Matasuegra

Falso idealismo

¿Buscan las autoridades hacer justicia? El autor sostiene que hay muchos intereses en juego y que prevalece un sentimiento de venganza.
domingo, 28 de marzo de 2021 · 05:00

Willy Camacho Escritor

Lo ideal es la justicia, partamos de ahí. Pero en este mundo y esta vida, lo ideal pertenece al ámbito de los sueños y, por ende, de los soñadores. La gente es más práctica, antes que justicia, prefiere venganza, en una de sus múltiples variantes. Antes que justicia, prefiere cuidar sus intereses, aunque eso implique perjudicar los intereses de otro. Antes que justicia, prefiere socapar al hijito violador, porque, la víctima se lo buscó. Y así sucesivamente, la justicia no es más que un concepto que todos decimos defender y entender, pero que, en los hechos, se vacía de sentido ante la evidencia cotidiana de que las personas buscan todo, menos justicia.

Siempre habrá excepciones, claro. Y entonces pienso en Iván Lima, y recuerdo que cuando asumió la cartera de Justicia parecía un idealista, que más allá de su ideología política y su militancia partidaria, quería cambiar las cosas en el país. Se llenó la boca hablando de reforma, convocó a gente notable, a actores clave, algunos lo apoyaron, otros se rieron de él, y al final, su reforma quedó en la declaración de una buena intención. La postulación de un ideal. Y el idealista Iván Lima se volvió pragmático.

No llegó aún a los seis meses en el cargo, no han pasado ni tres desde que fracasaran sus primeros intentos de reformar la justicia, y don Iván se ha convertido en todo aquello contra lo que, supuestamente, pretendía luchar. Se fue a Sucre a “jalar las orejas” de un aparato judicial que no actuaba con eficiencia y eficacia para beneficiar los intereses del Gobierno. 

Luego, ya con el ideal pisoteado y olvidado, se puso a las órdenes de su jefazo para impulsar una persecución política despiadada y humillante, con la cual la cúpula masista pretende que los bolivianos de a pie comprendamos que, si así les va a exautoridades y activistas que se opusieron a su protofascismo, a nosotros, que no tenemos abogados ni apoyo político, nos podría ir peor. O sea que, ciudadanos de Bolivia, mejor calladitos y obedientes.

Dice el señor Lima que no se trata de venganza, que hay que hacer justicia. Estoy de acuerdo, yo no he perdido el idealismo. Si hubo muertos, hay que investigar, porque tiene que haber responsables de las muertes de Senkata, Sacaba, Montero y otros lugares del país. 

Tiene que haber responsables de las golpizas que sufrieron varios ciudadanos que ni siquiera estaban en protestas, hay muchos videos que muestran cómo la ira cocalera no mide consecuencias. Y también hay muchos videos de cómo se quemaron instituciones públicas, supuestamente en nombre de la democracia. Todo se debe investigar.

El caso de los fallecidos, obviamente es el más delicado, pues ya no hay cómo reparar el daño. Y buena parte de la población alteña y rural siente que eso debe ser resuelto cuanto antes. 

Ojo, no creo que busquen justicia. Buscan un responsable, quien sea, lo importante es que alguien pague por el dolor de los deudos. Es una especie de linchamiento, pero camuflado en un sistema legal que baila al son de la trompeta del jefe.

Recuerdo la gran crónica de Roberto Navia, “Tribus de la inquisición”, un relato descarnado y crudo de la “justicia” comunitaria. En realidad, tribunales medievales que condenan a muerte a quien cae en sus manos. Como en la Inquisición: si no confiesas, mueres por mentiroso; si confiesas, mueres por endemoniado. No buscan la justicia, buscan que otra sangre enjuague sus lágrimas. Ni siquiera es venganza, es un vacío de sentido y de valores humanos.

Lo mismo pasa en el caso de las exautoridades aprehendidas. La gente pide cárcel, 30 años, pero poco les importa la justicia. No importa investigar nada, ya tiene a sus presas, a sus chivos expiatorios. Todos están ansiosos por rociarles gasolina y prender la hoguera, y muchos alientan esta irracionalidad, pues creen que entre el humo podrán ocultar su vergüenza –si la tienen– y su culpa.

Esta analogía la planteé hace tiempo, pero sirve. Imaginemos que un vecino, por proteger su propiedad, ha puesto un muro alto, y en la parte alta del muro, alambre electrificado. Hay un para de carteles, quizá no muy grandes, pero si legibles, donde se advierte que el alambre del muro está electrificado. Los ladrones, que saben leer muy bien, no se arriesgan. Pero a uno se le ocurre una idea brillante: ubica a un niño analfabeta, pobre, desesperado por algo de dinero, y le ofrece 10 pesos a cambio de que trepe el muro, pasar al otro lado y le abra la puerta. El niño acepta, pero queda atrapado por el alambre electrificado y muere. ¿quién tiene la culpa de esa muerte?

Si se investiga y se hace un debido proceso, quizá se descubra que el propietario ha vulnerado alguna norma respecto a la a electrificación de cercas, entonces, algo de responsabilidad tendrá; pero si hay justicia, quien debería se enjuiciado por asesinato, es el ladrón que instigó al niño a cometer un delito, sabiendo que la vida del chico corría riesgo.

En tal sentido, lo mismo debería preguntarse la Fiscalía: ¿quién instigó a la gente de Senkata a lazarse contra el muro de una planta resguardada por militares? ¿Quién les dijo que voltearan el muro? ¿Les pagaron, los manipularon, les mintieron? No estoy culpando a las víctimas, solo me interesaría averiguar con precisión quién originó el escenario para que esas muertes ocurrieran.

Pero lo que se busca es otra cosa. El MAS quiere venganza, y lo logrará recurriendo, una vez más, a la manipulación, ya que está manipulando los sentimientos de los familiares y vecinos de las víctimas de los hechos de noviembre de 2019. Les hacen creer que se hará justicia, pero los verdaderos responsables jamás serán juzgados. Mientras tanto, la sed de venganza del jefazo será saciada, y eso es lo único que le importa a Lima y compañía: mantener a Evo contento.

 

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