Sobre el derecho y la buena fe

¿Cómo construir país sin confiar en nosotros?

¿Qué credibilidad pueden tener los políticos cuando no pueden sostener acuerdos asumidos de manera libre y pública?, cuestiona la autora.
domingo, 4 de abril de 2021 · 05:00

Bernarda Flores Ivanovic
Abogada, orgullosa descendiente croata y ciudadana boliviana

En el marco del debate sobre la existencia de un golpe de Estado como posición antagónica a la transición democrática, más allá de todos los argumentos jurídicos justificantes que pudieren haberse esgrimido, existen algunos que, por la trascendencia para la vida de nuestra comunidad, deben ser cuidadosamente observados, con ello me refiero al principio de la “buena fe”. 

Inicialmente, sirve enfocarse en algunos antecedentes fácticos que antecedieron y explican la transición gubernamental constitucional y que, sobre todo, tienen relación con la intervención en mesas de negociación y consenso, constituidas bajo el patrocinio de la Iglesia Católica y la Unión Europea con la concurrencia de los líderes políticos de representaciones parlamentarias, así como delegados políticos del partido MAS, que actuaron en tal representación y como delegados de los líderes gubernamentales renunciantes a sus cargos, Evo Morales y Álvaro García Linera.

Los llamados a concurrir a las mesas de negociación que debatieron, de inicio, las garantías prestadas a los gobernantes renunciantes Morales y García Linera y, posteriormente, trataron la facilitación de la transición constitucional, concurrieron en calidad de negociadores, a tiempo de asumir decisiones y pactar acuerdos que los involucraban, no personalmente, sino en su calidad de gestores partidarios y representantes políticos, cuyas vocerías estaban ligadas a la posibilidad de asumir compromisos con evidente influencia en el mundo jurídico.

Tan es así que, fruto de la intervención en tales mesas de negociación, se posibilitó, no sólo la salida del país de los señores Morales y García Linera, sino lo que es más importante aún, con fundamento en los pronunciamientos del Tribunal Constitucional, se viabilizó subsanar el vacío de poder, garantizando la asunción de una serie de medidas gubernamentales, tendientes a pacificar un clima evidentemente convulso.

Los acuerdos arribados en tal mesa de negociación, evidentemente, tienen un impacto en la generación de vínculos jurídicos, respecto de todos los asistentes a esos procesos, pero sobre todo, respecto de aquellos que asumieron tales acuerdos, de tal suerte que, al día de hoy, no pueden venir ellos, ni ninguno de sus representados, a emitir argumentaciones en contrario, bajo ningún fundamento, so pena de violentar el principio de la “buena fe”.

Este principio constituye uno de los paradigmas con mayor tradición en la doctrina del derecho, extendiéndose no sólo al ámbito negocial contractual, sino impregnando cualquier manifestación de voluntad, expresa o tácita, generadora de efectos jurídicos, como es el caso de los acuerdos arribados en la mesa de negociación, que antecedió y explicó, la transición constitucional que derivó en la asunción del mando deJeanine Añez.

 Sobre este principio, el profesor Luis Diez-Picaso destaca que “…todas las personas, todos los miembros de una comunidad jurídica deben comportarse de buena fe en sus recíprocas relaciones. Lo que significa varias cosas: que deben adoptar un comportamiento leal en toda la fase previa a la constitución de tales relaciones (diligencia in contraendo); y que deben también comportarse lealmente en el desenvolvimiento de las relaciones jurídicas ya constituidas entre ellos. Este deber de comportarse según buena fe se proyecta a su vez en dos direcciones en que se diversifican todas las relaciones jurídicas: derechos y deberes. Los derechos deben ejercitarse de buena fe; las obligaciones tienen que cumplirse de buena fe”. 

Las actuaciones practicadas por los asistentes al proceso de negociación, están impregnadas por este principio que, les impone, no sólo la adopción de una conducta leal durante la negociación, sino que tal lealtad excede al tiempo de ocurrencia de la misma y se extiende también respecto de los efectos de ella, “derechos y obligaciones”-, de tal suerte que ninguna de las partes negociadoras, ni las personas que fueron representadas por ellas, pueden asumir hoy conductas o emitir criterios que vayan contra las decisiones anteriormente asumidas, sin violentar el principio de buena fe. 

La conducta contradictoria con este principio, expone una seria deficiencia de nuestra forma de relacionamiento y nuestro estilo de “hacer política” y asumir los acuerdos, demostrando así la debilidad de nuestra sociedad a la hora, no sólo de resolver los conflictos, sino sobre todo a tiempo de asumir acuerdos constructivos, largos y sostenibles en el tiempo.

Al día de hoy, la buena fe se halla en serio riesgo, suponiendo ello un mensaje adverso para la construcción de un país posible. Como boliviana, me pregunto, ¿Qué tipo de credibilidad tienen los representantes políticos y agentes partidarios, cuando no pueden sostener acuerdos que han sido asumidos de manera libre y, han sido públicamente expuestos? ¿Cuál es el grado de credibilidad que los ciudadanos bolivianos, pueden esperar de sus gobernantes, cuando no es posible mantener la palabra anticipada? ¿Cuál es la factibilidad que tenemos los ciudadanos bolivianos de dialogar y confiar, para generar mejores oportunidades para todos?

Evidentemente, una sociedad que no puede confiar en la expresión material de una posición emitida por agentes gubernamentales o representantes políticos está en seria crisis, pues no existe posibilidad de construir estabilidad sobre decisiones parciales y deleznables. 

La vida en sociedad  necesita de actuaciones razonables, maduras, responsables y, sobre todo, alineadas con el principio de la buena fe que permitan respetar lo acordado y que, sobre todo, entiendan y acepten las consecuencias derivadas de aquellos acuerdos logrados. Bolivia necesita especialmente del resguardo de este principio, por su presente, pero sobre todo en aras de construir un mejor horizonte de progreso para todos nosotros.

 

 

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