Voto

El balotaje y la democracia

Los presidentes electos bajo sistemas de una única vuelta tienden a recibir un mayor apoyo que los elegidos mediante balotaje.
domingo, 9 de mayo de 2021 · 05:00

José A. Velasco Castro
 Abogado, periodista y profesor universitario

El balotaje (del vocablo francés ballottage) o segunda vuelta es una creación constitucional derivada de la Asamblea Constituyente de 2007/2008, que hasta el momento no se aplicó en las cuatro elecciones presidenciales celebradas desde 2009, incluyendo los comicios truncos de 2019. 

Sin embargo, la notoriedad de este instituto jurídico electoral se acrecentó en las últimas elecciones subnacionales, cuando en segunda vuelta se eligieron a los gobernadores en cuatro departamentos. La vigencia política del balotaje en 2021, alcanzó también picos altos a partir de la experiencia ecuatoriana (victoria de Guillermo Lasso) y la próxima segunda vuelta en Perú a desarrollarse el 6 de junio.

De los regímenes presidencialistas  en Latinoamérica, 14 países  eligen a su presidente mediante un sistema que prevé la posibilidad de una segunda vuelta, o sea si ningún candidato obtiene una mayoría absoluta, o una mayoría relativa legalmente establecida, en la primera vuelta. 

Sólo cinco países de la región (México, Venezuela, Honduras, Panamá y Paraguay) continúan con el sistema de mayoría simple para la elección presidencial en única vuelta, que establece la elección del candidato que obtenga más votos. A este “club” se suma Estados Unidos con su peculiar sistema de los colegios electorales.

Recordemos que nuestro país, hasta las elecciones de 2005, se caracterizaba por elegir al presidente y vicepresidente en el  Congreso si es que ningún candidato lograba el 50% más uno de los votos, modelo que incluso en 1989 dio lugar a que el tercero fuese elegido presidente por los parlamentarios de entonces.

La adopción de la doble elección ha sido deliberadamente política, entonces, nos preguntamos: ¿qué consecuencias tiene el balotaje para una eventual elección presidencial o de gobernaciones?, ¿cuáles son las consecuencias sobre la competencia política, la legitimidad de las autoridades elegidas y la estabilidad de la democracia?

En el marco del presidencialismo que predomina en los Estados latinoamericanos, las elecciones captan todas las miradas de los electores y de los medios de comunicación. Cuando la elección presidencial coincide en el tiempo con la elección legislativa –como el caso boliviano– la primera tiende a eclipsar a la segunda; especialmente en países rotulados como “hiperpresidencialistas”, como Bolivia (a pesar de su modelo de descentralización autonómica).

En América Latina, desde los años 80 se sucedieron una serie de reformas institucionales para dotar de legitimidad y  gobernabilidad a los presidentes. Se aplicó la segunda vuelta para la elección presidencial, buscando que una mayoría absoluta de ciudadanos brindara su apoyo a uno de los dos candidatos en disputa y que el presidente electo trascendiera más allá de su base de apoyo exclusivamente “partidaria”.

El primer país latinoamericano en incorporar el balotaje a su elección presidencial fue Costa Rica, en 1949, y casualmente, la democracia costarricense es una de las más estables de la región. Entre 1979 (cuando Ecuador establece segunda vuelta) y 2009 (cuando nuestro país, Bolivia modificó su Constitución y pasó de una segunda vuelta en el Congreso a comicios mediante voto popular) al menos otros 11 países establecieron alguna variante de balotaje, que hoy es el más utilizado en el continente.

Por ejemplo, en el caso argentino, la Constitución establece una regla denominada “doble complemento”, o sea, un candidato puede resultar electo en primera vuelta si obtiene 45% de los votos, o bien si logra al menos 40%, más 10% de diferencia respecto del segundo, en este específico caso, Ecuador, Nicaragua y Bolivia optaron por este sistema argentino.

 Lo que se pretende, desde la ciencia política, es que los presidentes electos en segunda vuelta reciban los beneficios de un “plus voto”, impulsado por la tendencia de los votantes a bloquear el acceso al poder del candidato más rechazado. Así,  el sistema de doble vuelta consiste en la expresión de un voto “sincero” en la primera vuelta, en la que los ciudadanos manifiestan sus verdaderas preferencias, y posteriormente la emisión de ese “plus voto” en el balotaje, en el que los electores pueden bloquear al candidato con mayor rechazo. 

No obstante,  los presidentes electos bajo sistemas de una única vuelta tienden a recibir un mayor apoyo que los elegidos mediante balotaje, pues éstos reciben un respaldo escaso en la primera vuelta (hay más candidatos en competencia). A esto se añade que los regímenes resultantes del balotaje y que sobre todo fueron segundos originalmente, tienen un menor bloque legislativo propio, lo que dificulta su gobernabilidad y gestión.

Ahora nos preguntamos: ¿se ha fortalecido la legitimidad de los presidentes electos en aquellos países que han adoptado la segunda vuelta?  La respuesta no es fácil, pero, de acuerdo a datos comparados sobre estabilidad de regímenes presidencialistas se muestra que, de manera simultánea a la adopción de la segunda vuelta, una serie de crisis presidenciales en Latinoamérica han evidenciado fragilidad en distintos países, aun con respaldo popular mayoritario en una segunda vuelta. 

Sin embargo, la elección  en primera vuelta también puede con facilidad entronizar gobiernos con baja legitimidad, como fue en 2006, cuando Felipe Calderón fue electo presidente de México por el PAN con 35,91% de los votos, mientras que el segundo candidato más votado fue el actual presidente Andrés Manuel López Obrador, del PRD, con 35,29%, siendo esa mínima diferencia, la generadora de dudas, dilemas y hasta sospechas de fraude.

Otra de las principales críticas al sistema de mayoría simple a una sola vuelta, es que posibilita que el candidato ganador sea en realidad un “perdedor de Condorcet”, es decir un candidato que resultaría derrotado por los demás en elecciones de a pares. Por esa razón, una importante ventaja del sistema de doble vuelta sería sin duda, que permite deshacerse de candidatos impopulares, que tienen que competir mano a mano con otro candidato en la segunda vuelta. 

A través de un repaso de las crisis presidenciales de los últimos años, se puede concluir que el respaldo popular no blinda a los presidentes ante crisis como golpes militares o procesos legislativos de destitución, como el caso del impeachment a Dilma Rousseff en Brasil.

En relación con la mecánica de las organizaciones políticas, Maurice Duverger, hace más de 60 años, señaló que las elecciones a dos vueltas promueven un sistema multipartidista, que puede menoscabarse hasta ser fragmentario; mientras que los comicios a una sola vuelta, tienden a crear bipartidismo, que para la mayoría de politólogos, es preferible al multipartidismo.

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

46
48