La enseñanza del balotaje

Una oposición separada dispersa el voto y le cede la victoria al MAS; con un bloque único, el MAS es derrotable, sostiene este análisis.
domingo, 18 de abril de 2021 · 05:00

Willy Camacho
Escritor

Los resultados del balotaje para elegir gobernador en Chuquisaca, Tarija Pando y La Paz aparentemente sorprendieron a los dirigentes y la militancia masista, y creo que los militantes –como los fanáticos futboleros que asumen que su equipo es el mejor– honestamente confiaban en la victoria de sus cuatro candidatos, pero la cúpula no. Los estrategas del MAS sabían bien que al ir a segunda vuelta ya habían perdido el ejecutivo de esos gobiernos departamentales –aunque tal vez tenían una esperanza razonable en La Paz, donde sufrieron el revés más duro–.

Aunque Evo Morales se jactaba por anticipado de la victoria de su partido, él sabía que solo alardeaba. Evo y otros de la cúpula consideran que perder y aceptar la derrota es un signo de debilidad, por eso jamás aceptan un resultado adverso, lo camuflan discursivamente o de plano lo niegan.

Recuerdo una entrevista de Amalia Pando a Héctor Arce Zaconeta, cuando Revilla ganó su primera elección. Entonces, Pando le pidió a Arce que analizara los motivos por los cuales el MAS había perdió la alcaldía paceña, y el exministro, sin asomo de vergüenza respondió: “No hemos perdido la alcaldía, porque no era nuestra, era del MSM”, lo cual provocó la indignación de la periodista y se enfrascaron en una discusión sobre semántica, con lo que Arce logró su propósito, desviar la atención para no tener que admitir la derrota. 

Ya es de antología aquello del “empate técnico” que arguyó con ingenio matemático García Linera tras conocerse los resultados del referéndum del 21-F. Y la última sandez de estos políticos del siglo XXI es que no perdieron, pues “gobernarán desde las asambleas legislativas departamentales”.

Siguiendo a rajatabla ese guion predeterminado, era lógico el discurso triunfalista de sus cuatro candidatos y del jefe del partido, pese a que sabían que su suerte ya estaba echada. Y es llamativa la coincidencia que se da en las cuatro regiones, con resultados muy parecidos, pues se puede apreciar que, a nivel nacional, el MAS obtiene cerca del 44% de respaldo, mientras que alrededor del 56% prefiere otra opción.

Esto es más grave considerando que en tres de las cuatro regiones donde se realizó el balotaje, el MAS había obtenido la mayor votación de la primera vuelta. Vale decir que los votantes, ante la disyuntiva de elegir entre un candidato masista y otro de cualquier otro partido, prefieren al segundo. 

Y eso se observó con mayor crudeza en La Paz, donde, en primera vuelta, Franklin Flores había obtenido 39,7% frente al 25,18% de Santos Quispe, su inmediato perseguidor. Más de 15 puntos de diferencia, pero como Flores no logró rebasar la barrera del 40%, ni modo, se tuvo que proceder con el balotaje. Y ya sabemos cómo le fue, la situación se revirtió totalmente: Quispe obtuvo 55,23% y Flores 44,77%; es decir, Quispe ganó con algo más de 10 puntos.

Esta situación no es nueva, ya se presentó en las elecciones nacionales de 2019, cuando los estrategas masistas también estaban conscientes de que en una segunda vuelta no tendrían oportunidad, de ahí su desesperación (que probablemente derivó en acciones fraudulentas) por llegar al 10% de diferencia respecto a Comunidad Ciudadana. 

En este balotaje, si Flores llegaba al 40% en primera vuelta, se acababa todo, pero como ahora todos los ojos del mundo estaban fiscalizando, ocurrió lo que temían y sabían de antemano: en una pelea uno a uno, el MAS sale derrotado.

Ya antes planteé una hipótesis sobre la holgada victoria –inesperada incluso para el MAS– de Luis Arce: la campaña extorsiva. Un año antes, el candidato estrella, Evo Morales, se había estancado en un, hasta hoy dudoso, 47%, que es prácticamente el mismo porcentaje de los candidatos masistas en el balotaje. Pero Arce llegó al 55%, debido al escenario de inestabilidad que se abría ante una eventual derrota del MAS, pues en plena pandemia se habían encargado de hacer un cruel bloqueo de caminos, como para mostrar a la ciudadanía qué le esperaba si su candidato no llegaba al poder por las buenas (plata o plomo, diría alguien en Colombia).

Entonces, hay un voto duro y leal que apoya al MAS, más alto del que se creía, bordeando el 45%. El resto no apoya al partido albiazul, pero mucha gente de este porcentaje se siente intimidada por las constantes amenazas y tiende a ceder al chantaje. 

En las subnacionales, ese chantaje no cala hondo y el MAS cayó en la chabacanería de profundizar la grieta. Las alusiones al racismo, a la diferencia de clases y a temas afines son grotescas (lo del presidente Arce en Tarija ya colinda con lo ilegal). Varios intelectuales aliados o serviles apoyan esta maraña discursiva que pretende descubrir el fuego: Bolivia es racista (chocolate por la noticia, jóvenes). Es racista en todos los sectores (eso del “racismo inverso” es un dislate, el racismo es y punto; no hay inverso, ni derecho, ni izquierdo ni con dos volteos).

 Y sabemos que la polarización es fundamental para el MAS, pues la crisis permanente, el enfrentamiento entre ciudadanos, es el caldo de cultivo para sus planes de afincamiento en el poder. No importa si hay muertos (mejor incluso), ya que al MAS solo le interesa retener el poder a cualquier costo.

Con esa retórica que alienta el odio, pretende mantener ese 45% de respaldo, conformado por bolivianos y bolivianas que temen ser avasallados por la otra mitad, ya que eso les ha sido pregonado por la cúpula masista. Para convencer al resto, la presión, la amenaza, la discriminación son sus armas. Pues no digan que no hay discriminación en –por citar un solo ejemplo– la purga que se ha hecho y se sigue haciendo en las instituciones públicas, donde algunos dirigentes exigen que se eche a los “pititas”. En pocas palabras, o eres del partido o te vas a la calle. La libertad de pensamiento es menos que nada para el MAS.

Algunos políticos y analistas consideran que la población le ha dado un mensaje a la cúpula masitas con los resultados de este balotaje. Creo que no, no solo porque ningún mensaje le interesa a la cúpula (lo que declaró Quintana recientemente es claro: que las bases no se hagan ilusiones, pues no se va a retirar a los “mejores generales”, pese a que las bases exigen renovación en su partido; ni qué decir del 21-F, ese mensaje se los pasaron por el fondillo), sino porque de este episodio es la oposición la que debería extraer enseñanzas: separados, dispersan el voto y le ceden la victoria al MAS; con un bloque único, el MAS es derrotable. Se comprobó en cancha, ya no es solo teoría.

 

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