Aniversario

El Bogotazo y la Revolución Nacional

Con cuatro años de diferencia, en Colombia y en Bolivia insurrecciones populares marcaron la historia de forma dramática.
domingo, 11 de abril de 2021 · 05:00

J. Nelson Antezana R. Bibliotecólogo 

Simple casualidad histórica o el momento que se vivía en el mundo y en América, lo cierto es que el Bogotazo y la Revolución Nacional sucedieron la misma fecha con diferencia exacta de cuatro años.  El Bogotazo se produjo  el 9 de abril de 1948 en la capital colombiana,  extendiéndose a varias ciudades del país. La Revolución Nacional se iniciaba en Bolivia el 9 de abril de 1952, en plena Semana Santa.

Ambas fueron insurrecciones populares que dividieron la historia de los dos  países de forma dramática. Tanto en Colombia como en Bolivia esos hechos significaron un parte aguas, un antes y un después y en definitiva un cambio irreversible de sus respectivas sociedades, sea para bien o para mal, cuyas consecuencias perduran hasta el presente.

Sin ánimo de ser exhaustivo,  el contexto histórico del Bogotazo  estuvo marcado por los siguientes acontecimientos:

Colombia ya vivía desde 1930 la antesala de lo que se denomina “la violencia partidista”,  que enfrentaba a liberales y conservadores de forma violenta en el área rural del país y también en las ciudades más importantes. Los enfrentamientos armados  se producían entre veredas liberales y conservadoras,  división político administrativa más pequeña de Colombia, provocando un fenómeno que décadas después llegaría a convertirse en el drama de los desplazados: gente que huía de la violencia y emigraba a las grandes ciudades.

Los primeros meses del año 1948 fueron particularmente tensos en varias regiones: levantamientos y revueltas en Cali; huelgas en la capital colombiana; descontento en las fábricas con amenazas de paralización y fuertes  enfrentamientos en la región de Santander. 

El corolario dramático sería el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, producido al medo día del fatídico 9 de abril de 1948, teniendo como marco la IX Conferencia Panamericana que se venía realizando en Bogotá,  desde hacía algunos días. 

Gaitán era una  figura carismática que estaba en la política de su país desde 1930, habiendo ocupado cargos importantes  desde su juventud y  ganándose el sobrenombre de “tribuno del pueblo” por su elocuencia y encendida oratoria,  defendiendo determinadas causas muy sensibles para los sectores populares.

Representaba la corriente socialista dentro del partido liberal. Inicialmente fundó su propio partido en 1933 con la denominación Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria (UNIR), fusionándose posteriormente al partido liberal.

La noticia de su asesinato  motivó la revuelta más violenta hasta entonces: muertes, incendios, saqueos y destrucción fue lo que dejó en toda Colombia ese aciago día.  El cadáver de su asesino, el albañil  Juan Roa Sierra, quedó casi irreconocible después de su linchamiento.

En medio de los saqueos, el hermano de un joven llamado Gabriel García Márquez,  encontró un traje azul de buena calidad que su padre lo uso por mucho tiempo en ocasiones importantes.

 Exactamente cuatro años más tarde, el 9 de abril de 1952, en plena semana santa, se iniciaba en Bolivia la Revolución Nacional  que significaría también un cambio drástico en la historia del país, aunque no necesariamente positivo.

Los mayores combates entre el ejército y los movimientistas se produjeron en La Paz con un saldo de más de 300 muertos.  Los miembros del MNR desterrados en Argentina no sabían a ciencia cierta qué estaba pasando en La Paz,  pero cuando se enteraron que había comenzado la revolución y que ésta había triunfado,  el primer temor que tuvieron fue que Siles Zuazo se hiciera con el poder,  desconociendo el liderazgo de Paz Estenssoro. 

Sin embargo, sea por lealtad o por pusilanimidad ante lo que se le podía venir encima, Siles Zuazo prefirió respetar los resultados de las elecciones de 1951 y esperó  que llegara el “jefe”.

Paz Estenssoro llegó a La Paz días después y bajó en hombros  de la multitud desde la pampa desierta que era El Alto en ese entonces. De esta manera se iniciaba la larga noche del movimientismo que se prolongaría por 12 años, dejando su impronta en la historia del país por varias décadas, siendo el ejemplo de lo que no debe hacerse,  pero se hace,  en política.

Una vez instaurado el régimen del MNR el crimen político se institucionalizó. Todas las noches se producían asesinatos en las ciudades, los milicianos  ingresaban arbitrariamente a las casas con el pretexto de buscar falangistas y se robaban todo tipo de objetos, e incluso, violaban mujeres. Surgieron los campos de concentración e hicieron su aparición personajes tan siniestros como San Román.

 Acerca de esta  época oscura, a la que Don Huáscar Cajías Kauffman la denominó  “San Román y el sanromanismo”, menciona que a las palizas temperamentales sucedieron las torturas metódicas y refinadamente ejecutadas por la policía en cárceles y campos de concentración. Era la violencia ejercida desde el Estado en su más pura expresión.

Sobre las medidas económicas y sociales: la reforma agraria sólo sirvió para el vaciamiento del campo (sobre todo en el occidente del país); la migración de los campesinos a las ciudades formando cordones de miseria y  el minifundio que empobreció el área rural situación de la que no se puede recuperar hasta nuestros días.  La nacionalización de las minas y la posterior creación de la Comibol produjeron el crecimiento de la burocracia de forma exponencial e irresponsable. La corrupción, mal endémico en Bolivia, se expandió a todos los ámbitos de la vida nacional.

Es curioso cómo funciona la memoria de los bolivianos, de los que la  tienen, pues recuerdan al Paz Estenssoro octogenario de su cuarto gobierno (1985-1989) y lo ensalzan como al estadista que salvó el país de la hiperinflación, pero olvidan por completo  al Mono del periodo 1952-1964, promotor de todas las tropelías que se vivieron en esos oscuros 12 años.

Pero lo que ha sido más pernicioso es la lectura movimientista de la historia boliviana que se ha impuesto en el ámbito historiográfico, académico o no, como modelo y método asumido por todos  sin el menor cuestionamiento. Términos como “rosca minero-feudal”; “barones del estaño”; o visiones maniqueas para simplificar la realidad como “patria-antipatria” y “nación-antinación”, solo fueron entelequias que salieron de las febriles cabezas de los denominados “ideólogos del MNR”,  y que  las asumieron  todos  los que han escrito sobre la historia de Bolivia, a partir de la segunda mitad del siglo XX.

  Es preciso que se establezca una corriente revisionista no sólo sobre la revolución de 1952, sino sobre otros hechos de nuestra historia para que dejemos de repetir de memoria conceptos trillados que corresponden a lecturas sesgadas de la historia.
 

 

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