Escenarios tras las subnacionales

Eva

El autor ensaya tres razones que explican qué hizo posible que Eva Copa consiga alrededor del 70% del apoyo de los alteños.
domingo, 21 de marzo de 2021 · 05:00

Ludwig A. Valverde B.
Politólogo y  literato 

 Las elecciones subnacionales 2021 configuran escenarios futuros y perspectivas en el corto y mediano plazo. Lejos, aún, de afirmar una renovación en la política boliviana, algunas de estas características son “expresiones efecto”. Nos muestran los problemas a resolverse en aspectos de nuestra cultura política y algunos de los retos a encararse por las organizaciones políticas del país, cuyo desafío de modernización es extremadamente lento, siendo éste un requisito fundamental para el logro de mejores resultados en el sistema político boliviano y en la propia conducción de gobierno, sea éste nacional o subnacional. 

 Las sorpresas que arrojan los datos, configuran indicadores que señalan los caminos por donde debiera transitar la innovación de la política en el país. Uno de los casos que merece atención es el de Mónica Eva Copa Murga (El Alto, 1987), la expresidenta del Senado, cuya participación a nombre de su ex partido contribuyó a la conformación del gobierno transitorio de Jeanine Áñez en un proceso turbulento que, una vez más, deja de lado la pretensión de posicionar en el imaginario social la idea de “golpe de Estado”, idea que no resiste el menor análisis. 

En un contexto diferente, distante de presiones que puedan sojuzgarla y a razón de la honestidad como valor humano, su testimonio tiene la oportunidad de argumentar las razones de la transición. Sin embargo, independientemente de ella, este caro incidente,será esclarecido por la verdad que persigue la ciencia. Este agitado episodio de nuestra reciente historia política no está cerrado.  

 Pero, ¿qué hace posible que Eva consiga alrededor del 70% del apoyo de los alteños y que obtenga ocho de 11 concejales que le asegurarían gobernabilidad en el segundo municipio más grande del país? Las siguientes explicaciones ensayan algunas respuestas:

1. La autoidentificación. Los votantes eligen al candidato que refleje sus mismas experiencias de vida, sus oficios, su historia profesional, y  política. Es un requisito necesario para mostrar al electorado. Eva Copa expuso en su campaña un perfil que recogía su experiencia de vida como hija de familia pobre, migrante, que, con esfuerzo, incluso de trabajo infantil, pudo ayudar a su familia a salir adelante, asistir a la escuela y a la universidad. Tal cual lo hace la mayoría de los alteños. 

Como una “habitante tipo” de la ciudad de El Alto, por su narración personal, atravesó las tensiones de la presencia de lo aymara, y de sus descendientes, en un espacio en el que la adaptación al contexto le condiciona sus formas cotidianas de subsistencia: vestimenta, idioma, cultura de alta hibridación para subsistir; madre con familia extendida, antes que nuclear, con flexibilidad pragmática frente a los avatares de la vida, etcétera. 

2. La mujer que resiste. No obstante haber aportado al ejercicio de poder de su partido, incluso en radical oposición al gobierno transitorio, la falta de apoyo a su candidatura para alcaldesa, mostró lo ingrato del poder y de decisiones cupulares cuyos intereses prevalecen en ese círculo. Aspecto altamente criticado a la “política tradicional” por su carácter excluyente. 

Dejar a su partido, muy a pesar del aporte realizado, con congoja, entre lágrimas, generó solidaridad. La situación exponía ingratitud ante una mujer, relativamente joven, que, con ello, se veía sola y abandonada a su suerte. Los indicadores de desarrollo humano en El Alto exponen datos de desprotección, de respuestas reactivas a situaciones críticas de abandono que enfrentan las mujeres de la ciudad más joven del país. 

Particularmente en El Alto, la valoración social al trabajo y al aporte de la mujer le dan protagonismo. Socialmente, se reconoce la contribución de la mujer a las dinámicas sociales, económicas, culturales y a su fuerte presencia en las decisiones familiares, allende los casos de feminicidio que, como en el resto del país, no dejan de ser preocupantes y alarmantes para todos. 

El Alto también eligió a quien será su antecesora, la Sole (Soledad Chapetón). En El Alto, está presente una valoración social al rol de la mujer en la política como fuerza de lucha y de conducción. Percepción existente en el ámbito cotidiano, presente en el hogar, en los sectores y en las zonas de una ciudad que ya asentó su gravitación política en el país. 

La apreciación del rol de la mujer es notable y más cuando ella enfrenta adversidades e incertidumbres. Las circunstancias hicieron que Eva, víctima de las miserias de la política, además, como se vio, hechas de modo patriarcal, exponga su capacidad de enfrentar ingratitudes, adversidades y, con empuje, salir adelante. Necesidad vital requerida para la acción política, así como para la conducción de los asuntos públicos.                

3. El perfil humano. Ambas situaciones hicieron que en Eva aflore su cariz humano antes que ideológico, su experiencia de vida se traduce en la representación de la condición de mujer alteña necesitada de oportunidades. La situación, a contra flecha de las acciones que su ex partido realizaba, muchas de las cuales son censuradas por la ciudadanía, configuraron el escenario de un liderazgo emergente, resistente y esperanzador, de nuevas oportunidades, viejos sueños de obras o condiciones de vida que atiendan y consoliden respuestas a sus necesidades de ciudad. 

Hablar con el lenguaje de los alteños, desde su propia experiencia de vida, con sus valores, historias, esperanzas, críticas, sufrimientos, antes que el discurso político-ideológico, hicieron posible la conexión de Eva con sus electores. Intuición política femenina emergente en situaciones altamente críticas por las que atravesaba. Esta intuición política de supervivencia hizo que Eva no abrace proyectos ideológico-alternativos a la hegemonía ideológico-política de “lo plurinacional”, o radicalice un discurso político feminista que, irracionalmente, tiende a volcar la condición de dominio de la mujer hacia el hombre. Su apuesta, dictada por su intuición política y de mujer, fue pragmática, directa y de persuasiva inclusión. 

La oportunidad de participación para apoyarla estuvo abierta por ella, una mujer que enfrentaba la adversidad de la ingratitud en la política de un partido al que seguramente ella le entregó lo mejor se sí. Ese aporte, simplemente, no era reconocido y valorado. Imagino que esos recuerdos le asaltaron al momento en que aceptó el cobijo de la organización política por la que finamente candidateó. El cambio simbólico de chamarras, incluso por los colores, fue el contraste entre lo que dejaba y la oportunidad que las circunstancias le ofrecían. 

Una vez posesionada en mayo próximo, comenzará para Eva un nuevo reto: hacer posible los sueños de sus electores, gobernar para todos, ampliar y afianzar escenarios de inclusión, respetar el disenso, configurar escenarios de consenso y de articulación, lograr procesos y resultados innovadores de gestión, en uno de los municipios más grandes, complejos y altamente dinámicos del país. Es más, tendrá la oportunidad de mostrar que “lo femenino no es un género, sino una dimensión”.
 

 

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