Análisis internacional

La promesa constitucional de Chile

Aunque la respuesta fue tibia, las preferencias ganadoras redibujan el mapa político: la derecha obtuvo apenas 37 de los 155 escaños.
domingo, 23 de mayo de 2021 · 05:00

Rodolfo Disi
Doctor en Gobierno de la Universidad de Texas en Austin Latinoamérica21

El pasado  fin de  semana, casi 6,5 millones de chilenos votaron en una elección sin precedentes en la historia del país. Además de elegir a los representantes locales y por primera vez a los gobernadores regionales, lo realmente relevante fue la elección de los representantes de la Convención Constitucional. Finalmente, la clase dirigente chilena cumplió la promesa asumida tras la ola de protestas que comenzaron en octubre de 2019 -en contra de las desigualdades, las políticas de mercado y la desconexión de la élite- de reemplazar la actual Constitución.

Los resultados de la última jornada electoral arrojan luces sobre el proceso constituyente chileno. El primer punto es que, si bien en el plebiscito del año pasado los chilenos demostraron estar bastante de acuerdo respecto a lo que no quieren, los resultados de las elecciones de último fin de semana demuestran que los chilenos están menos convencidos del “voto constituyente”.

Aunque en el plebiscito de octubre de 2020 la tasa de participación fue de 51%, la más alta desde 2009, la participación en la reciente elección volvió a bajar y fue de 43%, asemejándose más a las elecciones anteriores que al plebiscito y con sesgos de clase y quizás de edad en la participación electoral.

En el plebiscito, varios distritos de clase trabajadora habían estado muy presentes. La participación de la comuna popular de La Pintana, en Santiago, había aumentado a 52%, casi 15 puntos más respecto a las elecciones presidenciales de 2017. Sin embargo, en esta ocasión la participación de la misma comuna bajó a un 36%. Y los jóvenes que en aquella ocasión sorprendieron por su gran participación esta vez al parecer no repitieron. 

La opinión popular en el plebiscito fue categórica con un 78% a favor de proseguir con el proceso constituyente y un 79% a favor de hacerlo a través de una asamblea elegida expresamente para redactar una nueva Constitución. El voto del plebiscito, como señala el politólogo Juan Pablo Luna, fue un “voto destituyente” contra la clase dirigente y el modelo económico.

Sin embargo, la baja en la participación de la elección del fin de semana es decepcionante dada la cantidad de elecciones concurrentes y la exitosa campaña de vacunación contra la Covid-19. Gracias a la reducción de barreras para la participación de candidaturas independientes y la fragmentación de la centroizquierda partidaria hubo más alternativas de voto que nunca. Y medidas como la jornada electoral de dos días y el feriado irrenunciable tampoco fueron capaces de lograr superar la barrera psicológica del 50% del padrón electoral (aunque sin ellas, quizá la participación habría sido aún más baja). 

Los políticos -tradicionales y nuevos- por lo tanto, no fueron capaces de reencantar a la ciudadanía.

 

Un nuevo mapa político

Aunque la respuesta del electorado a participar fue tibia, las preferencias ganadoras redibujan el mapa político chileno de manera sorprendente. La crítica al modelo económico y la pésima evaluación del gobierno del presidente Sebastián Piñera explicarían la debacle de la derecha, que obtuvo apenas 37 de los 155 escaños de la Convención. 

Esto no le permitiría al sector tener poder de veto en la redacción de la Constitución, para lo cual era necesario obtener un tercio de los curules. También damnificada fue la exconcertación que, salvo el Partido Socialista, experimentó un marcado retroceso electoral. 

Los ganadores de la jornada sin lugar a duda son, por un lado, la alianza entre el Frente Amplio y el Partido Comunista, cuya apuesta de competir separada de la centro-izquierda le rindió frutos en la Convención y a nivel municipal. Y, por otro lado, las organizaciones independientes como la Lista del Pueblo superaron todas las expectativas, obteniendo 48 escaños. 

Muchos de estos liderazgos, como el de Giovanna Grandón (conocida popularmente como la Tía Pikachu), se formaron al alero de las protestas de 2019. El texto constitucional que resulte, por lo tanto, tiene definitivamente el potencial de ser distinto de la Constitución actual.

Hay otras características del experimento constitucional chileno que aportan a la novedad de los flamantes convencionales constituyentes. En particular, estos representantes se parecen más que nunca a sus representados en términos de género y de los pueblos originarios. Con el mecanismo de paridad, un 51% de la Convención estará conformado por mujeres, lo que contrasta con el 23% en la Cámara Baja del Congreso. El mecanismo, de hecho, reasignó más escaños a hombres, demostrando lo competitivas electoralmente que son las mujeres cuando aparecen en la papeleta en igualdad de condiciones. 

Por otra parte, fueron elegidos 17 representantes de los diez pueblos originarios reconocidos, un salto cualitativo en términos de representación. La candidata más votada de estos escaños fue la líder espiritual Francisca Linconao, quien ha sido una de los protagonistas del conflicto entre el Estado chileno y el pueblo mapuche en el sur del país.

Los ganadores de estas elecciones tienen desafíos complejos. Las autoridades locales deben mantener las relativamente buenas evaluaciones ciudadanas que han tenido desde las protestas de 2019 y durante la pandemia. 

Los gobernadores (algunos de los cuales serán elegidos en segunda vuelta en junio) tendrán que recoger las demandas de sus regiones con un diseño institucional que no les otorga mucha autonomía. 

Finalmente, los convencionales deberán hacerse cargo de las expectativas que los votantes posaron en ellos y renovar el compromiso político  con quienes no participaron de esta elección para generar un nuevo pacto social.

 

 

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