Contra viento y marea

La caída del asaltante de los cielos

El propósito de Podemos y de Pablo Iglesias de “luchar y crear poder popular”, se vino abajo en cuestión de días, sostiene el autor.
domingo, 23 de mayo de 2021 · 05:00

Augusto Vera Riveros  
Abogado

“El cielo no se toma por consenso, sino por asalto”, fue la arenga con la que Pablo Iglesias, en un cónclave organizado en Vistalegre, revalidó la original expresión de Karl Marx con que éste se dirigió en una carta al doctor Ludwing Kugelmann el 12 de abril de 1871 y que, si así pudiésemos llamar, en una especie de analogía con el “patria o muerte” acuñada por su discípulo Ernesto Che Guevara, fue un símbolo retórico del comunismo y una exhortación a voltear el sistema, no de otra forma que no sea a través de la violencia que es el método al que la proterva doctrina ha acudido cada vez que en el mundo pretende imponerse. 

En 2014, el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid,  insatisfecho por la línea del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundaba Podemos,  un socialismo radical y de largo aliento; pero el “luchar, crear, poder popular” enarbolado con entusiasmo y que tanto daño le hiciera a España, se vino abajo en cuestión de días. 

Claro que para comprender de manera más precisa y profunda el porrazo político que finalmente sufrió Iglesias, que en el balance final del costo-beneficio para el Reino de España el resultado es que el precio para un ingenuo pueblo español fue muy alto frente al provecho que de esa aventurilla política obtuvo en unos pocos años. Es  lo que recientemente sucedió en España, confirmatorio de lo que ocurre en cualquier lugar del planeta cuando la ambición del poder tiene por objetivo final la violencia y el sometimiento a los más débiles: las cosas terminan como terminaron para Pablo Iglesias. 

Las forzadas alianzas que tienen su fundamento en la obsesión por el poder cuando carecen de coincidencias ideológicas, tarde o temprano desembocan en el rompimiento definitivo. El PSOE, de línea más moderada, no tuvo más remedio que -pugnas y cuotas de poder de por medio- hacer una sociedad inmoral con Podemos, a fin de garantizar el control del Estado; pero todos sabemos que antes, durante y después de esa “unidad” de los trabajadores, no había más que intereses sectarios de ambos, que si de algo adoleció fue de coincidencias programáticas. 

Los escándalos de la monarquía, las leyes de igualdad o la derogación de la reforma laboral, fueron algunos de los temas que distanciaron a Iglesias de Pedro Sánchez y que nunca pudieron conciliar. La aparente alianza no pudo sostenerse, y como la cuerda siempre se rompe por lo más delgado, tuvo que ser el líder de Podemos el que diera brazo a torcer y aprovechando las elecciones para la Comuna de Madrid, previa renuncia a su alto cargo en el gobierno, se lanzó a una candidatura regional, avisado de que podría irle mal, y no se equivocó porque el descontento que en España había de una gestión corrupta y vinculada al narcotráfico se tradujo en un desenlace fatídico en materia de resultados. Iglesias tocó fondo luego de una ilusión que duró unos años. 

La abstrusa dialéctica marxista de fuerzas materiales y relaciones sociales de producción, sostiene que no son las ideas las que hacen la tecnología y organización productiva, sino que la tecnología y organización que los hombres alcanzan producen las ideas.  Por eso es asombroso que los socialistas, desde Lenin y Stalin a Chávez y Maduro, con sus aliados y demás tontos útiles, se empeñen en porfiar el relato de una teorización que nunca funcionó. Creen que quien cuenta la historia como quiere, y no como fue, la hace “realidad”. 

Son expertos en controlar el mundo de las ideas porque, a pesar del dogma de su pensamiento totalitario, con sus malas ideas, tarde o temprano controlarán el poder político, como en España, como en parte de América Latina. Y así lograrán sostenerse por tiempos indeterminados, según el país donde se hagan del poder, hasta el colapso total que se produce progresivamente, inventando el cuento de hadas de una esplendorosa y angelical igualdad.

Pero es así; de miserables como Stalin, Kim Jong-un, Ortega o Maduro, está llena la historia criminal del comunismo. En consecuencia, esa doctrina no está liquidada en España, porque el escenario que todavía les ofrece una parte del mundo está a disposición de quienes todavía defienden en esa monarquía la mentira socialista. Aunque afortunadamente, con cada vez más esfuerzo, es todavía guarida y fuente de falsa legitimidad. Y es que el socialismo, no solo en España sino en el orbe, nos ha vendido el mantra de que es la panacea que pone fin a la desigualdad económica, cuando lo que hace es multiplicar a cifras escandalosas y de acuerdo al tamaño de la economía de cada estado, el gasto público, sin considerar el presupuesto ineludible, de la utilidad pública hasta desangrar sus reservas y dejar hambriento al pueblo. 

Por todo eso, es un sistema ineficiente, cuya irracionalidad lo condena al fracaso desde su mismo inicio, y no se trata de quién circunstancialmente (aunque el término tampoco parece adecuarse al criterio individual de perpetuarse en el poder que tienen sus líderes) se halle a cargo de su implementación. Simplemente es un sistema que atenta contra la naturaleza humana, que en los países en que se ha impuesto, ineluctablemente termina en dictaduras sangrientas, si tienen el infortunio de que se establezcan por muchos años.  

En contrapartida, el liberalismo -que en ciertos contextos políticos se ha vuelto un término luciferino- promueve la libertad individual y la mínima intervención del Estado en la economía. Por eso es que en el mundo no hay país socialista, en el riguroso concepto de la doctrina, que sea próspero; porque estatizan todo, porque no ofrecen seguridad jurídica al emprendedor o al inversionista, lo que ocasiona éxodos masivos de capitalistas que bien pudieran gastar su dinero en su propio país, llegando donde puedan ganar y hacer ganar a un Estado extraño al suyo. Aun así, hay quienes, a pesar de las rotundas pruebas de su fracaso, todavía siguen creyendo en las promesas del socialismo. 

“Cuando uno no es útil tiene que saber retirarse”, es tal vez el mejor razonamiento de  Iglesias en los últimos tiempos. Madrid, por vía democrática, echó del poder a Podemos. Parabienes para quienes se dieron cuenta de que Iglesias era como la peste que infecta y corrompe, crispa y odia, divide y destruye la economía privada. Iglesias, como todos los que adoptan el socialismo como fe, ha caído, porque predicaba una criminal estafa aprovechando su intelectualidad, suponemos de un aventajado académico, para manipular a las masas.

 

 

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