Brechas de desigualdad

El concepto vacío de educación

¿Qué es la educación? ¿Es solo la transmisión de información y la interactividad por el medio virtual? ¿Es prender una cámara y charlar?
domingo, 4 de julio de 2021 · 05:00

José Luis Durán
Analista social

 

Una vacuna no mejorará la educación. La crisis es visible, tan real a nuestras narices que la preocupación adicional acompañada de análisis de diversos sectores, parecen ser axiomas comunes en el medio más que una crisis como tal. Si nos ponemos en el optimismo obligatorio y forzado de las autoridades, diríamos que el proceso de vacunación será acelerado, que los objetivos propuestos se cumplirán, que la plataforma digital continuará ofreciendo las herramientas al gremio educativo para cumplir con la agenda y que pronto las clases semipresenciales retornarán como la solución más grande de nuestro sistema educativo.

Pero esto no pasará y como un analista socioeducativo escribía parafraseando a Monterroso: “Cuando despertó, la computadora seguía ahí. La Covid ha expuesto la era digital desvirtuándola de su factor masivo y democrático para mostrarla como en realidad es: una era con brechas sociales cuantitativas y que se amplían de manera cualitativa en aspectos educativos y culturales”. Por ende, la crisis actual de la educación nos obliga a retroceder a preguntas básicas que creemos conocer pero que se complejizan de acuerdo el contexto, como cuestionarnos una vez más ¿Qué es la educación? ¿Es solo la transmisión de información y la interactividad por el medio virtual? ¿Es prender una cámara y charlar? 

La realidad de la pandemia nos ha devuelto a este punto de partida. La propia idea y definición de educación, su contenido en sí, queda ya sin importancia frente a la valoración de la forma de transmisión: la educación telemática, como la bautizaron los analistas. El informe Covid-19 de la Cepal y Unesco expone que de los 1.200 millones de estudiantes a nivel mundial que dejaron de tener clases presenciales, 160 millones son de la región latinoamericana. El sistema enseñanza-aprendizaje ahora solo se remite a la transmisión de información y saberes por el medio digital, sin embargo, su realización cayó en picada por la fragilidad del sistema, la desigualdad social y la incapacidad de innovación.

En Bolivia es difícil no cuestionarse la situación de la educación ante los mensajes vacíos de las autoridades que solo se dirigen al cumplimiento de la agenda y el retorno (o no) a clases (¡virtuales!), pero no dicen nada más. El sistema educativo del país ya era frágil y poco menos que óptimo mucho antes de la pandemia. Ante la obligación de entrar en la educación virtual, se presentaron muchos más obstáculos como la dificultad de apropiación y resistencia de muchos profesores en el uso de los medios virtuales, la conectividad desigual y el escaso uso de la plataforma entregada por el Estado, lo que expone el fracaso de las capacitaciones realizadas al gremio educativo previamente.

Se intentó llevar otras soluciones que caen en el pecado de la “extensión”, como lo dice Paulo Freire, de entregar kuaas (laptops), de extender tecnología, sin realmente darle solución a los problemas reales. Pues, como en un análisis sobre la situación de la educación de la Fundación Para el Periodismo acertadamente se dijo, no se necesita tecnología sino equidad en la conectividad. 

El único país que, aun sufriendo bastante, de alguna manera pudo evitar la catástrofe de la calidad de educación fue Uruguay, por comenzar mucho antes un proceso de digitalización de su sistema pedagógico: el plan Ceibal. El resto de países tuvo un fracaso rotundo. 

Nuestro país, desde el año pasado intentó modernizar la educación, pero esto no resultó por el propio hecho de que entregados aparatos tecnológicos no se solucionará nada. Las brechas de desigualdad, además, obligaron a investigadores socioeducativos a retornar a los planteamientos de capital cultural y las teorías de la reproducción de Pierre Bourdieu (que ya se adelantó en el análisis de como la institución educativa mantiene las diferencias sociales).

Tampoco subvaloremos las alternativas para realizar prácticas pedagógicas que realizaron algunos profesores, en su intento de romper las brechas virtuales que son bastantes cerradas y limitan la interactividad y la sociabilización. La búsqueda de ambientes abiertos para evitar el contagio, o el  uso de herramientas digitales más allá de las plataformas con las que se pueden realizar actividades multimedia, fueron caminos que en un punto se intentaron plantear para el encuentro educativo.  

Pero no fueron suficientes. Esto afectó al carácter humano e integral que muchas instituciones educativas intentan defender y ratificar en sus prácticas y dinámicas, intentando mantener los valores de la remota Paideia que se reproducen en todos los sistemas educativos del mundo, incluyendo Latinoamérica. Mas nada parece estar funcionando, y ante la confirmación de la llegada de una cuarta ola de pandemia, la opción presencial queda apartada de los planes bajo el principio del cuidado de la salud y las vidas humanas. 

Por su parte, Unicef, también recomienda, como muchos estudios, la necesidad inmediata de apoyar al gremio académico y educativo “como trabajadores en primera línea”. Aunque el gobierno anunció en mayo  que se iniciaba una campaña masiva de vacunación a nivel nacional, los datos indican que el retorno a clase se realizará con la mitad de los maestros  sin ser vacunados. 

Existen aún muchos lugares en el área rural donde las dosis de la vacuna no han llegado y, por varias razones, entre ellas la desigualdad en conectividad y acceso a internes, autoridades del campo exigen que haya clases en la modalidad semipresencial. 

Es necesario dejar esa discusión y redirigir los análisis a los problemas reales de nuestra educación. ¿En qué afecta retornar o no a clases después de las vacaciones si la educación telemática continúa sin necesidad de tener la alternativa semipresencial, y mucho peor la presencial? ¿Cómo enmendar el fracaso de las capacitaciones y el uso digital? 

La educación en sí es un proceso complejo y muchas veces contradictorio por la misma naturaleza impredecible del ser humano. Procesos de interacción e intercambio de experiencias para desarrollarse en sociedad, no solo la simple transmisión de conocimiento (el acto pedagógico se ejerce más en los recreos que en las aulas). Por ahora, las autoridades y el gremio tienen la necesidad de cumplir con la agenda, sin embargo, la discusión necesita ser revalorizada  para crear un proyecto nacional y planes a largo plazo para relacionar de la mejor manera posible la realidad digital en la era de la desmedida información con la compleja realidad socio-económica-cultural de Bolivia; para buscar el acto pedagógico en sí. Y de esta manera, continuar defendiendo el derecho a la educación.

 

 

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