Conflicto en el Salar de Uyuni

Kachi Lodge y ¿la piromanía en el ADN de los bolivianos?

¿Por qué los bolivianos incendiamos y destruimos? Analistas consideran que la ausencia de Estado y un sentimiento de autodestrucción y negación de la realidad llevan a estas situaciones de violencia.
domingo, 1 de agosto de 2021 · 05:02

Fernando Chávez Virreira
 Periodista

 

Las imágenes de al menos cinco de los 11 domos del hotel Kachi Lodge destruidos y quemados en el Salar de Uyuni,  en una confusa situación por un supuesto conflicto territorial entre Oruro y Potosí,  corrieron por las redes sociales y medios, despertando la indignación de la comunidad nacional y mundial.

Paradójicamente, el hecho sucedió poco después de que la revista TIME incluyera al salar como uno de los 100 mejores lugares para visitar en 2021. 

“El Salar de Uyuni es quizás la maravilla geológica más conocida de Bolivia, gracias a su paisaje deslumbrantemente blanco. De diciembre a abril, el agua de lluvia cubre la superficie de sal, creando un efecto de espejo con el cielo azul profundo, fundiéndose en el horizonte lejano. Pisándole los talones a Kachi Lodge, que aparece en los mejores lugares del mundo 2019 de TIME, otro hotel de destino inaugurado recientemente cerca de las famosas salinas: Uyuni Lodge de Explora, una base minimalista cerca del volcán Tunupa y administrada en asociación con familias locales”, destaca la publicación turística.

El hotel era un emprendimiento, que ni siquiera había comenzado a operar, de capitales bolivianos, suizos y franceses, y prometía un turismo de lujo y ecológico “como la mejor manera de aumentar la conciencia de los viajeros sobre la conservación del medioambiente y, al mismo tiempo, brindar oportunidades sólidas de desarrollo económico a comunidades aisladas”.

Inmediatamente se conoció sobre la quema de los domos, las redes estallaron en críticas. El economista Gonzalo Chávez dijo que “quemamos una industria que podría generar 1.000 millones de dólares y empleo digno para millones. La industria de servicios de turismo junto a la gastronomía podría ser el camino para que Bolivia rompa con la maldición de los recursos naturales”.

Inmediatamente nace la pregunta: ¿por qué los bolivianos quemamos y destruimos? ¿Envidia? ¿Ausencia de Estado? ¿Inseguridad jurídica? ¿Instinto suicida? ¿Odio por un fanatismo ideológico? ¿Intereses mezquinos? 

El politólogo Santiago Terceros Pavisich, escribió: “Hoy quemaron el #KachiLodge. Una inversión privada que ponía a Bolivia como un destino turístico de clase mundial. Lo quemaron los mismos bolivianos que por su envidia no pueden ver prosperar a otro. La lógica de los loteadores que se roban hasta los sueños”.

La periodista Beatriz Cahuasa dijo que somos un país que autosabotea su desarrollo. “Queman tres domos en el salar de #Uyuni en enfrentamientos entre potosinos y orureños. Qué imagen atroz para el turismo”; mientras el periodista y presentador Carlos Valverde dijo que éste “es un mal conocido como bolivianada …hay un campo inmenso pero queremos estar donde está el otro…  ‘Qui cosa pues será?’” (Sic).

Marco Zelaya, también periodista, opina que “si no es para mi bolsillo, entonces que lo quemen... Ojalá hubiera muchísimos hoteles como el Kachi Lodge, que estén a la altura de la maravilla natural única que es el Salar. Las trancas de este país están en la cabeza…”.

Mientras, para la activista Gabriela Ichaso, “hay que ser muy envidioso, primitivo o estar muy en drogas para destruir lo que da trabajo y reparo en la belleza de tu tierra”; y para Antonella Moura,  experta en marketing, destruyeron un lugar que prometía una propuesta de incentivo al turismo: “¿Cómo podemos visionar el futuro esperanzador, si la consigna es destruir todo aquello que sea una puerta al desarrollo, innovación, inversión y emprendimiento?”.

¿Por qué se actúa así?

Según la publicación Violencia y conflicto en la historia de Bolivia, de Ricardo C. Asebey Claure y Roger L. Mamani Siñani, la violencia es un síntoma del agrietamiento estructural de las denominadas instituciones fundamentales (Gobierno, religión, economía, familia, justicia), agrietamiento que ocasiona desviaciones en los valores sociales de una comunidad, generando una serie de conflictos. Según estos autores, en la historia de Bolivia la violencia, en sus diferentes manifestaciones, ha sido continua desde la época prehispánica.

Para Agustín Echalar,  columnista y operador de turismo,   Bolivia es un país “más pacífico de lo que se cree”, pero el problema pasa por una ausencia total de Estado.

“Históricamente no hemos tenido situaciones tan atroces como por ejemplo Sendero Luminoso, como las FARC;  la dictadura de Banzer, al lado de la de Pinochet, ha sido muy reducida. No hemos sufrido las dimensiones de las persecuciones, de las muertes y de los desaparecidos como en Argentina, de Brasil o de Chile”, dice.

“Desde esa perspectiva, Bolivia no es un país aguerrido, pero es un país que no tiene Estado, o es tremendamente pequeño, lo ha sido siempre. Entonces, ese Estado que no existe deja ese espacio a formas que podrían ser vistas en otras partes del mundo como tribales, ya sean los caciques, los sindicatos, ciertos grupos de poder, los municipios, terminan cobrando mayor fuerza e importancia y pueden actuar de una manera menos coordinada y menos moderna”, opina. 

Según este analista, lo más vergonzoso que tiene Bolivia son los linchamientos. “El hecho de linchar a alguien que está robando, o que la gente cree que está robando; si vemos esa característica, lo que ha pasado en el Salar de Uyuni no deja de tener un parentesco con ese tipo de actitudes. Hay una no presencia de Estado y por la ignorancia y estos factores, se puede tener unas masas más activas; pensemos en lo que pasó en El Alto en 2003, en la caída de Sánchez de Lozada, también El Alto se manejaba con esa lógica, y el que no estaba de lado de quienes pensaban que hacían lo correcto, les tiraban las paredes de sus casas. El que no iba a bloquear corría el riesgo de que se metan en su casa”.

Además, agrega que la sociedad boliviana se caracteriza por un irrespeto a la norma y también a la propiedad privada, alentadas por esa “falta de Estado”.

Echalar sostiene que en este caso se han manifestado   niveles de envidia, una característica muy negativa de las personas, pero por otro lado surge cuando se ponen en evidencia las grandes diferencias. 

“Tenemos una ideología que pretende que lo más importante es la equidad, se piensa que si no hay equidad no hay justicia, eso puede tener validez. Yo pienso que no importa cuán rico sea uno, sino que los más pobres no sean tan pobres y tengan servicios y educación;  pero por ejemplo en esta situación, si hay una alojamiento que ocuparlo cuesta 2.000  dólares, eso puede ser visto como una agresión en una zona tan pobre”.

“No se puede quemar nada, aunque sea una choza, un palacio, ni siquiera la casa del peor criminal, pero es indudable que algunos proyectos de lujo en zonas tremendamente pobres están violentando ciertas dinámicas”, agrega. 

En su análisis, existen conflictos de territorialidad que posiblemente no son ni siquiera entre departamentos, pueden ser entre cantones que casualmente son de uno u otro departamento 

Y aconseja: “hay que tratar de poner paños fríos; esto que ha pasado es una barbaridad, pero a todos, empezando por los empresarios, no les interesa que se magnifique porque están interesados en seguir; y si no son ellos serán otros”.

 

“Somos muy complicados”

Según Carlos Gerl, psicólogo social, los bolivianos son  “muy difíciles de entender, muy folklóricos, bonachones, muy jodidos y muy complicados”.

“Me cuesta entender algunos comportamientos. Este caso concreto del salar es una aberración, es retrógrada, pero que sucede y se presenta en nuestra cotidianidad; no es algo aislado, quemaron los pumas, querían quemar Senkata, es algo recurrente en nuestra gente: el destruir”, opina. 

Según Gerl, es necesario hacer un profundo estudio psicosocial en el país para comprender estas situaciones.

“Se dice que el escorpión es el único animal que se suicida, se dice, es una leyenda, y nosotros tenemos ese comportamiento;  al hacer este tipo de atentados estamos atentando contra nosotros mismos, contra nuestra identidad, contra nuestro patrimonio, contra nuestros parques naturales. Imagino que esto se ha visto en el exterior, donde nos deben ver como fenómenos y como una especie digna de estudio”, opina el especialista.

“Viene esta artista mexicana a filmar unos episodios y la gente en El Alto se opone. A todo le encontramos el problema y no somos propositivos, buscamos más problemas que soluciones. Somos la psicología inversa, nos tienen que decir sí para actuar en no y viceversa”, ejemplifica. 

El psicólogo, que ha estudiado comportamientos en la fiesta del Gran Poder, sostiene que no se explica los muy altos niveles de consumo de alcohol de los bolivianos. “Tenemos ese espíritu del escorpión, amamos el fuego, creemos que con fuego lo resolvemos todo. Es un error a lo boliviano, solucionamos todo destruyendo, pero en el fondo gran parte de la gente no se acepta en su realidad. En el boliviano hay un sentimiento de autodestrucción muy fuerte”, afirma.

Gerl menciona también un pasaje de la historia y recuerda que estos conflictos vienen desde la Colonia. “Allá por el 1781, cuando ocurrió el cerco de Túpac Katari, quemaron todas las iglesias que estaban fuera de la ciudad española, San Francisco, la Plaza Alonso de Mendoza, San Pedro, todas las iglesias que estaban afuera del casco urbano fueron incendiadas por las hordas de Katari. Y estos acontecimientos se han repetido varias veces. De repente tenemos alteraciones en algún cromosoma que hace que el boliviano destruya. Hay que ir a la historia, siempre hubo incendios como protesta, como manifestación de disconformismo”, sostiene.

 

Punto de vista

Valeria dorado Especialista en turismo
 No hay respeto por la inversión privada

Sobre lo que sucedió en Kachi, creo que es importante tocar varios temas, el primero referente al tema de límites entre Oruro y Potosí. En abril ya clausuraron Kachi por no contar con el permiso de la autoridad competente, la vía más coherente hasta que defina a quién pertenece ese territorio y dónde debería solicitar permisos y además tributar. 

Aquí se manejan intereses de ambas gobernaciones. Sobre dónde gestionaron los permisos y bajo qué papeles de respaldo lo hicieron, deberán responder los socios de Kachi.

Este conflicto podría solucionarse por la vía legal, no de forma rápida, se entiende; pero siguiendo el procedimiento para definir a quién pertenece el territorio y demandar a la empresa privada registrarse y tributar donde corresponde. 

Pero bajo ninguna circunstancia la violencia se justifica. La crítica va a que no podemos responder de forma violenta ante cualquier conflicto porque está sentando un precedente muy grave: no hay respeto por la inversión privada. 

Y aquí salta otro tema, quienes cuestionan la propiedad y características del emprendimiento. Kachi tiene una combinación de capitales extranjeros y nacionales;  a mi parecer este tema no es del todo relevante porque de haber sido un emprendimiento comunitario o, digamos, uno de los hoteles de la red Tayka, la crítica sería la misma, no es correcto responder con violencia.

Cuestionan también que es un hotel que cobra más de  2.600 dólares por noche; lo que no se ponen a pensar es que era el primer y único emprendimiento en Bolivia en ofrecer una experiencia de lujo, que permitía atraer a un nicho de mercado que antes ni siquiera consideraba a Bolivia entre sus destinos.

Y aquí nos ponemos a pensar, ¿cuánto gasta un turista promedio al día en Bolivia? De 50 a 90 dólares, es un turismo mochilero que en divisas deja muy poco, a diferencia de un nicho de lujo que gasta mucho más. Sin dejar de lado que Kachi trabajaba con emprendimientos locales (proyecto Nativa de Sucre que era contratado exclusivamente para la alimentacion, también Gustu) y además empleaba a personas de Jirira en otros servicios de operación del hotel.

Esto desalentará futuras inversiones privadas;  claramente la seguridad es un aspecto clave para cualquier inversionista y es un tema que tendrá repercusiones en nuestra imagen país, lo que podría afectar la cantidad de visitas, que estaba empezando a recuperarse. No tengo la respuesta de por qué incendiaron el lugar, pero es importante que el Estado se pronuncie acerca de esta situación y busque a los responsables y los sancione como es debido.

 

 

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