Indigenismo e indianismo

Felipe Quispe visto desde Santa Cruz

El Mallku planteaba la reivindicación de la Nación Aymara; mientras, en el otro lado del país, Sergio Antelo defendía el movimiento de la Nación Camba.
domingo, 7 de febrero de 2021 · 05:00

Juan Pablo Marca
Politólogo e investigador del CEJIS

El 2 de diciembre del año paso, tuve el honor de impartir el módulo Democracia, indigenismo e interculturalidad, en el curso virtual de democracia creativa organizado por Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (Cepad), en el que  la cuarta parte de sus 200 estudiantes se autoidentificó como perteneciente a un pueblo indígena y que tuvo como producto final la presentación de 24 ensayos en el libro Democracia creativa. Voces de líderes jóvenes. 

Sin embargo, para comprender el pensamiento indianista tuve que revisar libros como El indianismo katarista. Una mirada crítica, escrito por Pedro Portugal y Carlos Macusaya; y consultar a autores como  Pablo Mamani, quien coordinó Wiphalas, luchas y la nueva nación, publicado en octubre del año pasado, donde contribuí con el ensayo: Octubre y noviembre en Bolivia: Una lectura desde Santa Cruz, que seguramente leyó Felipe Quispe para escribir el prólogo del libro, quien en una parte de su escrito menciona: “una nueva generación empieza a pensar y repensar su propia historia, el panindianismo crece de aquí en un tiempo no muy lejano la literatura indianista abundará en las ciudades del país”. 

Mientras revisaba la bibliografía para el curso del Cepad me dí cuenta que conocía muy poco sobre el pensamiento indianista y describí que los conceptos de indigenismo, indianismo y katarismo no eran lo mismo. 

También, identifiqué que el indigenismo era un movimiento básicamente cultural emprendido por personajes no indígenas que tiene su auge entre 1920 y 1970 y que tiene sus antecedentes en obras como la Creación de la pedagogía nacional, de Franz Tamayo y  Raza de bronce, de Alcides Arguedas, que idealizan la pureza de los indígenas,  que tienen una visión de colonización e integración del indígena en la sociedad boliviana, convirtiéndolos en campesinos, como intento implementarlo el MNR.

Por otro lado, que el indianismo es un movimiento político que tiene sus antecedentes en autores y pensadores indígenas como en  La revolución india de Fausto Reinaga, Luciano Tapia, Raymundo Tambo, Constantino Lima, German Choquehuanca, Ramiro Reinaga, Pedro Portugal y Felipe Quispe, entre otros, que surge en la segunda mitad del siglo XX y que uno de sus principales de sus postulados es la conformación de una sociedad india y la instauración del Collasuyo. En ese contexto  posiciona el discurso de las dos Bolivias, poniendo un fuerte énfasis en el ser indio. 

Asimismo, que el katarismo aunque parte del pensamiento indianista fue el sustento ideológico y organizativo de los procesos de emergencia indígena desarrollados desde la década de 1970, empujando a los sindicatos campesinos  a comprometerse más con el indigenismo, que posteriormente se dividirá en dos principales tendencias:

 Una, más reformista, dirigida por Víctor Hugo Cárdenas, quien más tarde fue vicepresidente de Gonzalo Sánchez de Lozada, encabezando los esfuerzos por institucionalizar un multiculturalismo dirigido por el Estado neoliberal. 

Y la otra, más radical, representada por Felipe Quispe, que siguió el camino del nacionalismo aymara, creando el Movimiento Revolucionario Tupaj Katari (MRTK) que en los años 1980 participó en la fundación del Ejército Guerrillero Tupac Katari.

Ahora bien, centrándome en Felipe Quispe, un personaje imprescindible para comprender la crisis estatal del año 2000 y el pensamiento indianista contemporáneo, que lamentablemente falleció este 19 de enero de 2020, pasará a la historia como un símbolo de la reivindicación aymara por su lucha política, que en su momento lo llevó a las armas y a ser encarcelado acusado por hechos de terrorismo. 

Posteriormente, Quispe fue ejecutivo de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB); luego ingresó en política electoral llegando a ser diputado. También estudió Historia y llegó a ser docente de la Universidad Pública de El Alto y tuvo una producción intelectual interesante con las siguientes obras:  Túpac Katari vuelve y vive carajo, El indio en escena, Mi captura, Viva Pachamama, La caída de Goni, Mi militancia.

Por otro lado, en la semana de su fallecimiento me llamaron la atención los diferentes comentarios en las redes sociales desde Santa Cruz, tales como:

“Partió el político más auténtico, polémico, claro y valiente de extracción indígena. Sus mensajes fueron siempre francos y directos. Podrías no compartir todo lo que El Mallku planteaba, pero sabías que tenía fundamentos profundos”. 

“Ha muerto un enemigo de la libertad, el orden democrático, una vida más o menos civilizada. La muerte no diviniza”. 

“Sergio Antelo tenía los pies sobre la tierra y pensó a la ‘nación camba’ como un “concepto político”; El Mallku, en cambio, hablaba de una panacea social, basada en la superioridad biológica y en un indianismo irrealizable”. 

Ante el último comentario, recordé que el año pasado escribí lo siguiente en Facebook, cuando Felipe Quispe era uno de los principales líderes de las movilizaciones contra el Gobierno de Jeanine Añez en el mes de agosto: 

“Me imagino el debate que habría entre estos dos personajes. El año 2000, Felipe Quispe, planteaba la reivindicación de la Nación Aymara y llamaba a refundar el país en base al reconocimiento de las naciones indígenas. En el otro lado del país, Sergio Antelo planteaba, con el movimiento Nación Camba, la autonomía regional”.  A lo que después un amigo escribió: “¿Sabías que eran amigos y tenían largas conversaciones? Lo sé de primera mano”.

Es una asignatura pendiente leer de manera crítica el legado intelectual de autores como Felipe Quispe, Sergio Antelo o Rene Zavaleta Mercado.

 

 

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