Guerra en la Franja de Gaza

El eterno conflicto palestino y sus rivalidades internas

Netanyahu sigue navegando en las aguas dejadas por Trump; la pérdida de interés de la comunidad internacional por el tema palestino juega un rol en todo el proceso, dice el autor.
domingo, 23 de mayo de 2021 · 05:00

Carlos Decker-Molina
 Periodista boliviano radicado en Suecia

 

Los bombardeos israelitas a la Franja de Gaza y los cohetes disparados desde rampas subterráneas construidas por Hamás son la repetición de anteriores conflictos que, de cuando en cuando, surgen en aquellos territorios.

Mi intención no es analizar las razones de este nuevo enfrentamiento, porque dentro de poco viviremos otra vez un enfrentamiento bélico similar. Las fuerzas contendientes parecieran estar de acuerdo en mantener la inestabilidad de la región. Es como si Hamás le hiciera un favor a Netanyahu y a la inversa, pues, a veces Netanyahu pareciera haciendo un favor a Hamás.  

Ya en 2008/2009 se llevó a cabo la operación bautizada como Plomo Fundido, antecedente de otro enfrentamiento en 2014, ¿qué resolvió? Nada. 

Esta vez aparece el “tema religioso” como el pretexto. Esa es la razón para que los enfrentamientos se hayan trasladado al interior de Israel. Ha habido choques entre judíos ortodoxos, ultras de derecha y la población árabe con ciudadanía israelí.

¿Por qué Netanyahu necesita de los islamistas de Hamás? 

El corresponsal del diario sueco Dagens Nyheter sostiene en un comentario: “Netanyahu bloquea sistemáticamente todo intento de derrocar a Hamás del poder de la Franja de Gaza. En el acuerdo con Qatar, el primer ministro israelita se aseguró la sobrevivencia económica de Hamas”. Para Nathan Shachar –el corresponsal– es central mantener la disputa interna entre el régimen de Gaza en manos de Hamás y el presidente de la Autoridad Palestina Mahmund Abbas en Cisjordania, viejo militante de Al Fatha y la OLP.

El gobierno civil de Cisjordania depende en muchos aspectos de la economía israelí. En tanto que en Gaza gobiernan los islamitas de Hamás, militantes antijudíos que responden a la estrategia islamita religiosa y bélica. No reconocen al estado judío. 

Los orígenes de Hamás están en la Hermandad Musulmana nacida en Egipto. Recibe ayuda de varias manos, entre ellas de Arabia Saudita y de Irán; con este último se produjo un distanciamiento debido a que Hamás apoyó a la oposición de Siria que intentó derrocar a Bashar al-Assad en tanto que Irán ayudó a Assad a mantenerse en el poder. 

Para Israel el conflicto actual vino como anillo al dedo porque Netanyahu estaba a punto de perder el poder. Es el cuarto intento de sacar a Netanyahu del gobierno a través de elecciones en las que la oposición no alcanza los votos suficientes, pero para  Netanyahu;el interés de quedarse en el poder es la forma de evitar unos juicios pendientes por malos manejos, trampas financieras y corrupción contra él y su mujer.

Las tensiones entre palestinos

Las divergencias entre Al Fatha y Hamás han dominado la política palestina desde 2006 cuando los islamitas salieron victoriosos en las elecciones parlamentarias de la Autoridad Palestina para el Consejo Legislativo Palestino, poniendo fin a la era de dominio de Al Fatha, el grupo más fuerte de la OLP. Al-Fatha y Hamás se enfrentaron en un conflicto armado breve. Desde entonces ha fracasado todo intento por formar un gobierno de unidad palestina. 

La dirección política palestina está dividida desde 2007 cuando el tema religioso fue ganando terreno al interior de Palestina era la forma de combatir la inmoralidad y la corrupción al interior de Al Fatha que es un movimiento laico, nacido al calor de la Guerra Fría. 

En los últimos 15 años ha habido intentos de reconciliación, sin embrago las desavenencias continúan. En el otoño del 2020, en pleno azote de la pandemia, acordaron celebrar nuevas elecciones, pero, a finales de abril han sido aplazadas indefinidamente por Mahmud Abas. El pretexto del gobierno de Cisjordania para suspender las elecciones fue la restricción del gobierno de Israel al voto de los residentes palestinos en Jerusalén; observadores más independientes dicen que el aplazamiento sine die es porque las encuestas daban como a perdedor a Mahmud Abbas, de Al Fatha, que no tiene solo un contendiente en Hamás sino dos más escindidos de su propio movimiento.

 

La mano de Trump

Trump cambió la estrategia de mantener un “cierto equilibro” en el tema judeo-palestino por una alianza incondicional con las fuerzas de la derecha encabezadas por Netanyahu. El reconocimiento de Jerusalén como capital del estado de Israel dejó sin efecto los acuerdos de 1948. La actitud del expresidente es un símbolo anti palestino, no solo porque éstos consideran la parte Este de la ciudad santa como la sede de su capital de un futuro estado soberano palestino, sino que se pasan por encima varias resoluciones de las ONU.

Netanyahu sigue navegando en las aguas dejadas por Trump, además la atomización política de Israel, la minimización del Partido Laborista y la pérdida de interés de la comunidad internacional por el tema palestino, juegan un rol en todo el proceso. La desunión de los palestinos, sin embargo, es la clave fundamental de una guerra de posiciones sin fin.

Hamás, por ejemplo, ha vinculado a su movimiento a la “protección de Jerusalén”, la lista de candidatos que iba a presentar en esta primavera tenía el lema apropiado: “Jerusalén es nuestro destino”. 

Los primeros cohetes de Hamás fueron disparados como muestra de solidaridad con los palestinos que protestaban contra la policía israelí que restringía el acceso a la Puerta de Damasco, una de las principales entradas a la Ciudad Vieja de Jerusalén, y un popular sitio de encuentro para los palestinos, especialmente después del Ramadán y la oración de la tarde.

Vuelve la sombra de Trump en este último conflicto, porque se sigue el libreto acordado con el yerno del expresidente, es decir desalojar a los palestinos del barrio de Sheikh Jarrah, alterando la demografía de ese suburbio de mayoría árabe y ahondando la inconexión territorial entre sitios poblados por palestinos/árabes para evitar la posibilidad de una continuación territorial done pueda funcionar un estado Palestino soberano.

 

Hamás no necesita ganar la guerra

Los islamitas de Hamás no necesitan de las elecciones para ganar su legitimidad y tampoco ganar la guerra, porque se han convertido en el rostro de la “resistencia a la ocupación”. No ayuda en nada el hecho de que la Autoridad Palestina de Cisjordania reanudara la cooperación con Israel en materia de seguridad a principios de años. No hay que olvidar que los gobiernos anteriores a Trump mantenían programas de ayuda a los palestinos que fueron suspendidos por el expresidente. 

Mahmud Abbas recibía ayuda financiera y soportes tanto en seguridad como en el mantenimiento de su burocracia. En instantes en que se escriben estas líneas se conoce la noticia de que el gobierno de Joe Biden ha decidió restaurar la ayuda económica a la Autoridad Palestina con 235 millones de dólares.

Esta política es interpretada por Hamás como “traición a los anhelos palestinos”, para Hamás sería mejor recibir ayuda de los países árabes, pero, no es fácil porque el mundo árabe no es una unidad política, ni económica y menos religiosa.

Este último conflicto reafirma el rol de Hamás no sólo en la Franja de Gaza, sino en Cisjordania y entre la diáspora, los consideran como los únicos defensores del asunto palestino. Hamás dispara su cohetería recibida por Irán y construida en sus propias plantas subterráneas, Israel responde con ataques aéreos y pone en funcionamiento su defensa antimisiles llamado “Cúpula de hierro”. Sin embargo, algunos cohetes de Hámas hacen blanco, nunca comparables con los bombardeos de la aviación israelita que incluso destruyó el edificio que alojaba a la prensa internacional. Israel suele anunciar sus bombardeos, lo que implica que existe la posibilidad de desalojar el edificio que en minutos será blanco de la aviación.

¿Quiénes son los beneficiados?

 Sin duda alguna Hamás y Netanyahu, los dos extremos del conflicto que se ayudan mutuamente para no perder vigencia. En el fondo no les interesa retornar a la mesa de negociones porque el conflicto ha perdido vigencia en las cancillerías internacionales. El gobierno de Biden ha reaccionado tarde, lo que significa que su estrategia no pasa por el Medio Oriente, está concentrando sus esfuerzos en China y quizá en Rusia, por eso las pequeñas dictaduras o gobiernos autoritarios gozan de buena salud. Además, el mundo árabe/persa ha comenzado a moverse en busca de acercamientos diplomáticos, les dejo algunos ejemplos:

 

Descongelamiento de relaciones

Israel-Emiratos Árabes Unidos. Una de las “ayudas” del exgobierno de EEUU fue patrocinar el acercamiento entre Abu Dhabi y Tel Aviv bajo el acuerdo llamado Abraham, que se firmó en septiembre del año pasado. Implica el reconocimiento de Israel como estado.

Siria-Arabia Saudí.  Como se sabe Arabia Saudí apoyó a la oposición en Siria tanto a la política como a la militar. La principal ayuda fue a dar a Jaish al-Islam es decir al “Ejército del Islam”. El jefe de la inteligencia Saudí Khalid  al-Humaidan visitó a Bashar al Assad en Damasco después de 9 años de relaciones congeladas. Assad necesita dinero para la reconstrucción.

Irán-Arabia Saudí. Las relaciones entre sunnitas y chiitas ha sido es y probablemente seguirá siendo la frontera que separa a los musulmanes. Arabia Saudí e Irán están enfrentadas en Yemen. Mientras los saudíes están con sus propias fuerzas los iraníes dan apoyo táctico y estratégico a las milicias Houthier (una minoría chiita). La guerra sigue en curso, pero Trump ya no está en el gobierno de EE UU, que garantizaba los negocios de armas. 

Con el acercamiento de Biden a Irán y el interés de retornar al acuerdo de controles de enriquecimiento de uranio suscrito por Obama, Arabia Saudí  no tiene dónde apoyarse por eso envió a Khalid al-Humaidan, jefe de la inteligencia saudí a entablar conversaciones con los ayatolas de Irán, quizá para terminar la guerra de Yemen.

Hay otros hechos, el retorno a las relaciones diplomáticas entre Qatar y los Emiratos árabes Unidos, el acercamiento entre Turquía y Arabia Saudí. Erdogan envió al presidente del Parlamento a pedir disculpas por su acusación de corrupción contra al poder judicial saudí, en ocasión del asesinato del periodista Jamal Khashoggi en territorio tuco. 

Algunos ministros de Erdogan han visitado al presidente de Egipto, Al-Sisi, para restablecer contactos. Recuérdese que Erdogan apoyaba a los Hermanos Musulmanes que ganaron las elecciones a través de Mohammen Mursi que fue derrocado por el golpe militar de Al-Sisi.

Puede que estos contactos no signifiquen mucho, pero son la señal de que el mundo musulmán quiere comenzar a caminar, abriendo su propio sendero. 

Al inquilino de la Casa Blanca, por el momento, no le interesa el Medio Oriente, porque el petróleo ha comenzado su retroceso, muy calmosamente, según los eco-ambientalistas, pero, cada vez hay más conciencia para defender el ecosistema, el medio ambiente y el clima.

 ¿Qué necesitan los palestinos? Una renovación total de su sistema político y de su estrategia. 

¿Qué necesitan los israelitas? Una renovación de su sistema político y adoptar una estrategia de fronteras que históricamente garantizan la existencia de países grande y chicos.

Ambos actores del drama palestino necesitan dejar los extremos maximalistas que intentan eliminarse y borrarse del mapa.

 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

4
4