Situación

Trabajadoras en pandemia: al borde de la nada

Si bien el panorama es penoso para todos por el desempleo y la precarización del empleo, lo es peor para las mujeres, expone la autora.
domingo, 28 de febrero de 2021 · 05:00

Delina Otazú
Comunicadora social

Doña Lucy trabajaba en varios lugares, cada día en una casa distinta, algunos incluso hasta en dos… o tres. Siete días a la semana y hasta 12 horas cada día. Mientras limpiaba también ofrecía productos de esos que se venden por catálogo. Solo así pudo tener ingresos (in)suficientes para sacar adelante su hogar.

Tiene dos hijos y los crió sola. Llegó del campo siendo muy joven y ha recorrido un largo camino desde entonces; la ilusionaron, usaron y abandonaron. Ahora la pandemia la dejó sin ingresos, pues sus ocasionales empleadores optaron por no contratarla ante la posibilidad de un contagio. Para  colmo, el trabajo de doña Lucy no puede hacerse de manera remota. 

Las historias de muchas mujeres tienen denominadores comunes pospandémicos: sola a cargo de los hijos, obligatoriedad en las labores de casa y desempleada o con menos ingresos. Si antes del Sars-Covid-19 la situación era desafiante para ellas, ahora es más que compleja, y ha crecido en datos negativos.

Si bien el panorama es penoso para todos por el desempleo y la precarización del empleo, lo es peor para las mujeres. La Cepal advierte en su último informe especial que  “la crisis generada por la pandemia de Covid impactó negativamente en la ocupación y en las condiciones laborales de las mujeres en América Latina y el Caribe, generando un retroceso de más de una década en los avances logrados en materia de participación laboral”.  La misma organización estima que la tasa de desocupación de las mujeres alcanzó un 22,2% en 2020, lo que implica 12,6 puntos porcentuales de variación interanual.

El BID  informó en su estudio Trabajar y ser mujer en Bolivia que la brecha de participación en el mercado laboral –aún antes de la pandemia– entre hombres y mujeres en Bolivia era de 26% a favor de ellos. En el área urbana, la desocupación de las mujeres es el doble que la de los hombres.

Y no es solo que las mujeres tienen menores posibilidades de acceder a un trabajo formal y con un salario igual al de un hombre que ocupe la misma función, según los autores del estudio del BID, la segregación ocupacional  por  género es una característica común en Bolivia, lo que quiere decir que las mujeres tienen acceso a cierto tipo de empleos –generalmente en el área de servicios– en los que están condenadas a un menor salario y menos beneficios.  

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, presentó datos que muestran  que las principales actividades donde las mujeres ganan su sustento diario son el comercio, la industria manufacturera, la hotelería y servicios de comida, y  la construcción, desafortunadamente todos ellos sectores muy afectados por las restricciones impuestas a raiz de la pandemia. El PNUD confirma que “el desplome de estas actividades en la pandemia han tenido un duro impacto sobre los ingresos de las mujeres”.

Y no se trata solo de mujeres que trabajan en rubros arriba mencionados, las pequeñas empresarias están soportando los mismos problemas que sus pares hombres, pero, adicionalmente, tienen que responder a las obligaciones del cuidado de niños y adultos mayores, con lo que la carga laboral es mucho mayor para ellas.

Eliza y Nancy tienen 14 y 16 años y son hermanas; ambas atienden un pequeño quiosco de comida en El Alto. Antes podían ir clases presenciales en una escuela, ahora deben trabajar para ayudar a su familia y su única opción de acceder a la educación es un celular que comparten y por el que reciben clases mediante la plataforma Zoom. Han encontrado la fórmula: unos días le toca a una y otros a la otra; una atiene algunos minutos al profesor y la otra a los clientes, luego cambian de roles. 

Es poco probable que estén aprendiendo la totalidad de lo que deberían y eso las pone en una situación de desventaja frente a otros estudiantes con más ingresos, situación que difícilmente podrán remontar.  La educación universitaria gratuita está mas lejos de ellas y, por lo tanto, sus posibilidades de conseguir un mejor empleo en el futuro también.  

Estas adolescentes están soportando el mismo problema que miles en el país: deben trabajar más y estudiar menos… o nada. Los colegios cerrados y los padres sin trabajo las obligan a hacer enormes esfuerzos y arriesgar su seguridad en las calles y en entornos en lo que fácilmente puedes ser presas de la violencia.

Los organismos internacionales tienen datos y respuestas, los gobiernos conocen la situación; el virus se está llevando miles de trabajos y las mujeres están entre los grupos mas afectados.  

Se requieren políticas públicas y acciones para garantizar la igualdad de género en el período que quede de la crisis y durante la recuperación.

 

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