Historia

¿Fundación de Tupiza?

Tupiza, cuya preexistencia es anterior a la conquista española, no requirió ninguna fundación formal del régimen colonial español.
domingo, 6 de junio de 2021 · 05:00

Alberto Solares Gaite
 Tupiceño xoasp

Tupiza celebra desde hace algunos años su fundación, realizada, supuestamente, el 4 de Junio de 1574 por Luis de Fuentes y Vargas, aprovechando su paso hacia Tarija,  donde se dirigía con el propósito también de fundarla. Considero importante, por tanto, contradecir la realidad de esta “fundación”, mediante, primero, un relato histórico que cubre la presente nota y en una segunda entrega mediante consideraciones destinadas a despejar esta duda histórica que incorpora confusión sobre el origen y antigüedad de una de las ciudades importantes del sur boliviano. 

El relato histórico tiene como base la tradición y la historiografía sobre el inicio de la presencia española en la altiplanicie andina y valles contiguos a la cordillera andina; especialmente en la obra del conocido escritor y político boliviano, Gonzalo Romero Álvarez García: La Conquista de la Nueva Toledo y el Alzado de Charcas, La Paz, 1970.  

La “Nueva Toledo” fue escenario de la fundación de las principales ciudades del occidente de la actual Bolivia; motivada en el asiento colonizador posterior a la conquista y en la incesante búsqueda de oro y plata, con el aliciente del mítico “Dorado” pero también, en ese momento, con noticias sobre la riqueza del reino de Chili, situado en la costa del Mar del Sur.  

Habiéndose acabado, hacia el año 1535, el reparto de riquezas derivado de la conquista del Cuzco, la tardía llegada de Diego de Almagro, socio inicial de esta empresa, originó un conflicto entre los conquistadores;  especialmente entre los Pizarro y Almagro; habiendo los primeros convencido al segundo, sobre las grandes posibilidades de conquista de Chili, armándose para ello una expedición encabezada por mismo Almagro, la que cruzando el Desaguadero se internó en las tierras del Kollasuyo para buscar pasos cordilleranos que los ubicara en la ruta hacia Chili.

La historia relata las peripecias de esta expedición y su fracaso total, pero que tuvo el mérito de abrir rutas al sur de la meseta andina y constatar la existencia de un territorio articulado con la presencia de poblaciones importantes, como Paria, un centro de acopio de granos provenientes de los valles de Cochapampa y destinados al aprovisionamiento de la capital del Imperio.

Después de un primer fracaso para cruzar la cordillera, que enfrentó a los expedicionarios a la inmensidad del desierto (Tarapacá), demostró que esta ruta no era factible. Almagro se vio obligado a regresar a Paria, donde tuvo que rearmar la expedición y buscar información más precisa sobre los pasos de la cordillera; averiguando que esto era posible mucho más al sur. De esta forma la hueste expedicionaria renovó su marcha buscando esta ruta más directa hacia la costa del Mar del Sur.

Alrededor de unas 200 leguas hacia el sur y a medida que descendían de la altiplanicie, Almagro y su expedición comenzaron a sentir un evidente cambio del clima y de visual del territorio: vegetación, cursos de agua, sembradíos, quebradas y valles más profundos.  En este curso, la expedición arribó a un pintoresco valle, circundado por cerros rojos, con ríos flaqueados por sauces llorones y extensas chacras de maíz, así como un poblado importante, se trataba de una población pacífica, dedicada a la agricultura, a la crianza de caprinos y a la explotación de oro en los ríos cercanos. El lugar tenía una denominación que venía de tiempos inmemoriables: Tupiza.     

La expedición de Almagro permaneció en el “valle rojo” por muchos meses, en los que pudieron recoger información sobre las rutas del territorio, las riquezas de Chili, así como observar de primera mano la organización social, política y económica de una de las fronteras del Tahuantinsuyu, cuya misión era constituir un nexo territorial con Tucumán y Chile; así como un eslabón de vigilancia frente a las invasiones por parte de los chiriguanos, tribus belicosas del Chaco que representaban un peligro constante para la circulación por los caminos del Inca.

Entre las noticias recogidas en Tupiza, Almagro se enteró del arribo anterior del capitán español Diego de Rojas, enviado por Pizarro para un seguimiento de la expedición de Almagro, que por los avatares de la expedición se adelantó incluso en llegar a Tupiza. Este adelantado, aprovechó para hacer un reconocimiento del actual norte argentino, del Chaco y principalmente para buscar pasos cordilleranos hacia Chile; convirtiéndose quizá en el primer español que exploró estos territorios. Rojas antes del arribo de Almagro, partió hacia la costa para unirse a Pedro de Valdivia, conquistador de Chile.

La información recogida en Tupiza, le sirvió a Almagro para llegar a la convicción que la ruta obligada hacía Chile era la seguida por Rojas; así como otra circunstancia inesperada: la llegada a Tupiza de una comisión de Chili que traía el tributo para el Inca –una mísera cantidad de oro-–le sirvió también para darse cuenta de la falsedad de las grandes riquezas que suponían otra gran conquista. La llegada de los comisionados de Chili confirmaba además que esa era la ruta que se usaba para llegar hasta el Cuzco.  

La expedición de Almagro, lo relata ya la historia oficial, cruzó la cordillera mucho más al sur, teniendo antes que enfrentar a belicosas tribus de la región calchaquí. El grupo expedicionario llegó a la costa muy mermado, tuvo que construir chalupas y llegar, casi diezmados, a las costas peruanas que conectaban con las rutas hacia el Cuzco y la recién fundada Lima.  Todo esto explica, la enemistad que guardó Almagro, hasta su muerte, con los Pizarro; así como también la muerte del ya marqués Pizarro en Lima, asesinado en su propio palacio virreinal por los almagristas. 

La cita de estos hechos, cuya relación completa demandaría todo un texto de historia americana; sirven para confirmar por qué, en el ámbito posterior de la Audiencia de Charcas, se conoció a Paria y a Tupiza como las dos poblaciones “primadas” de la presencia española en el Alto Perú. Por tanto, esta es la base para afirmar que Tupiza, cuya preexistencia e importancia es anterior al descubrimiento y conquista española; no requirió ninguna fundación formal del régimen colonial español; menos una fundación de pasada, que mediante una desfiguración histórica se celebra cada 4 de junio.

 Me permito guardar, para una segunda nota, las consideraciones que revelan qué si bien se puede considerar a Tarija y Tupiza como ciudades hermanadas por la tradición y la historia; no tuvieron una consecutiva fundación derivada de la improvisación del mismo fundador.

 

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