23 de Marzo

La travesía hacia el mar

El autor sostiene que la acción de la demanda marítima ante la CIJ construyó una institucionalidad inédita y restituyó la memoria histórica de Bolivia.
domingo, 28 de marzo de 2021 · 05:00

Franz Zubieta Mariscal Abogado especialista en derecho internacional

Bolivia es uno de los más de 40 países del mundo que no tienen acceso al mar, sin embargo, su historia es sui generis por que nació con esta cualidad soberana a la vida independiente, pero la perdió por una invasión militar con fines de conquista territorial en 1879, como lo reconoció la Corte Internacional de Justicia dos veces en 2015 y 2018. 

Desde el mismo instante del despojo, el pueblo boliviano inició una travesía de retorno a través de diversas rutas; gran parte de ellas a través de acciones diplomáticas que al poco tiempo se transformaron en un adormecimiento que concluía en una traición (1895, 1920, 1975 y 1986) y en reciente data; a través de una acción legal internacional inédita (2013 al 2018) que no prosperó, pero que estableció las bases de nuestras estrategias futuras. 

No obstante, en estos días de remembranza, aparecen voces críticas con una visión reduccionista que se unen en una loa al fracaso. Opiniones respetables pero cuestionables por tres razones.

En primer lugar, la acción de la demanda marítima ante la CIJ, construyó una institucionalidad inédita y restituyó la memoria histórica de Bolivia. Sobre lo primero, la creación del Consejo Nacional de Reivindicación Marítima, unificó las voluntades de expresidentes, excancilleres, líderes y expertos nacionales y autoridades de todo signo ideológico alrededor de una política de Estado permanente. 

En torno a este objetivo se construyeron las bases de una ruta de acción legítima que avanzó a paso firme gracias al liderazgo horizontal y ético de David Choquehanca, Diego Pary, Eduardo Rodríguez, Héctor Arce, Rubén Saavedra y Juan Lanchipa, entre muchos otros. Asimismo, Diremar generó una fuerza centrífuga que aglutinó a juristas, diplomáticos, historiadores, economistas y expertos, quienes, unidos por un objetivo de Estado, trabajaron sin descanso y sin afanes personalistas. 

Sin duda, los archivos de Diremar atestiguarán la seriedad del trabajo técnico, la profundidad y seriedad de sus deliberaciones y el esfuerzo por reconstruir un archivo histórico unificado, ordenado y protegido que hasta inicios de 2011 no existió en Cancillería y que hoy incluso nos permite reescribir la historiografía marítima boliviana. Resulta fácil vilipendiar estos esfuerzos, para quien nunca se quitó sus “tibies” y remangó su camisa para sumergirse en el polvo de los archivos coloniales, del siglo XIX y XX a fin de reconstruir la verdad histórica de nuestra causa.

Por otra parte, la comunidad académica internacional recibió con seriedad y esperanza la propuesta jurídica boliviana, lo que quiebra el mito de la improvisación y aventurismo jurídico que los “expertos” señalan existió. Profesores de la talla de Eyal Benvenesti (quien expresó su esperanza que la negociación apoyada judicialmente pueda convertir a los Estados en fideicomisarios de la paz y desarrollo conjunto); Karel Wellens (quien escribió un libro exclusivo sobre la importancia de las negociaciones tuteladas judicialmente, celebrando en su prólogo que finalmente un país (Bolivia) hubiera traído esta cuestión esencial ante la CIJ), entre muchos otros que apostaron en creer que este caso abriría opciones a la solución de temas históricos pendientes como las cuestiones de Gibraltar, Malvinas, Palestina, etcétera. 

Incluso en el año 2014, la demanda boliviana inspiró a otro Estado –las Islas Marshall– a presentar una demanda contra las ocho potencias nucleares del mundo, demandando la “obligación de negociar” el desarme nuclear. Caso que al igual que el boliviano, a pesar de su solvencia legal y bases de justicia incuestionables, fue rechazado porque en el fondo implicaba una amenaza a los intereses de grandes potencias. 

Ignorando esto, es muy fácil cuestionar la incansable defensa que se intentó en la Haya, más aún si estas críticas vienen de voces que nunca han pasado de las primeras páginas de los voluminosos tomos que conforman el expediente judicial marítimo; y que asimismo y paradójicamente, nunca han defendido a Bolivia ante estrados judiciales internacionales. 

Finalmente, el capítulo histórico de nuestra demanda judicial generó nuevas sendas diplomáticas, económicas- comerciales e incluso jurídicas que están sobre la mesa de discusión y que, por la interrupción constitucional de 2019, quedaron encarpetadas. 

El corredor bioceánico, la apertura de nuevos caminos para el comercio boliviano, la creación de un foro multilateral específico para proteger los derechos de los Estados sin litoral, y la aplicación de otros mecanismos compulsorios de solución de controversias para cumplir el párrafo 176 de la sentencia de 2018, son algunas de las muchas opciones que fueron desarrolladas y deberán ser retomadas en nuestro accionar internacional. 

Nuestra travesía hacia el mar nos ha llevado de la desilusión hacia la esperanza y de ahí hacia la lucha, más de una vez en más de cien años. Este 23 de marzo, Bolivia debe renovar su fe basada en la acción; lamentarnos nunca ha sido una opción y sin duda persistiremos en nuestra travesía, cuya estrella polar es y siempre será el reencuentro con nuestra libertad plena y soberana con el mar.

 

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