Balotaje entre Castillo y Fujimori

Castillo gobernará un Perú profundamente dividido y se prevé una gestión incierta

El próximo presidente sufrirá las consecuencias de este ajustado proceso electoral que parece estar llevando a los peruanos a una mayor radicalización. El futuro político de Perú es incierto y según un analista sería falso decir que si Keiko Fujimori habría ganado el país tendría más tranquilidad.
domingo, 13 de junio de 2021 · 05:02

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

 

  PPedro Castillo se impuso finalmente en un ajustado recuento del  balotaje   en Perú con un 50,1% de los votos, frente a un 49,8% para Keiko Fujimori, que tildó de fraudulento el proceso electoral. Castillo deberá gobernar ahora  un país claramente polarizado y cuyo futuro en cuanto a las reformas y gobernabilidad es, en la visión de analistas, incierto y lleno de interrogantes. 

La candidata Fujimori, de Fuerza Popular denunció, sin pruebas, un fraude electoral y pidió la anulación de 200 mil votos favorables a Castillo, en lo que considera un “fraude en mesa”. 

En medio de se ambiente postelectoral tenso, un fiscal anticorrupción peruano pidió el jueves prisión preventiva para Fujimori por haberse reunido indebidamente con un testigo del caso Odebrecht. El fiscal pidió “que se revoque la comparecencia con restricciones (libertad condicional) y se dicte nuevamente prisión preventiva contra la acusada Keiko Fujimori Higuchi”.

El pasado jueves,   la Oficina Nacional de Procesos Electorales ingresó el 100% de actas de votación en su sistema y solo restaba por contabilizar un 0,705 % del total. Pero ese  porcentaje  que separa a Castillo de Fujimori (0,40%), es imposible  de  revertir.

El clima político en el vecino país está al rojo vivo.  “Es un panorama bastante complejo, sobre todo por lo apretado del resultado. Esta disputa está generando una polarización, con algunos eventos (aislados) de violencia, pero los ánimos están muy caldeados y en procesos donde los resultados son muy ajustados el sentimiento de revancha es mucho mayor”, considera el politólogo peruano Carlos Ugo Santander.

“Pedro Castillo sufrirá las consecuencias de este proceso que parece que cada vez más está llevándonos a una mayor radicalización, lo que es pernicioso para la democracia. Si no se bajan los ánimos,   y si Fujimori insiste en el fraude de mesa, una forma muy velada para cuestionar el proceso electoral, el fujimorismo muestra la que será su estrategia opositora, obstruir la política de gobierno de Castillo, o inviabilizar nominaciones de ministros. Es una situación bastante complicada e innecesaria”, considera el analista.

En la visión de Álvaro Zapatel, economista, analista y catedrático, el próximo presidente de Perú se enfrentará a un escenario de mucha fragmentación. “Si vemos el mapa de esta elección, se puede ver que el centro y el sur han votado consistentemente por Perú Libre, de Castillo, mientras que el oriente, la Amazonia y la costa centro-norte han votado por Fujimori. Hay una fragmentación social y de preferencias muy marcada;  el oriente y la costa están con Fujimori y los Andes centrales y del sur con Castillo”, explica.

Según un reporte de EFE Perú tiene “dos realidades paralelas”: la costa norte del Pacífico y Lima, por un lado, y el resto del territorio, por otro. Lima, el Callao y las regiones de La Libertad, Lambayeque, Tumbes y Piura, así como Ica, en menor medida, han votado ampliamente por Fujimori y sus propuestas de continuismo económico neoliberal.

Del otro lado está el interior, particularmente las regiones altoandinas del sur, con una altísima población de pueblos originarios, que fue devastada durante el terrorismo y que atesora ingentes recursos mineros y energéticos pero a las que el desarrollo económico dejó de lado. El voto por Castillo allí es abrumador: Puno (89%), Cuzco (82,9%), Apurímac (81%) y Ayacucho (81%).

Esa fragmentación que menciona Zapatel se trasladará también al Congreso. Perú Libre tiene 37 escaños, de 130;  Fuerza Popular, de Keiko Fujimori, tiene 24. Acción Popular,  16; Alianza para el Progreso, 15; Renovación Popular, 13; y otros cinco partidos minoritarios suman 25 escaños.

“Castillo no tiene una mayoría calificada y solvente suficiente para promulgar leyes y paquetes de reformas, lo que lo forzará a buscar consensos con partidos que no están tan a la izquierda”, dice el analista, y resalta que el “dueño” de la franquicia Perú Libre  es Vladimir Cerrón, un exgobernador de Junín que fue condenado por corrupción.

“Cerrón es el que mantiene la posición más dogmática vinculada al marxismo-leninismo y se rumora que hay un distanciamiento de Castillo con Cerrón, pero éste sigue manejando el partido y veta a los que no deberían estar alrededor de Castillo, que está aislado y hasta indefenso ante la maquinaria del partido que lo llevó a la Presidencia, pero que claramente juega a otra estrategia”, afirma.

Zapatel considera que si Castillo se aleja de la posición partidaria de Perú Libre, puede generar conflictos sociales en zonas andinas muy relevantes para la actividad minera. “Perú Libre está más interesado en mantener su agenda más recalcitrante”, sostiene.

Según este analista, el escenario de Perú Libre es complejo, tanto en la gestión política como desde el ámbito del manejo económico. “Quieren incrementar la actividad económica del Estado, incrementar impuestos y todo esto genera alertas”, advierte.

Pero, según Santander, el profesor Castillo es un político moderado, no es un actor “izquierdista radical” y tiene la disposición de articular una propuesta intermedia. 

“Si bien el plan de gobierno era radical, él tiene la posibilidad de articular una gran coalición, una alianza que podría darle gobernabilidad. Este acumulo de situaciones complicadas, desde el punto de vista social, económico y político, ha generado muchas tensiones que se han acumulado y que ahora se canalizan a través de procedimientos democráticos”, estima.

Todo dependerá, dice, de su habilidad como sindicalista para alcanzar ciertos fines, “aunque pueden presentarse situaciones en las que puede ser amenazado de ser destituido, situaciones propias de un país que no tiene muy claro lo que se quiere sobre todo en este panorama de falta de certeza”.

 

“Vacar” a un presidente

Según explicó el periodista boliviano Rafael Archondo en su blog, el Parlamento peruano se ha hecho famoso por “vacar”. “Este extraño verbo surge de la palabra vacancia. Consiste en que el Congreso declara vacante la Presidencia y reemplaza al jefe de Estado. Esta facultad ha convertido a Perú en el país más parlamentarizado de América Latina. Si bien Brasil, Honduras o Paraguay han visto caer presidentes por orden congresal (Dilma, Mel y Lugo), en Perú éste ya es un deporte nacional”.

El presidente, según la Constitución peruana, tiene el poder de disolver el Congreso si éste en dos oportunidades le niega la confianza al Gabinete. Pero, por otro lado, el Congreso puede destituir de sus funciones al presidente por incapacidad moral, un juicio político. Esto ya ocurrió con Pedro Pablo Kuczynski y, más recientemente, con Martín Vizcarra.

“El Congreso, si se le antoja, puede vacar a un presidente, puede presionar al Ejecutivo. El Congreso y la Presidencia van a estar en constante tensión en la que Castillo, o Perú Libre, pueden estar interesados en desarmar a las bancadas opositoras; se trata de una seguidilla de iniciativas que también vendrán del otro lado para hacer lo inverso”, explica Álvaro Zapatel.

“El presidente puede tener al Congreso a raya con la intención de promover sus reformas, sabiendo que si le niegan dos gabinetes podría cerrarlo, por lo que el futuro político de Perú es incierto; sería falso decir que si Fujimori ganara habría más tranquilidad. Si Keiko ganara, al día siguiente los congresistas opositores presentan una moción de vacancia por incapacidad moral porque ella enfrenta juicios ahora”, apunta.

¿Puede ser “vacado” Castillo? Basándose en los números, Archondo considera que sí.  La oposición de derecha, encabezada por Fujimori, puede sumar 64 congresistas, y Castillo podría lograr formar una mayoría frágil de 66, dependiendo de los acuerdos a los que pueda arribar.

Según Zapatel, el contexto que se viene en Perú en los próximos meses y años es lamentablemente “un estancamiento”. “Una de las pocas propuestas de Castillo que ha logrado posicionar es el cambio de la Constitución, un proceso que por lo menos llevará dos años”, asegura.

En el contexto político latinoamericano, Zapatel dice que “estamos sumergidos en un ajedrez político”. Con Castillo  presidente, ya no estamos hablando de la influencia de Venezuela, Argentina o México, sino de otro eje con Cuba, Rusia y China como actores.  “Eso condiciona cualquier posibilidad del Gobierno para plantear reformas porque dependerá mucho de ese nuevo eje de socios. Perú es una pera dulce por todo el potencial que tiene”.

 

¿Qué pasará en Perú?

Según un análisis de EFE, queda claro que Perú es un país dividido entre quienes defienden, con algunos ajustes, un modelo político y económico que no ha llegado a todos, y quienes exigen cambios profundos para solventar fisuras, no sólo económicas, mantenidas durante sus 200 años de vida republicana. Castillo, el ganador, enfrentará las exigencias de un cambio, moderado o profundo, en medio de la oposición de un gran sector de peruanos.

La socióloga Gelin Espinoza afirma que el voto para Castillo procede de “un grupo que se siente muy identificado con la imagen que tiene Pedro Castillo: la de un profesor indígena, claramente moreno, que habla como ellos; muchos de los electores se ven reflejados en él”.

Para el politólogo Sandro Venturo, Castillo deberá afrontar el gran desafío de lanzar un mensaje que se sobreponga a la división del país en dos. Primero porque es imprescindible que el país se reintegre, se calme, y segundo, porque el gran desafío de quien gobierne justamente tiene que ser atender las prioridades del país que demandan ambos grupos, uno que defiende el modelo y el otro que está a favor de los cambios.

Lo que viene en el corto plazo para el nuevo gobernante será dar prioridad a la atención de la pandemia de la Covid-19, que ha convertido a Perú en el país con la mayor tasa de fallecidos en el mundo, así como reactivar la economía familiar, no sólo la nacional.

Otras prioridades para el próximo gobernante serán la lucha contra la corrupción y  una profunda transformación de la salud y la  educación, cuyas inmensas carencias han sido desnudadas por la pandemia.

 

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