El voto anticorreísta por Lasso frena la reconfiguración del socialismo del siglo XXI en la región

Analistas observan que el voto en favor del conservador Guillermo Lasso fue, en realidad, un voto “anti Correa”, pero el triunfo del presidente electo en el balotaje implica un freno a la consolidación de los gobiernos de izquierda en América Latina, aunque lo que suceda en Brasil y Perú puede llevar la balanza en uno u otro sentido.
domingo, 18 de abril de 2021 · 05:02

Fernando Chávez Virreira  Periodista

 

Como dice la popular frase: la tercera es la vencida. En su tercer intento por llegar a la presidencia de Ecuador, el candidato conservador Guillermo Lasso ha logrado derrotar 14 años de correísmo en la segunda vuelta electoral del pasado domingo, ganándole a su rival Andrés Arauz –pupilo de Rafael Correa– por un poco más de cinco puntos, un hecho que reconfigurará la correlación de fuerzas en la región, entre el llamado socialismo del siglo XXI y los gobiernos liberales-conservadores.

En un Ecuador también polarizado, el primer mensaje del ganador fue que “los ecuatorianos han optado por un nuevo rumbo, muy diferente al de los últimos 14 años”. “Este es un día histórico, un día en que todos los ecuatorianos han decidido su futuro, han expresado con su voto la necesidad de cambio”.

Pocos días después, en una entrevista con CNN, el político descartó que su gobierno se concentre en una persecución política. “No tengo una lista de personas que quiero ver en la cárcel”, dijo y remarcó que respetará la independencia de poderes.

¿Qué factores llevaron a Lasso a la victoria? ¿Se trata de un giro a la derecha de Ecuador o más bien de un voto anticorreísta? ¿Qué impacto tendrán las elecciones ecuatorianas en el contexto latinoamericano?

Los analistas coinciden en que fue clave el “cambio de discurso” de Lasso y la reorientación de su campaña para el balotaje; se mostró como un candidato cercano a grupos que había pasado por alto, como la comunidad gay y los jóvenes.  Giró a un discurso “social demócrata, del centro, un discurso tipo Joe Biden”.

Lasso llegó al balotaje luego de obtener un bajo 19,7% en las elecciones y venciendo al candidato indigenista Yaku Pérez por menos de un punto de diferencia. Arauz había cosechado un 33,2% en la primera vuelta. Su gestión no se anticipa fácil, ya que al no tener mayoría en el Parlamento deberá concertar acuerdos.

Según el analista Eduardo Gamarra, profesor de ciencias políticas en Florida International University, el voto expresó más un anticorreísmo. “En Ecuador había un descontento con todo lo que significó el correísmo, pero además Correa estaba convencido de que iba a ganar e iba a iniciar una época de revanchismo. Todo eso contribuyó al resultado. Sin embargo, 46% no es una cifra baja y no hay que olvidar que Arauz ganó la primera vuelta, por lo que el correísmo sigue siendo una fuerza muy importante y será una fuerza en el Parlamento”, estima.

“Curiosamente, Lasso aparece como un liderazgo moderado, un liderazgo con respeto a los LGBTI, con una agenda feminista, cosas que suenan maravillosas. Esa es la fórmula para salir de donde estamos hoy, pero no sé si el correísmo desde el Parlamento creerá en estos conceptos de unidad”, anticipa Gamarra.

Para María José Rodríguez, directora para Bolivia y Ecuador de la consultora Rodríguez-Baudoin, “fue un voto contra el correísmo porque las bases, que se suponía iban a votar por el correísmo, han votado por Lasso. Más que desencanto, es que apareció una tercera opción entre la derecha y el populismo de izquierda de Correa, con un discurso mucho más cercano a los jóvenes y a los valores de las mujeres, no apelando solamente a un voto identitario, solamente indígena, sino más amplio”.

“Apareció también Xavier Hervas, un empresario de tierras del norte, que curiosamente empezó a hacer política y le fue muy bien, salió cuarto. Y ese votante que había optado por él es el que votó por Lasso en la segunda vuelta. Eran votantes que no querían votar por el candidato de Correa, pero que no tenían otra opción”, agrega.

En la perspectiva de José Rafael Vilar, experto en análisis estratégico político, más que un giro a la derecha del electorado  es una ubicación de los votantes en una opción de centro, centroderecha, o derecha, distante del fenómeno Correa.

“La victoria en primera vuelta de Arauz, la amplia distancia de ésta con los resultados de Lasso y la ambigüedad que se arrastró durante largos días en quién era el segundo, pudieron dar la idea que Lasso estaba, por tercera vez, perdido. Pero un cambio de la estrategia de Lasso (la campaña del encuentro), la capacidad de captar el apoyo de sectores de centro e, incluso de izquierda, el haber logrado movilizar más de 200 mil votantes más que en la primera vuelta y el ‘apoyo’ que le dio Correa a Lasso al estorbar la campaña de Arauz, fueron decisivos”, explica.

“La imposibilidad legal de Correa de volver al país, menos aún de postularse, hizo que recayera la apuesta para el retorno del correísmo en Arauz, que fuera un ministro poco conocido en el último gobierno de Correa. Lo decisivo fue que Correa permanente y mediáticamente era la cara visible de la candidatura”, añade el politólogo.

 

El impacto en la región

Rodríguez sostiene que la pérdida de Ecuador “afecta muchísimo” a la izquierda regional, porque era la tercera base importante, por lo menos entre los países andinos, junto con Venezuela y Bolivia. 

“Las fuerzas del bolivarianismo, de la izquierda del s. XXI, o del Grupo de Puebla, intentaron rearmarse desde Argentina; luego con la ganancia de Bolivia estaban muy seguros de ganar Ecuador, que había sido una plaza correísta de muy larga data. Es una pelea de fuerzas regionales, no solamente en cada país. Están viendo si pueden tomar más instituciones como la CAF, resucitar la Unasur, por eso este proyecto tiene una visión regional y no solo nacional”, explica.

Según su análisis, el equilibrio regional se desbalancea al perder Ecuador, que era una ganancia importante para el Grupo de Puebla porque tradicionalmente había estado muy cercano a ellos. “Acá está la Flacso, la Ciespal, hay muchos elementos de generación de pensamiento que son importantes en Ecuador”, agrega.

Arauz,  de    Unión por la Esperanza (UNES).
Foto: AFP

Sin embargo, dice  que “aún son fuertes porque tienen México, parte de Centroamérica con Nicaragua, tienen Bolivia, Argentina y seguramente Brasil si Lula vuelve, que es un líder que sigue siendo importante y va a tener grandes chances de ser electo”. Y si es que Perú toma otra senda, “después de haber estado años en la centroderecha y haberle funcionado bien, será también complicado. El fujimorismo en Perú es muy fuerte”.

Según Gamarra, la llegada de Lasso al gobierno significa una “especie de alivio” para muchos que preveían una recomposición de la izquierda del socialismo del siglo XXI y particularmente porque hubo una notable injerencia de esa izquierda en el proceso electoral ecuatoriano; “en gran medida por la relación que tienen con Venezuela, por una parte, y por esa amistad que tienen con el MAS boliviano y con La Habana”.

“Para muchos, en la derecha latinoamericana, la victoria de Arauz consolidaba una tendencia preocupante, con lo que sucede en Argentina, con el hecho de que en Chile un alcalde comunista lidera las encuestas para las presidenciales; con el retorno de Lula y con el retorno del MAS, parecía recomponerse esa izquierda latinoamericana. Además, en Centroamérica el partido de Ortega lidera las encuestas para las elecciones de noviembre”, explica.

Gamarra resalta que hay que considerar estos aspectos “domésticos” de cada país que generan un resultado en toda la región.  “Lo que está sucediendo en Brasil, por ejemplo, podría generar otro tipo de resultado, entonces estaríamos hablando de la recomposición –otra vez– de la izquierda, con la posible victoria de Lula. O en el caso de Bolivia, el hecho de que el MAS haya ganado con el 55% y ahora perdió esta segunda vuelta, produce un balance interesante que no existía antes”.

Por su parte, Vilar advierte que “desaparecido el gobierno del PT en Brasil y con Lula muy disminuido, Cuba y Venezuela en crisis, el peso ‘guionista’ para la izquierda más cercana al socialismo del siglo XXI se traslada más al norte, con el nuevo Grupo de Puebla bajo la tutela del populista de izquierda López Obrador”.

Yaku Pérez,  líder del partido Pachakutik.
Foto:AFP

Según afirma, el retorno del MAS en octubre 2020 fue parte de un esquema del Grupo de Puebla para retornar a la hegemonía del socialismo en Latinoamérica. “Tras Bolivia, el esperado triunfo del correísmo en Ecuador y el tácito apoyo de Argentina servirían para potenciar al candidato ultraizquierdista en Perú y reforzar al madurismo, a la vez que a López Obrador para después dar el salto de reconquista de Brasil y, de soslayo, retornar al apadrinamiento del lulismo con los Castro”, explica Vilar.

Sin Ecuador, dice, con los magros resultados en Perú, con un MAS   incapaz de lograr la gran mayoría de las gobernaciones y ciudades principales, la debilidad del kirchnerismo en Argentina y Lula sin volverse opción real en Brasil, a pesar de los desaciertos de Bolsonaro, y un fuerte cuestionamiento a López Obrador por su manejo de la pandemia, “le da muy pocas oportunidades de alegría a la estrategia del Grupo de Puebla”.

Comparando  la situación con Bolivia, Gamarra sostiene que “el indigenismo en Ecuador no es ni remotamente cercano al indigenismo boliviano”, sino que es “mucho más disperso, no tan ideológico y obviamente mucho más pequeño”.

  Y, según  Vilar, en Bolivia, en 2020 y 2021 primó la dispersión, con la diferencia que en 2021 los triunfos de liderazgos regionales son, en su mayoría, de una nueva generación de políticos”.

 

“No se equivoquen, Ecuador no viró a la derecha”

Desde Quito, el periodista y político colombiano Gustavo Bolívar analizó los resultados del balotaje (en el sitio  cuartodehora.com) y sostuvo que “la derecha latinoamericana está celebrando el triunfo de Guillermo Lasso con una lectura distinta a la real”.

Bolívar, que llegó al senado colombiano en 2018 avalado por el Movimiento Alternativo Indígena y Social (MAIS), afirma que en primera vuelta los candidatos progresistas  obtuvieron un apabullante 67,2% de los votos: Andrés Arauz, (progresista) 32,2%, Guillermo Lasso, 19,7, Yaku Pérez (indigenista), 19,3,  y Xavier Hervas: (izquierda democrática), 15,68%.

Xavier  Hervas, el candidato de centroizquierda.
Foto:El Universo

“¿Cómo pueden pensar que Ecuador viró a la derecha si el candidato de derecha solo obtuvo el 19,74% de los votos? No, señores, no se equivoquen. Ecuador no viró a la derecha, fue la izquierda la que desdeñó un triunfo que tenía en las manos por las mismas divisiones de siempre y por su insuperable incapacidad de llegar a acuerdos en momentos decisivos”, dice Bolívar.

Según este político, los movimientos de izquierda se  dividieron por temas que podrían haberse tratado con seriedad para llegar a acuerdos susceptibles de plasmar en un programa madre que sirviera de hoja de ruta para gobernar en caso de que alguno de los tres hubiera ganado la presidencia.

“Comenzando porque la correlación de fuerzas en la Asamblea Nacional  es de cinco a uno en favor del correísmo. Lasso era un candidato tan débil que solo tendrá nueve congresistas mientras Correa tendrá 48. El nuevo presidente se verá en aprietos para lograr los 69 escaños necesarios para alcanzar una buena gobernabilidad”.

 “Sin entrar a analizar de fondo las otras razones que tuvieron estos tres candidatos para no unirse, no creo que hubiera entre ellos un motivo más poderoso que el de derrotar al neoliberalismo. Nada era más importante que impedir que la mermada derecha tomara un segundo aire, se empoderara y terminara derrotándolos. Pero pasó”, estima.

 Bolívar denuncia que “la injerencia de la derecha colombiana en las elecciones de este país fue atroz, grosera, canalla e inaceptable, parecida a la que hizo Álvaro Uribe en Florida para tratar de atajar la elección de Joe Biden en   Estados Unidos”.

 

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