Pandemia y percepciones

El año que nos robó la felicidad

El informe World Happiness Report analiza si los liderazgos femeninos incentivaron más el bienestar. ¿Los asíaticos gestionaron mejor la crisis? La salud mental sufrió un deterioro.
domingo, 2 de mayo de 2021 · 05:00

Jorge Patiño Sarcinelli
Matemático y escritor

 

Ya es un cliché decir que este año que pasó fue distinto de todos en el recuerdo. La pandemia lo ha echado todo a perder, de la economía al entretenimiento, de la seguridad a la felicidad. Esta amarga percepción general se ve ahora sustentada con datos y análisis en el reciente informe mundial sobre la felicidad, World Happiness Report 2021, centrado en el impacto negativo de la pandemia. Los lectores interesados pueden encontrarlo googleando “WHR+21.pdf”. A los que dudan si vale la pena leerlo, ofrezco este resumen fragmentario, por si les pica el interés.

El informe comienza con lo que son las evidencias más dramáticas: “La pandemia de la Covid-19 es la mayor crisis sanitaria del siglo” y su “peor efecto fueron los 2 millones de muertos”. (Un aumento en la mortandad mundial de casi 4%). Para quienes aun están vivos ha sido un año “con mayor inseguridad, ansiedad, perturbación de todos los aspectos de sus vidas, y para muchos con consecuencias para su salud mental y física”. Sin duda; todos lo hemos sentido.

La clave de los pocos éxitos pasa por la mujer

No hay país en el mundo que no haya tenido que enfrentar la pandemia sin un método establecido, a medida que ensayaban y aprendían entre aciertos y errores, con costos de vidas. El proceso continúa, pero ya se pueden extraer algunos elementos que explican los pocos éxitos; entre ellos: “confianza en las entidades públicas, menor desigualdad social, confianza ciudadana y que en la cabeza del gobierno estuviera una mujer”. 

Sobre este último aspecto, para los interesados en la calidad del liderazgo femenino, “los países que tuvieron una mujer como cabeza de gobierno han tendido a favorecer políticas cuyo principal objetivo era el bienestar” y esto explica en parte su mayor éxito contra la pandemia. Juzgue el lector si Jeanine Añez merece estar en esa lista de éxitos de femeninos. 

Este tal vez sea uno de los resultados más interesantes del estudio, pero hay que tener cuidado con la causalidad. No es solo que líderes mujeres han priorizado ciertas políticas de bienestar, sino que países que priorizan ciertos valores eligen líderes mujeres. Sobre esto hay todavía mucho que analizar y aprender, pero la conclusión es relevante al momento de caracterizar el liderazgo femenino.

 

La fuerza de los valores asiáticos y el buen saber

Los países asiáticos lo han hecho mejor que los de este lado del planeta; y han demostrado que “no había un dilema entre salud y economía: los países con más muertes son lo que han tenido mayor caída en su PIB”. Mientras que “la cultura más individualista de los países del Atlántico Norte, comparados con los de Asia-Pacífico, y la mayor flexibilidad de sus normas sociales ha contribuido a que haya un menor apoyo a la políticas públicas” (y por tanto más muertes). 

“El excesivo individualismo de esos países los ha hecho resistentes a las medidas sociales necesarias para combatir la pandemia”. La libertad de hacer lo que te da la gana y de elegir qué medidas obedecer tiene un costo colectivo significativo. Un ejemplo del dilema entre libertad y bien público.

Sin embargo, a la vista de lo que está sucediendo hoy en la India, el informe ha sido prematuro en sus conclusiones sobre el éxito asiático. Sobre la relevancia de los valores de una y otra región en la lucha contra la pandemia, todavía hay que esperar para sacar conclusiones. 

Por otro lado, “un menor conocimiento científico en la población de los países del Atlántico Norte ha impedido que entendieran los mecanismos de la pandemia y ha contribuido a su mayor credulidad ante la información falsa y al fracaso de medidas de control de la pandemia”. “Países con mejor desempeño educativo en ciencia cumplieron mejor las medidas adoptadas por sus gobiernos”. 

Aquí entran los negacionistas y todos los bulos que promueven remedios raros, como la hidroxicloroquina, el dióxido de cloro y la ivermectina. Solo un desconocimiento científico permite creer en la eficacia de estas drogas. De hecho, en ninguna parte del informe se menciona que ellas hayan en absoluto contribuido a controlar la pandemia en ninguna parte del mundo; lo que no mermará la fe de muchos en esos brebajes.

 
Dónde apretaron los zapatos

Como ya sospechábamos, el aislamiento social provocado por el confinamiento, principalmente en la primera etapa, ha hecho que “un deterioro en la salud mental haya sido una de las consecuencias de la pandemia”. “Este impacto fue mayor en grupos que ya sufrían problemas mentales en mayor proporción: mujeres, jóvenes y pobres”. Es decir, la pandemia, entre otros efectos nocivos, “ha exacerbado la desigualdad”.

Es interesante que el impacto haya sido mayor al comienzo del confinamiento. Después de un tiempo, las personas aprendieron a adaptarse a las nuevas condiciones y la tendencia se revirtió en gran medida. Somos animales de costumbres y nos adaptamos a casi todo.

 “Los mecanismos de transmisión del impacto en la salud mental parecen haber sido cuatro: ansiedad con la salud, situación financiera familiar, arreglos familiares durante el confinamiento, pérdida o restricción en actividades que producen satisfacción”. 

No conocemos bastante los mecanismos de la mente para entender cómo las angustia se traduce en deterioro mental, pero la evidencia es indiscutible: la pandemia ha afectado cuerpos y almas.

Debemos juzgar una sociedad por su capacidad de ofrecer a su población la posibilidad de tener vidas satisfactorias y duraderas. La pandemia ha puesto esta capacidad a prueba y pocos países han salido airosos. Gracias a estos informes entendemos mejor por qué.

Este informe sobre la felicidad mundial, que pudo haberse llamado más apropiadamente “sobre la infelicidad”, nos resume analíticamente lo que casi todos venimos sintiendo. La pandemia nos ha robado vidas queridas, libertad y satisfacciones, y ha puesto de cabeza la calidad de vida de casi toda el planeta, con un impacto desproporcionado en los que ya eran más afectados por las injusticias sociales.

 

 

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