innecesaria la coordinación con la oposición (ni siquiera cultivar buenas relaciones).

 IV. Con el pretexto de la Covid, la directiva de la Cámara de Diputados ha reducido de 15 a 5 minutos el tiempo máximo de intervención de cada parlamentario.

 V. Ante la ausencia de medios de prensa, la directiva camaral con frecuencia coarta el derecho a la palabra de diputados opositores.

 VI. La directiva camaral también infringe el propio reglamento de debates al negarse a realizar el conteo nominal de la votación (art. 110), en cuyo caso los “levantamanos” se verían expuestos ante sus bases y sus regiones, además de que cada legislador tendría 3 minutos adicionales para justificar su voto. 

VII. La ley de partidos políticos, con eso de que “el curul es del partido y no del legislador”, pone una mordaza a los librepensantes de todas las bancadas, sobre todo de la del MAS, haciendo imposible que sean persuadidos de votar en conciencia y en contra de la línea partidaria.

 VIII. El presupuesto de la ALP está fuertemente concentrado en las directivas camarales y unas cuantas comisiones, cuyas cabezas son definidas por las cúpulas partidarias, reforzando el caudillismo y el síndrome de levantamanos, a tiempo de disuadir el pensamiento libre en todas las bancadas, para no pasar al ostracismo partidario y quedarse con el peyorativo rótulo de “diputado de pasillo” (los que no tienen oficina ni personal de apoyo, ni siquiera un escritorio ni presupuesto para nada).

 IX. Menos del 5% del presupuesto legislativo está destinado a que los diputados uninominales (50% del total) tengan “plataformas ciudadanas” en sus respectivas circunscripciones, para poder interactuar con sus constituyentes, lo cual deja en el limbo el propósito constitucional de la representación territorial en la Cámara de Diputados.

Sería necio negar que la oposición en general tiene un serio desafío para hacerle frente al renovado autoritarismo del MAS y a su equivocada conducción del país. Sería igualmente necio negar que los parlamentarios de oposición tenemos que adoptar nuevas estrategias de gestión legislativa, articuladas con la sociedad civil, para contrarrestar la deliberada intención del MAS de acallar nuestra voz y neutralizar la acción opositora en la ALP. 

Pero mucho más necio es pensar que la situación actual se debe a una supuesta ineptitud o mediocridad de los parlamentarios. Peor aún, afirmar como lo hace Vera, que “en el bloque opositor se ha producido una subordinación al adversario (…) que en nuestra nauseabunda política es práctica usual”, no solamente es necio en extremo, también es injurioso. Un caballero, una persona ética, ofrecería disculpas públicas por tan injustificado e inexcusable exceso.

 

 

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