Diálogo y pacificación

El vacío del centro político y la falta de un camino para el reencuentro

Ante una extrema polarización, pareciera que las puertas del diálogo están cerradas. ¿Dónde se encuentran las voces interpeladoras? Cinco expertos analizan las causas del desencuentro político y plantean algunas salidas que pueden conducir a una reconciliación nacional.
domingo, 11 de abril de 2021 · 05:02

Fernando Chávez Virreira  Periodista

 

“El grado de polarización política de una sociedad es una variable clave que cuantifica hasta qué punto la opinión pública se divide en dos extremos opuestos”, sostiene el economista Javier García. En los últimos años, las sociedades se han polarizado en extremos que incluso parecen irreconciliables. En Bolivia se percibe un “vacío” en el centro político, o una sensación de que esas voces están opacadas y las propuestas de conciliación son débiles. ¿Dónde están las voces interpeladoras? ¿Hay un camino para el reencuentro nacional?

El 29 de marzo, Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana, presentó al Gobierno su propuesta “Bases para la paz y reconciliación”. “Estoy convencido de que es necesario enfrentar los grandes problemas del país en base al diálogo y la modificación de las decisiones que afectan a los DDHH y la democracia”, anunciaba.

Según la posición del líder opositor, “la búsqueda de soluciones en el marco de la paz, la legalidad y el bienestar del pueblo boliviano no es una opción, sino una obligación de parte de todos los actores políticos, sociales, económicos y cívicos del país”.

En el pasado, instituciones como la Iglesia Católica, la Defensoría del Pueblo, la Asamblea de Derechos Humanos y hasta  los medios de comunicación promovieron espacios de diálogo nacional para encontrar salidas a las múltiples crisis. 

Rafael Puente, miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (Cueca) de Cochabamba, se pregunta si hoy se acabó el diálogo político. “En este último tiempo nuestra sociedad parece cada vez menos interesada en el diálogo, concertación y acuerdos políticos, aunque sean provisionales”, afirma. 

Ése, dice, es el lado negativo de nuestro elevado grado de participación política. “Debe haber pocos países en los que sea tan elevado el nivel de participación de la población en los asuntos del Estado y eso se puede calificar de positivo, ya que el Estado es la sociedad organizada de una determinada manera, y la tendencia mayoritaria a controlar el Estado creo que puede calificarse de positiva. Pero esa tendencia a la participación en el control del Estado menosprecia la importancia del diálogo político, de la concertación entre diferentes fuerzas políticas, sociales y culturales”.

Según el análisis de Puente, el dirigente político más abierto al diálogo es Carlos Mesa, “pero su falta de posiciones y propuestas claras conduce a la inutilidad del diálogo; además es un político que intenta ser de ‘centro’ en un país que tiende a la radicalidad y que nunca entendió mucho de ‘diálogo’”. Puente recuerda que Mesa, cuando fue presidente, “se vio muy pronto obligado a renunciar precisamente por la ausencia de un programa de gobierno y de una política de diálogo positiva”.

“En los hechos lo que parece es que el centro en realidad no existe, lo que existe es una tendencia al diálogo y a la concertación; pero una tendencia que siempre ha sido minoritaria, ese centro está vacío”, agrega.

Los partidos en Bolivia, a los que Puente califica, en su mayoría, como “un fracaso”, sean éstos radicales o moderados, “no valoran el diálogo”.

“Las fuerzas de derecha, además de estar siempre divididas, nunca han sido realmente fuerzas, sino meros intentos. Las fuerzas de izquierda (que sí han mostrado la posibilidad de unirse, pensemos por ejemplo en la UDP), en el momento actual parecen estar más bien dispuestas a combatirse, incluyendo combates internos,  incluso en el partido más grande y fuerte que es el MAS”, dice Puente.

 

La irrupción de Evo

Gregorio Lanza, economista y especialista en políticas públicas, identifica tres causas que interrumpen o imposibilitan una reconciliación nacional. Primero,  la irrupción de Evo Morales en el escenario político; segundo,  una falta de estrategia de la oposición;  y finalmente la descalificación que ha hecho Morales de interlocutores como la UE, o Gran Bretaña.

Lanza afirma que “vemos a un Evo Morales totalmente decidido a recapturar el control del poder y éste es el gran tema que ha distorsionado un posible proceso de reconciliación nacional”.

Recuerda que en las elecciones de 2020, Arce y Choquehuanca plantearon al país la estabilidad económica y en segundo lugar la reconciliación nacional. En ese contexto, “había organizaciones sociales que respaldaban esa propuesta, pero marcaban que el anterior grupo palaciego de Evo Morales ya no podía ser parte del Ejecutivo porque acusaban a ese entorno de la radicalización, del desconocimiento del 21F,  y porque todos reconocieron que la repostulación fue un error”.

  El analista identifica, además, dos tipos de oposición, una que es la más radical, compuesta por los sectores cruceños y sus articulaciones, “que han dejado huellas, como el discurso ‘de las bestias’ del presidente cívico,  que se ha reproducido una y mil veces  y  que ha dejado huella porque toca a la emoción”.

“Y está Mesa, que está en el centro pero que no tiene ningún poder real. Ese centro no tiene una estrategia coherente. Es válida su propuesta de pacificación pero eso no es parte de una estrategia y de una gestión política previa”, estima. 

Lanza dice que si alguien tiene la posibilidad de iniciar este proceso de unificación es el Gobierno, a través de Choquehuanca desde la Vicepresidencia. “Ahí Mesa queda como en off side, ha enviado una propuesta, pero si no la toman en cuenta, es una más. Es un fuego artificial, se quema”.

Según advierte, no tenemos interlocutores “porque parte de la estrategia de Evo ha sido debilitar a aquellos que han posibilitado la pacificación inicial, ha debilitado a la UE y a Gran Bretaña,  y ha debilitado a la Iglesia con  esa campaña para mostrarlos como entidades que no son válidas para un proceso de diálogo”.

Según el analista Marcelo Arequipa, por ahora el centro está vacío. “Digo por ahora porque tengo la impresión de que quienes van a virar un poco más hacia el centro, o ya están virando, es la oposición, lo cual no es malo. Iván Arias y Manfred Reyes en términos locales y en el ámbito nacional CC que está intentando otra vez retomar la iniciativa y llevando la discusión hacia el centro. Eso nos lleva a las propuestas de diálogo, no de paz, porque es difícil pensar en eso en este contexto con una brecha social muy fuerte como la del 2019-2020, pero sí de diálogo”.

 

El MAS ha copado los espacios

Hugo Moldiz, periodista y abogado, y exministro de una de las gestiones de Evo Morales, considera necesario aclarar que, conceptualmente hay que precisar que cuando hablamos de un centro político, estamos hablando de centroizquierda y también de centroderecha.

“En momentos de relativa tranquilidad es más fácil percibir la existencia política autónoma, tanto de posiciones de centroizquierda como las de centroderecha, pero en momentos de polarización política estas corrientes pierden su capacidad de autonomía y tienden a bascular entre posiciones de izquierda y de derecha”, afirma. 

En su visión, esto es lo que ha ocurrido en el país desde el año 2000, cinco años antes de que los movimientos sociales lleguen al poder.

“Podemos observar que el MAS termina copando desde la izquierda hasta la centroizquierda, y en el caso de la derecha, en los últimos años han demostrado, sobre todo a partir del año 2016 y con mucha mayor claridad el año 2019, cómo los proyectos de centroderecha han terminado subsumidos, subordinados al proyecto de la ultraderecha”, sostiene.

“El mayor perjudicado es Carlos Mesa porque terminó siendo arrastrado a la estrategia política de la ultraderecha que en 2019 consiguió que se anularan las elecciones y que no se llamara a segunda vuelta; Mesa perdió la oportunidad de ser presidente porque si había segunda vuelta tenía opciones inigualables de ganar”.

Según su análisis político, ese centro termina subsumido a la corriente de ultraderecha de Luis Fernando Camacho, con lo cual deja un vacío en la centroderecha. “Esa es la característica de la política boliviana desde el año 2000 y que se ha intensificado hasta llegar a las actuales circunstancias: un MAS que copa desde el centro hacia la centroizquierda y una ultraderecha que termina apropiándose del espacio político de la centroderecha”.

Moldiz advierte que no puede haber reconciliación posible si ésta es sinónimo de “impunidad”. “Los propios medios, entre ellos Página Siete, informaban de nueve o diez los procesados o detenidos del gobierno de Añez. Durante el gobierno de facto había 1.500 personas;  es contundente, ni en gobiernos militares se encarceló a tanta gente”, afirma y descalifica a la Iglesia en su papel de mediadora, porque “ha perdido autoridad moral para pronunciarse sobre la política porque ha tomado una posición”.

Sin embargo, según un informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Oacnudh), la Fiscalía de Bolivia “inició procesos penales contra aproximadamente 150 exfuncionarios del gobierno de Morales en todos los niveles desde noviembre de 2019 hasta febrero de 2020”.

 

Las salidas

Para Gregorio Lanza, la UE y  Naciones Unidas deben seguir haciendo esfuerzos y también la oposición de manera más inteligente avanzar paso a paso en el diálogo. “La política no son declaraciones y campañas, es articular consensos paso a paso y eso todavía no terminan de entender los estrategas de los nuevos diputados y senadores”, advierte y destaca que “hay que buscar espacios de articulación con el Gobierno, sin aparecer que tú eres el que impone una política de pacificación”.

En la visión de Rafael Puente, no se percibe la existencia de caminos que hagan posible el reencuentro político. 

“Del Gobierno actual esperábamos una actitud de apertura y de conciliación, tanto más fácil cuanto que ganó las elecciones con un 55%, lo que garantiza estabilidad, y por tanto tranquilidad para el diálogo. Pero lo que hay es autoritarismo, descalificación de las otras tendencias, llegando al extremo de calificar de ‘golpista’ a la expresidenta, que como presidenta fue un fracaso, pero ése es otro tema, que no justifica que se encuentre presa y enjuiciada”.

Punto de vista

Fernando mayorgaDoctor en ciencia política
  “Se diversifican    los rivales del MAS”

Me preguntan acerca del “vaciamiento del centro” y la ausencia de “un camino al reencuentro”. Es una interrogante que parte del supuesto de que la coyuntura actual se caracteriza por la polarización y mi respuesta es que la polarización política se resolvió el 18 de octubre de 2020 con la contundente victoria del MAS y el debilitamiento de la oposición. 

La poderosa coalición antimasista –aquella que se articuló en el golpe de Estado de noviembre de 2019– actuó de manera dispersa y contradictoria durante el gobierno de Añez y en el proceso electoral de 2020. Esa dispersión se repitió en las elecciones subnacionales porque CC fue un convidado de piedra y Creemos se refugió en Santa Cruz. Las derrotas del MAS en las cuatro alcaldías más grandes y la segunda vuelta en cuatro gobernaciones -cualquiera sea su desenlace- no fortalecen al campo opositor porque no se formará  una coalición antigubernamental. 

El intento del comité cívico cruceño de articular un bloque en torno al clivaje democracia/dictadura con el argumento de luchar contra la “persecución política” fue un rotundo fracaso porque tres alcaldes opositores  no respondieron a esa convocatoria. En el caso de El Alto, con Eva Copa, y en el balotaje en tres gobernaciones, los protagonistas son actores disidentes del MAS que no formarán parte del bloque opositor de antaño. Por ese motivo no hay polarización puesto que, en el pasado, la política estaba marcada por la fractura entre “masismo” vs. “antimasismo”. Hoy, esa fractura no existe y lo que se percibe es una diversificación de rivales del MAS, con la emergencia de Jallalla y MTS que también forman parte del campo nacional-popular, mientras que el campo oligárquico-conservador no se limita a las fuerzas políticas y cívicas tradicionales y sus sectores radicales perdieron capacidad de convocatoria, precisamente porque no existe polarización política. 

En esas condiciones, el centro es un espacio al que avanzarán los actores estratégicos de cada campo para establecer acuerdos en torno a temas de interés común (salud y economía, como prioridades) porque saben que solamente un comportamiento centrípeto será beneficioso para sus propios planes. Y en torno a esa convergencia programática se gestará un camino para el reencuentro, entendido como la subordinación de los cálculos particulares al interés común. El desafío, para el MAS, es la recuperación de la capacidad hegemónica del proyecto de Estado Plurinacional;  para sus rivales, por izquierda y derecha, es formular propuestas alternativas de gestión de ese proyecto,  puesto que, por ahora, no hay una disputa entre diferentes proyectos de país. Y ése es, también, un elemento que incentiva tendencias centrípetas. El centro no necesita actores pero es necesario que los actores estratégicos avancen hacia el centro. 

 

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