Estadística

El censo nacional, una prioridad

Los datos de población y vivienda permiten conocer las metas aún no cubiertas, las ya alcanzadas y las brechas de la desigualdad.
domingo, 23 de mayo de 2021 · 05:00

René Pereira Morató
Sociólogo

 

Hubo un gran debate nacional sobre temas que hacen a la población boliviana, identidades, límites, distribución de recursos y escaños parlamentarios, en razón de la ocurrencia del Censo de Población y Vivienda (CNPV) del año 2012.

No obstante, esta participación de la ciudadanía, algo insólita en comparación a anteriores censos, quedó fuertemente contrastada por un Instituto Nacional de Estadística (INE) infranqueable como un muro, que siempre rehuyó el diálogo y la interacción, lo que permite afirmar que se trató de un censo autoritario, con una boleta censal vertical y poco o nada de transparencia.

 ¿Qué es el censo de población y vivienda?

Es un procedimiento estadístico que permite la enumeración exhaustiva de la población y las viviendas, con el objetivo de generar datos confiables acerca del tamaño, estructura, crecimiento, distribución de la población y de sus características económicas, sociales y territoriales, para la elaboración de planes de desarrollo nacional y local, así como para la formulación de programas y proyectos de desarrollo.

 

Su utilidad

La finalidad principal de un  CNPV es la planificación del desarrollo local y nacional, sectorial y territorial. Por lo tanto, los datos que arroja deben integrarse a la planificación del desarrollo. Los datos de población y vivienda permiten conocer las metas aún no cubiertas y las ya alcanzadas, así como los clivajes y las brechas de la desigualdad y la exclusión de nuestra injusta geografía nacional. 

El CNPV 2012, ha relacionado censo y distribución de recursos financieros. Es decir, que éstos son distribuidos en relación directa con el número de habitantes de cada municipio. No obstante, hay que recordar algo muy importante:  el anterior censo del año 2001, el factor distributivo municipal de recursos financieros estuvo mediatizado por el mapa de pobreza. Municipios por debajo de la franja de pobreza recibían más recursos. Reproducir esta buena práctica, ahorraría dos graves problemas ocurridos con el censo 2012: el acarreo obligatorio de los habitantes al lugar donde nacieron, con severas amenazas y el complejo problema de los límites municipales. ¡Hay que pensarlo!

Así mismo, aunque el censo es una operación eminentemente técnica, tiene fuertes connotaciones políticas, máxime cuando éste es ejecutado con mucha proximidad a las elecciones generales. Esta es otra advertencia para tomarla en cuenta en el próximo evento censal. El exitismo gubernamental necesita estar respaldado con datos, de ahí el alcance proselitista del evento.

Cartografía, una debilidad 

La cartografía fue principalmente elaborada desde el gabinete. La cartografía se realizó con imágenes satelitales y mapas de referencia digitales, en gran medida provenientes del anterior censo del año 2001, así como su complementación con el Google Earth. Es decir, no se realizó un trabajo de campo exhaustivo. Por lo tanto, la cartografía usada para el censo de 2012 fue obtenida, fundamentalmente, de fuentes secundarias. Como se sabe la actualización cartográfica consiste en un relevamiento de todas las viviendas, edificios, hogares y personas de todo el territorio nacional para determinar su cantidad y eso permite planificar cuántas boletas censales se debe responsabilizar a los empadronadores el día del operativo censal y el número de empadronadores necesarios que se requiere. Si la cartografía actualizada es de mala calidad, el censo será de mala calidad.

La cartografía incompleta impidió disponer del número adecuado de boletas

Esto se patentiza con lo que sucedió en la ciudad de Cobija, ya que las brigadas de empadronadores “encontraron” comunidades nuevas que no habían sido consignadas para el Censo de Población y Vivienda 2012. Faltaron de al menos 2.000 boletas censales. Otro caso similar sucedió en la provincia Muñecas del departamento de La Paz, específicamente en la comunidad de Ayata. El día 21 de noviembre, día del operativo censal, disponían tan sólo de 12 boletas censales, cuando la población estimada en ese municipio llegaba a 310 personas. 

En Caranavi se reportó que faltaban cerca de 2.000 boletas para cubrir censalmente a la población de ese municipio, esto porque al menos tres colonias pertenecientes a este Municipio no fueron actualizadas, por lo que su población no habría sido tomada en cuenta. 

En Mecapaca  faltaron muchas boletas censales, por lo que no se pudo empadronar a toda la población. Y en algunas comunidades, los empadronadores simplemente no llegaron.

 

Conflictos limítrofes

Las cartas de límites que entregó el Ministerio de Autonomías,  indica que de los 339 municipios que existen, 312  confrontan problemas de demarcación. No obstante, un censo de verdad debiera haber dispuesto de una cartografía oficial. Aunque esta no es una función que corresponde al INE, al menos se debiera haber realizado un esfuerzo institucional de lograr una coordinación entre las instituciones que elaboran y trabajan con documentos cartográficos, es decir, INE, Ministerio de Autonomías, Instituto Geográfico Militar, INRA, Viceministerio de Tierras y el Programa GeoBolivia, instalado en la Vicepresidencia del Estado Plurinacional. Esta es una tarea que la ley de Unidades Territoriales tendrá que resolver, elaborando una nueva cartografía oficial.

La razón fundamental de esta conflictividad reactivada por la realización del Censo de Población y Vivienda descansa en la ecuación censo-población-recursos.

En suma el censo fallido del 2012,  presentó una sub enumeración censal. Bolivia no tuvo los 10.059.856 bolivianos y los municipios tienen seguramente más población que dicen la estadísticas oficiales Por lo tanto, con estos datos, poco confiables, éstos pierden cada año los recursos financieros por coparticipación tributaria. ¡Aprendamos de los graves erores del pasado censo, por favor!

 

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