Estallido social

Colombia 2021: crisis y proyecciones

La desigualdad, una pandemia no controlada, el agotamiento del proceso de paz y la representación marcan el contexto del conflicto.
domingo, 16 de mayo de 2021 · 05:00

Gabriel Gaspar
Cientista político

 

Colombia es sacudida por masivas movilizaciones.  Su origen fue el rechazo a una reforma tributaria impulsada por el Gobierno. Las protestas no cesan y hace rato que el presidente Duque retiró el proyecto y que el ministro de Finanzas renunció.  Mas de una veintena de víctimas, ciudades semiparalizadas, corte de calles y caminos, carnavales pacíficos en el día, junto a graves incidentes en las noches, que incluyen asaltos a retenes policiales.  Denuncias de violencia policial y preocupación de la comunidad internacional.  Si la reforma tributaria fue la chispa, se impone evaluar por qué la pradera estaba tan seca.  Dada la cercanía de los hechos, solo podemos sugerir algunos factores que explicarían la actual crisis colombiana.

Cinco tesis sobre la crisis.

1. El fin de la guerra.

En septiembre del 2016 se firmaron los acuerdos entre el Gobierno del entonces presidente Santos y las FARC.  Se puso término al conflicto interno.  La implementación no fue fácil, el referéndum ratificatorio rechazó de acuerdos, y si bien se destrabó la aprobación, la implementación fue lenta y tortuosa. Terminaron los combates, las FARC dejaron las armas y se transformaron en partido.  El conflicto armado concluyó en lo fundamental. 

La paz impactó a la política.  Junto a la desmovilización de las FARC, también perdió fuerza el discurso que explicaba todos los males del país por la presencia guerrillera.  Es el discurso del expresidente Uribe, que gobernó el país a inicios de siglo y formó un partido: el Centro Democrático, que logró instalar al actual presidente Duque. 

La paz también generó fuertes expectativas:  para un sector, el fin de la guerra  propiciaría un salto al desarrollo; para otros, la paz implicaría el fin de la violencia y los abusos, la alegría ya venía.  En resumen,  el fin de la guerra abrió espacio para una reformulación de la política y estimuló diversas expectativas.

2. La persistencia de la violencia y la desigualdad.

Los acuerdos facilitaron la desmovilización del grueso de las tropas farianas.  En décadas de guerra, las FARC construyeron un verdadero Estado guerrillero en las zonas bajo su control, ubicadas en las regiones apartadas, montañosas y selváticas del territorio colombiano.  

Allí las FARC ejercían el gobierno, administraban justicia, cobraban impuestos, mantenían el orden.  Al desmovilizarse y concurrir a los lugares de concentración, esos territorios fueron ocupados por las disidencias que nunca se unieron al proceso de paz, como el Frente 1 del Guaviare, comandado por Gentil Duarte.  

Además, a las zonas vacías acudió el Ejercito de Liberación Nacional.  En los territorios que desocuparon los mas de 60 frentes de las FARC también se instalaron diversos grupos armados del  narcotráfico, buscando controlar fronteras y corredores para sacar la droga.  En otras palabras, se instalaron todos, menos el Estado. 

La violencia recrudeció por el control territorial.  Perdura hasta la fecha, inclusive varios de estos grupos operan fuera de las fronteras, en territorio venezolano y ecuatoriano,  donde se instalan corrompen, extorsionan  y establecen alianzas que les facilite su operación.  A ellos se sumó la disidencia encabezada por el negociador de paz, Iván Márquez, acompañado por el Paisa, jefe de las tropas especiales de las FARC, estos se realzaron y se identifican como FARC, Nueva Marquetalia.

Pero la violencia no fue el único factor que perduró.  También lo hizo la profunda desigualdad social que impera desde hace mucho en Colombia.  Según datos oficiales, el  2020 un 42,5% de la población colombiana se encontraba en condición de pobreza , un 6,8%  más que el 2019.  Es decir, 21,02 millones subsisten con menos de 331.668 pesos mensuales.

3. Pandemia no controlada.

Los colombianos padecen desde hace mas de un año de la pandemia.  Casi tres millones de contagiados y mas de 76 mil fallecidos junto  un bajo ritmo de vacunación, según el Minsal hay cerca de 5 millones de vacunados, 1,5 son con doble dosis.  A fines de abril las autoridades planeaban llegar a los 9 millones de vacunados hasta  mayo, lo que obviamente será difícil en el actual cuadro. La población está agotada de la cuarentena, perjudicada por la recesión, especialmente los trabajadores informales.  Un horizonte de pandemia interminable agobia a la población.  

4. Agotamiento temprano del proceso de paz.

Unos 12.000 guerrilleros y milicianos de las FARC se acogieron al proceso.  Pero éste empezó a ralentizar, los compromisos de apoyo a los excombatientes, regularización de tierras, y otros se cumplieron parcial y lentamente, y algunos no se cumplieron.  Al asumir el presidente Duque, la desafección se incrementó, con un fuerte cuestionamiento de las autoridades hacia los mecanismos de la justicia especial para la paz.  Lo peor fue la cantidad de asesinatos de dirigentes sociales y  de  derechos humanos desde el fin del conflicto.  Casi medio millar, agreguemos cerca de 200 excombatientes desmovilizados, la inmensa mayoría asesinados por sicarios, todo con una amplia impunidad. 

¿Fue un fracaso el proceso?  Es temprano para dar un juicio, pero es evidente que no todo lo que se pactó en las conversaciones en La Habana se cumplió.  Pero se cumplió lo fundamental: el fin de las acciones armadas, el desarme de la guerrilla y su transformación en partido político.. 

5. Recomposición de la representación política.

La Colombia del pos conflicto también impactó a la política.  El auge de la guerra a fin del siglo pasado posibilitó la emergencia de un   nuevo clivaje que reemplazo al tradicional liberal-conservador.  El uribismo se ubicó con fuerza vs el resto.  El fin de la guerra libró a la social democracia colombiana del freno que le creaban las FARC  y a su vez, fue dejando con poco proyecto al uribismo.  

El presidente Duque esta a poco más de un año de terminar, y se perfilan los presidenciables, donde destaca Gustavo Petro, exmilitante del izquierdista Polo Democrático, exalcalde de Bogotá.  Las encuestas le dan un 30% de apoyo y lo sigue con casi la mitad, el centrista ex gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo.  La derecha de Centro Democrático pierde terreno, y lo más probable es que eso se acentúe.  Las FARC han tenido un misérrimo resultado electoral.

A modo de conclusión.

Fue en este cuadro de frustraciones, expectativas no cumplidas, miedo y agobio ante la pandemia, en el cual el Gobierno intentó la reforma tributaria.  La reacción la conocemos por la prensa.

Las movilizaciones han agregado nuevos puntos a la agenda, imposibles de soslayar: la investigación de los muertos y heridos de estos días, la responsabilidad política e institucional de todo ello, un examen a fondo de la policía, principal responsable de las bajas según primeros informes.  Agreguemos que también hay heridos y fallecidos entre los uniformados.  

El Gobierno ha convocado a un largo cronograma de diálogo.  El Congreso cita al ministro de Defensa a dar explicaciones, los dirigentes sociales condicionan el dialogo al cese de la represión.  Los desordenes están provocando desabastecimiento, lo que agrava el drama de la pandemia. La economía obviamente sufrirá más. 

En suma, la crisis esta en pleno desarrollo, su curso es incierto y llama a la construcción rápida de una salida.  De lo contrario están dadas las condiciones para una profundización.  Al lado de una Venezuela en crisis hace años, con un mundo andino convulsionado y un Brasil donde la pandemia contagió todo.

 

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