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Conversaciones con Ruth Alipaz Cuqui

Las movilizaciones lideradas por las mujeres de las resistencias territoriales han logrado paralizar los megaproyectos extractivistas.
domingo, 18 de julio de 2021 · 05:00

José Luis Saavedra
Profesor de la UMSA

En el decurso de los últimos tres lustros asistimos en Bolivia a procesos societales muy interesantes y por ello mismo significativos, tanto en términos teóricos como también políticos. Por una parte, la decadencia irremisible de las organizaciones indígena originario campesinas, todas ellas subsumidas –clientelarmente– por el régimen masista. Por otra, la radicalización del modelo moderno colonial y extractivista propio del capitalismo dependiente y periférico.

Cuál ha sido la respuesta de los pueblos y comunidades indígenas frente a este proceso complejo y por tanto complicado. Ha habido y hay dos tipos de respuesta: Una, los pueblos de tierras altas, es decir los aymaras y quechuas, se han subordinado mansamente, por supuesto mediados por una compleja serie de prebendas, al gobierno; otra, los pueblos y comunidades de tierras bajas, es decir del Oriente, el Chaco y la Amazonia, se han articulado en una red muy interesante de resistencias territoriales.

Que los aymaras y quechuas se hayan subordinado al gobierno de turno no es novedad, hay un montón de antecedentes históricos que prueban lo que estamos afirmando, sin ir lejos, digamos al pacto de (supuesta) reciprocidad instaurado por el virrey Toledo, basta con nombrar el ominoso pacto militar campesino instaurado por el dictador Barrientos. De manera que no vale la pena abundar acerca de esta tendencia cuasi natural de subordinación al poder dominante.

En cambio, la historia de las luchas y resistencias de los pueblos y comunidades de tierras bajas es proverbial. Tanto en el contexto de la historia colonial y republicana, como en el más reciente, del denominado Estado Plurinacional, no ha dejado de haber marchas y movilizaciones. Más aún, frente a las opresivas y represivas arremetidas del extractivismo depredador y los consiguientes imperativos de la defensa del agua, el territorio y la vida.

Las luchas de resistencia territorial de los pueblos y comunidades de tierras bajas tienen, además, una característica extraordinariamente maravillosa, y es que están lideradas por mujeres valientes, quienes no sólo han logrado persistir y resistir en y con la defensa de los bienes comunes, como y principalmente la biodiversidad y el territorio, a pesar de las múltiples agresiones y violencias patriarcales prohijadas por el régimen masista en alianza con las empresas y corporaciones transnacionales.

Las movilizaciones lideradas por las mujeres dirigentes de las resistencias territoriales han logrado –prácticamente– paralizar los megaproyectos extractivistas tan afanosamente impulsados por el gobierno del expresidente Evo Morales. Estas victorias indígenas son pues supremamente importantes ya que, de hecho, el gobierno del MAS no ha podido construir las mega hidroeléctricas en el Bala Chepete, ni en Rositas; tampoco ha podido construir la carretera trans cocalera por el TIPNIS y, lo más importante, no ha podido ingresar a la reserva de Tariquia.

Importa por tanto resaltar el logro realmente histórico de las movilizaciones lideradas por las mujeres bravas y valerosas y que consiste, precisamente, en la superación de la fragmentación organizacional y tender hacia la articulación de las resistencias territoriales en una entidad mancomunada: la Coordinadora Nacional de Defensa de los Territorios Indígenas Originarios Campesinos y Áreas Protegidas de Bolivia (CONTIOCAP),  cuya coordinación general está, por ahora, a cargo de la líder indígena originaria de la nación uchupiamona: Ruth Alipaz Cuqui.

Es precisamente con Ruth Alipaz Cuqui, que, en el transcurso de los últimos tres años, hemos estado conversando pródigamente acerca de una serie de temáticas relacionadas con el devenir histórico, político y cultural de los pueblos y comunidades indígenas, con-centrándonos en las resistencias contra el extractivismo y la consecuente defensa del territorio y la vida. Hoy tenemos la grata satisfacción de poder comunicar al público lector la sistematización de tales conversas en un formato de libro impreso y cuyo título es precisamente el del presente artículo.

Conversar con la líder indígena Ruth Alipaz Cuqui ha sido y es, sin duda alguna, una experiencia en verdad fascinante, no sólo por su lucidez e insurgencia ética y política, sino también por su extraordinaria calidad humana. Más aún por su propia personalidad de ser una mujer realmente grandiosa y cuyas cualidades hoy se expresan –admirablemente– en el ejercicio del liderazgo indígena y el devenir victorioso de las movilizaciones sociales en y por la defensa de la Casa Grande.

Consiguientemente, elaborar el presente libro, que lo presentaremos en la próxima Feria Internacional del Libro de La Paz, más que un trabajo, ha sido una intensa experiencia de aprendizaje teórico, político y epistemológico, principalmente por ayudarnos a entender la centralidad de la contradicción, hoy por hoy fundamental, entre el capital y la vida, sin dejar de lado la explotación del trabajo por el capital, la racialización de las poblaciones indígenas u originarias, la dominación de género y la consiguiente violencia machista y patriarcal.

Para terminar, importa indicar cómo hemos trabajado el libro, primordialmente hemos sostenido una serie muy densa de conversaciones –que no entrevistas– con Ruth Alipaz Cuqui, con quien hemos estado pensando en conversación (como diría la maestra Rita Segato) durante los últimos tres años acerca de su devenir personal, organizacional y molecular. 

Esta opción metodológica y al mismo epistémica y –más todavía– ética tiene pues relación con la urgente necesidad de superar las tradicionales discursividades autoritarias, demasiado habituadas a hablar sobre los indígenas y no con ellos.

Nos interesa pues que la palabra de la hermana Ruth se irradie principalmente hacia las generaciones jóvenes, se superen los extractivismos depredadores y se fortalezcan las luchas por la defensa del agua, el territorio y la vida en toda su plenitud.

 

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