Awqa Pacha

Los alegatos insurgentes de Yaku Pérez

Una visión de un debate presidencial con Lasso, que comenzó como una contienda y terminó en consenso para el no retorno del correísmo.
domingo, 28 de febrero de 2021 · 05:00

José Luis Saavedra
Profesor de Teoría y Política Poscolonial

 

El 12 de febrero he asistido a un debate político realmente extraordinario entre dos aspirantes a la presidencia de la República del Ecuador, los candidatos Yaku Pérez, de Pachakutik, y Guillermo Lasso, de la alianza Creo–PSC, quienes se disputaban el paso a la segunda vuelta electoral (hoy resuelto en favor de Lasso).

Hacía mucho tiempo, creo que desde las épocas de Marcelo Quiroga Santa Cruz, que no escuchaba, ni veía, un debate de tanta intensidad y calidad teórica y política. Y además producido en un contexto político realmente sin procedentes, generado no sólo por la potente insurgencia indígena, como es la de  Ecuador, sino también por la emergencia de una candidatura de la izquierda ecológica, como es la de Yaku Pérez.

La reunión entre los consejeros del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Ecuador y los candidatos empezó con la intervención de Yaku Pérez, quien refirió que “estamos en un momento en donde está en duda la transparencia”.

Luego, el mismo Yaku Pérez hizo un mapeo muy bien documentado de las actas adulteradas (por decir lo menos), inicialmente, en Guayas, Manabí, Pichincha, El Oro, Esmeraldas, Bolívar, Quito. “Efectivamente, nosotros detectamos estas inconsistencias, anomalías, yo diría irregularidades, porque ya es de mala fe. Y cada hora van apareciendo nuevas inconsistencias”.

Lasso, por su parte, empezó manifestando que “usted (refiriéndose a Yaku) y yo enfrentamos al mismo adversario. Usted y yo no queremos que retorne al Ecuador ese modo (correísta) de hacer política”. Lasso se refería pues al “retorno de un modelo (corrupto y autoritario) que usted y yo combatimos y que seguiremos combatiendo, no tengo la menor duda”.

Aquí el uso de la palabra vuelve a Yaku, quien va a decir, con mucha convicción y empezando a tensar el debate: “Sólo una precisión, usted (refiriéndose a Lasso) manifiesta que los dos   enfrentamos al correísmo. Yo, en realidad, con todo el respeto que le tengo, no le vi a usted en las calles, como sí estuvimos nosotros, defendiendo el Yasuní. Y tampoco le vimos en las calles defendiendo (la libertad), celebro que ahora usted recoja nuestra propuesta”.

Yaku continúa: “A mí me golpearon, me torturaron, a mi esposa (Manuela Picq) la botaron del país. (A mí) me metieron cuatro veces en la cárcel por defender el agua, y no le vi a usted visitándome en la cárcel. No le vi –junto a mis hermanos– defendiendo la educación intercultural bilingüe, no le hemos visto”.

“Más bien usted debe estar muy agradecido con Correa, porque si a algún sector le benefició tanto, durante los diez años, fue al sector financiero. Bien por ustedes (los banqueros), acumularon más fortuna, obtuvieron más ingresos, bien por ustedes, porque si a ustedes les va bien, (entonces) tienen que pagar más impuestos que redundarán en beneficio de los ecuatorianos”.

Luego de una moción de orden por parte del CNE, es Yaku quien nuevamente toma la palabra y expresa: “Yo, a diferencia de usted (refiriéndose a Lasso), que tiene una familia respetable, yo tengo más de un millón de hermanos indígenas, que son desplazados del campo a la ciudad, que históricamente han sido despojados, desde hace 528 años, que les quitaron todo. Y que hoy están a punto de quitarnos hasta este sueño (democrático), hasta esta esperanza están a punto de robarnos, y eso nos indigna”.

“Y si veo diferencias, no creo que es igual, que como usted bien lo ha dicho, recojo sus palabras, familias enteras que viven con un dólar diario, o menos de un dólar diario, y esa es nuestra preocupación. Y usted (continúa refiriéndose a Lasso), igual que muchos gerentes de la banca, gana 100 mil dólares mensuales, ¡100 mil dólares mensuales! ¿No le parece eso supremamente injusto? Mientras hay niños que van a acostarse con hambre… Usted no conoce el sufrimiento, usted no conoce la realidad lacerante que vive nuestro pueblo”.

“Y muy bien lo que usted dice, usted y yo no queremos una Venezuela en el Ecuador… Yo quiero un país distinto, no quiero el extractivismo, no quiero esa Amazonia llena de tanta contaminación, un millón de galones de veneno, que lo botaron, mil personas que fallecieron por cáncer”.

“Yo estoy de acuerdo con el cuidado del planeta, esta tierra –que nos vio nacer– no nos pertenece a nosotros, es de nuestros hijos, es prestadito. Por eso es nuestro sueño, nuestra esperanza de dejar un país en donde podamos respirar la honestidad…”.

En el tramo final del debate, Lasso asume un tono conciliador al enunciar que: “Yo creo que, en este momento, hay que voltear página, candidato Pérez. Le propongo, con la mano extendida, usted y yo tenemos una obligación moral y ética con Ecuador, que es conversar, encontrar puntos de encuentro. Y que las diferencias no se resuelvan con ofensas, con palabras peyorativas, repitiendo la misma actitud (de Correa) de quien no queremos que regrese a Ecuador”.

Efectivamente, la reunión culminó de manera exitosa, productiva y consensuada, por cuanto se acordó, luego de una intensa e interesante deliberación entre los candidatos presidenciales y a partir de la propuesta del CNE, proceder a la “revisión al 100% de la votación de la provincia del Guayas” y la “revisión del 50% de la votación en 16 provincias”. Este importante acuerdo ha sido lamentablemente incumplido tanto por la cobardía del propio Lasso como de los miembros del CNE.

En conclusión, no sé si valga la pena dirimir quién ha ganado el debate, por lo pronto diré que Yaku ha ganado la discusión, por cuanto ha logrado que Lasso, quizás sin mucha convicción, asuma el discurso de Yaku, al expresar que están sentadas las bases para trabajar juntos. 

“Estamos aquí dos hermanos ecuatorianos. Tenemos un común denominador: no queremos que regrese a Ecuador el modelo totalitario, aquel modelo que lo único que hizo fue dividir a la sociedad, cometer actos de corrupción, engañar al pueblo ecuatoriano”. 

Ese, dijo, es su adversario común.

 

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