Poder y medios de comunicación

El embargo a El Nacional y la situación precaria de la prensa en Latinoamérica

La libertad de prensa enfrenta otra afrenta en el continente; el ataque a los medios es una constante de los regímenes del llamado socialismo del siglo XXI. Organismos de defensa de las libertades protestan; desde Venezuela califican la acción como un robo.
domingo, 23 de mayo de 2021 · 05:02

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

 

El reciente embargo del régimen venezolano al diario El Nacional ha profundizado los mecanismos de censura a los medios de comunicación, en medio de la actual situación de precariedad que hace que la libertad de expresión en el continente enfrente un período delicado.

“Éste es un nuevo capítulo, quizá uno de los más simbólicos, pero no es el primero y lastimosamente no será el último, de una actitud del chavismo contra los medios de comunicación independientes, o de alguna forma, opositores. Es una situación muy precaria y diría que la prensa en el continente está viviendo momentos muy delicados, diferentes a los de los años 80 y 90, que quizá fueron los años de mayor apogeo de la libertad de expresión en Bolivia y en el continente”, estima Lupe Cajías, periodista boliviana y defensora de los derechos humanos.

“En Bolivia hay un ahogamiento lento de la prensa, no con acciones perversas como sucede por ejemplo en Siria, o los asesinatos en México”, compara Cajías.

La justicia venezolana embargó el 14 de mayo la sede del diario El Nacional, crítico del gobierno de Nicolás Maduro, para cubrir los 13 millones de dólares que un tribunal le ordenó pagar al número dos del chavismo, Diosdado Cabello, en una demanda por difamación. Cabello tomó acciones legales en contra del medio tras la reproducción de un reportaje, en 2015, del periódico español ABC que lo vinculaba con narcotráfico.

La justicia venezolana, que es un brazo operativo del gobierno, considera que el político fue “víctima de un daño moral gravísimo”.

“Diosdado Cabello sabe que cualquier demanda contra un medio de comunicación va a ser favorable para ellos,  porque controlan todo el régimen de justicia;  entonces,  no dudan en tomar cualquier medio de comunicación. Cabello es una de las más feroces autoridades del Gobierno venezolano, tiene denuncias y acusaciones a nivel mundial. No es el mejor rostro del chavismo; intentó ser el heredero de Chávez, no lo consiguió y esto es una demostración de fuerza”, estima la periodista.

La acción del régimen de Maduro ha vuelto a encender las alarmas y ha provocado la reacción de voces en defensa de la democracia y el derecho a la información. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP)  calificó el hecho como un “embargo político”, y convocó a la comunidad internacional a tomar acciones. 

El presidente de la SIP, Jorge Canahuati, expresó que el “embargo político contra el diario El Nacional quedará en la historia de este siglo como uno de los más grandes atropellos contra la libertad de prensa en las Américas”.

El embajador de Estados Unidos para Venezuela, James Story, también repudió la acción. “La toma de las instalaciones de El Nacional no es contra un edificio o sus instalaciones, sino contra la libertad de prensa. Y sobre este acto violatorio cae toda la responsabilidad del régimen”, expresó James Story en Twitter. Y agregó que “no puede haber elecciones libres y justas en Venezuela sin libertad de expresión”.

Según Cajías, estas medidas marcan una tendencia que se relaciona “con la cara más perversa del llamado socialismo del siglo XXI, que considera que la libertad de expresión es parte del pensamiento liberal, que es el que consagra estas libertades democráticas”.

“Aunque la libertad de prensa está consagrada desde las primeras constituciones en el continente, ha sido permanentemente violentada pero sobre todo en estos últimos 20 años y el caso de Venezuela es uno de los peores”, afirma.

Pese a las muchas adversidades que enfrentan los medios en Venezuela, el gerente de El Nacional, Jorge Makriniotis, dijo que el diario seguirá informando y que confía en revertir el embargo.

Foto:AFP

En una entrevista con EFE, Makriniotis afirmó que “El Nacional va a seguir trabajando, la página web sigue. Nos están llevando un edificio, no la gente ni el recurso para trabajar”.

“A nosotros nos trataron de comprar, nos ofrecieron muchísimos millones de dólares, pero los principios y los valores no están a la venta. Nosotros vamos a seguir, vamos a recuperar el edificio tarde o temprano porque la justicia llega. ¿Qué vamos a hacer? Informar, porque la libertad de expresión es el arma que más teme la dictadura”, agregó. 

“El Nacional va a seguir, el edificio se va a recuperar, la dictadura se acaba, si no es hoy o no es mañana es en cinco, en 10, o en 15 o 20 años, pero se va a acabar y la democracia y la justicia llegarán”, señaló Makriniotis.

Según afirma Lupe Cajías, estas acciones también se dieron en el gobierno de Rafael Correa, con actitudes similares contra el periódico El Universal. En 2001, el exmandatario ecuatoriano demandó al periódico por “injurias calumniosas” tras un artículo de opinión escrito por Emilio Palacio, articulista y director de opinión del diario, en el que se analizaban los hechos de la revuelta policial   de 2010 en contra de las políticas de Correa. Un juez   falló a favor del querellante en contra del diario imponiendo el pago total de 40 millones de dólares como indemnización. En 2012, Correa anunció que “perdonaba” a  directivos y al editor de opinión, y que  no aceptaría la indemnización. 

En Argentina, la promulgación de la Ley de Medios, durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner la enfrentó con el diario El Clarín. Esa ley obligaba a la desinversión de los mayores grupos comunicacionales del país, a cambio de una mayor democratización en la propiedad de los mismos.

En Nicaragua, las amenazas a los medios son una constante. Esta semana la publicación El Confidencial fue víctima de otra arremetida del régimen de Daniel Ortega. El medio denunció otro allanamiento ilegal de su estudio y el secuestro de uno de sus camarógrafos. 

   “Podrán volver a robarse cámaras, computadoras y tomarse espacios físicos, pero no podrán callarnos. No lo consiguieron en 2018 y no lo harán ahora”, dijo el medio que dirige Carlos Chamorro en su cuenta de Twitter. 

“Ése ha sido también el rasgo de Evo Morales, que siempre consideró a los periodistas como sus principales enemigos”, dice Cajías.

 

Toma de medios

Agrega que una de las características de este formato del populismo chavista, del socialismo del siglo XXI, es que “se disfraza con una primera parte de mucha relación y agradecimiento a los medios. Aceptan participar en entrevistas, debates, en programas, todo lo que facilita un régimen democrático, y una vez en el poder una de sus primeras tareas es el ataque a los medios”.

“Utilizan formas como las amenazas sutiles, luego el amedrentamiento, las llamadas, los pedidos para que se cambie un reportero, o revelar una fuente; luego están los castigos económicos a través de la publicidad estatal, el asedio de las oficinas de impuestos y de control, y también a través de la compra de medios”, explica. 

Se trata, dice Cajías, de una actitud de “prepotencia, de estupidez, de tiranía”, que se expresa a través de estas acciones”. “Evo y su entorno tuvieron una actitud muy similar pero a la vez mucho más ‘inteligente’, porque no emplearon la censura directa, no apresaron a periodistas, no exiliaron, sino que socavaron la solvencia económica de medios de comunicación, que ya de hecho vivían y viven una crisis económica por las condiciones externas, de las nuevas tecnologías y ahora con una crisis que se profundiza con la pandemia”.

Según su análisis, estas acciones aíslan cada vez más al régimen de Maduro. “Sin una oposición coherente, siguen gobernando. Envían representantes a Bolivia, queriendo influir en nuestra política;  siguen teniendo una gran influencia en otros países, aunque el deterioro del país es demasiado grande. Venezuela no es un país creíble y confiable para tres cuartas partes del planeta”, dice Cajías. 

Enfatiza que en Venezuela hay una particularidad porque el rol de los medios tuvo mucha importancia en los años 40 y 50, en la recuperación de la democracia. “El Nacional cumplió un rol muy destacado. Sin embargo, también hay una incidencia negativa en varios medios de Venezuela por los monopolios y oligopolios de los años 70 y 80. Estos grupos dueños de medios, registrados en el libro Los jinetes del Apocalipsis, las personas que controlan radios, canales y otros medios. Algo que en Bolivia no sucedió hasta 1985, cuando se crean los canales privados”.

Sostiene que siempre hubo ese cuestionamiento a los medios, que reflejaban una sola versión del país, de Venezuela, “y no daban espacio a lo que estaba sucediendo en los barrios pobres que rodean Caracas, esta miseria que se vivía más allá de la opulencia producto de los petrodólares”.

“Cuando subió Chávez hubo un exceso de politización e ideologización en varios canales y periódicos; no tanto El Nacional, que tuvo una tendencia favorable a Chávez, o contemplativa, pero muchos medios fueron adversarios políticos de Chávez y posteriormente de Maduro, mientras que los otros defendían al régimen; no había espacio para los puntos intermedios”.

 

Es un robo

Para el politólogo venezolano Esteban Oria, el embargo del diario se trata de un robo. “La dictadura de Maduro cercena los derechos fundamentales, así que haciendo honor a su naturaleza criminal viola el derecho a la libertad de expresión de los venezolanos. Es lo que se desprende del embargo al diario El Nacional ejecutado por orden del TSJ ilegítimo. Ellos lo hacen conscientes del daño que causan;  de hecho, no les importa lo que piense la comunidad internacional”, escribió Oria en el portal del diario, que sigue activo.

“Esta decisión del TSJ de Maduro puede estar costándole a su imagen pública mucho más de lo que pueden soportar. Sin duda, con las vueltas al mundo que está dando la noticia del embargo, por no decir ‘robo’, de las instalaciones de El Nacional, a estas alturas la reputación del régimen está por el piso, pero con Diosdado todo es posible”, agregó.

En la misma línea Cajías dice que esta medida “es un tiro al pie, porque en vez de consolidar una figura, un liderazgo, una imagen de estadista, de gente que sabe, lo que nos queda son anécdotas y burlas, por la forma en la que se ignora la realidad de un país”.

Según el politólogo, Maduro está cerrando todos los espacios de libertad que tienen los venezolanos. “Embargar,  o, dicho en criollo, robar las instalaciones de El Nacional, tiene como objetivo convertir a Venezuela en una cárcel inexorable. Con esta medida,  lo que buscan es silenciar lo que queda de prensa;  ellos no quieren que el mundo sepa lo que pasa en Venezuela. Quieren ocultar sus crímenes y corrupción”, dice y agrega que el plan de Cabello es “apoderarse de la silla en Miraflores”.

 

El Nacional no es la primera víctima
Los ataques del chavismo a la prensa venezolana

El diario El Nacional fue fundado en 1943 por Henrique Otero Vizcarrondo y Miguel Otero Silva, quien, además de periodista, fue uno de los escritores de más prestigio en el país y cercano amigo de Gabriel García Márquez, según recuerda la agencia EFE.

El diario dejó de circular en edición impresa en diciembre de 2018 tras 75 años de historia, incluidas dos décadas de choque con los gobiernos de Hugo Chávez (1999-2013) y su sucesor, Nicolás Maduro.

De ser una empresa de 1.100 trabajadores con una amplia variedad de secciones y revistas, El Nacional se redujo a un centenar de empleados que trabajaban para la edición web.

Según un recuento histórico de Infobae, en 2013 el periódico enfrentó graves problemas, cuando el régimen creó una corporación que monopoliza la importación y venta de papel para prensa. Buscando sobrevivir, el rotativo recibió donaciones y préstamos de papel del Grupo de Diarios de América, que incluye a La Nación (Argentina), O Globo (Brasil) y El Mercurio (Chile), entre otros.

El Nacional, que llegó a tener 72 páginas en cinco cuerpos y varias revistas, había reducido sus ediciones a 16 páginas y limitado su circulación a cinco días a la semana. El tiraje bajó a unos 5.000 ejemplares diarios frente a los 250 mil que registró en 2014 los fines de semana.

Más de la mitad de los 134 periódicos que circulaban entonces en Venezuela dejaron de imprimirse, según la ONG Espacio Público, defensora de la libertad de prensa.

En 2017 salieron del aire 52 radios y ocho canales de televisión, entre ellos CNN en Español.

La última edición impresa del diario El Nacional circuló el viernes 14 de abril del 2018. La falta de papel, las presiones políticas y la devastación económica lo llevaron a esa situación.

En 2007, el fallecido expresidente Hugo Chávez amenazó con cerrar el canal Radio Caracas Televisión (RCTV).  “No habrá nueva concesión para ese canal golpista de televisión... ya está redactada la medida, así que vayan preparándose, apagando los equipos”, advirtió en aquella oportunidad.

El chavismo también presionó a los dueños de El Universal y Últimas Noticias para que vendan esos medios y para que los nuevos dueños cambien a una línea de apoyo al régimen. Lo propio sucedió con Globovisión, que ante las presiones y amenazas los propietarios tuvieron que venderlo y huir al exilio.

Según Infobae, los muy pocos medios privados que quedan en Venezuela  siguen sobreviviendo bajo a la amenaza de sanciones, multas e incluso de dejarlos fuera del aire como se hizo con RCTV, a través de la no renovación de las concesiones para el uso del espectro radioeléctrico que está bajo el control del Estado.

 

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