Desarrollo sostenible en la Amazonia

Protección ambiental, un compromiso brasileño

El embajador de Brasil responde al artículo “Bolsonaro desmantela la política ambiental”, firmado por la politóloga Marianna Albuquerque.
domingo, 29 de agosto de 2021 · 05:00

Página Siete publicó en este espacio, en la edición del 22 de agosto corriente, un artículo firmado por la politóloga Marianna Albuquerque que critica la política ambiental brasileña, sobre la cual sería necesario precisar algunos datos. El texto, que reflexiona sobre tema de crucial importancia, no refleja con exactitud el historial de mi país en cuanto a la acción climática ni la ambición de nuestros compromisos recientes.

El artículo   ignora la intensa coordinación existente entre los ministerios de Medio Ambiente y de Relaciones Exteriores, los cuales confieren atención prioritaria a las políticas ambientales y, en especial, a la protección de la Amazonia. En su discurso de posesión, en abril de este año, el canciller Carlos Alberto França incluyó el medio ambiente entre los tres pilares de su gestión y enfatizó que “no se trata de negar los desafíos, que evidentemente persisten. El caso es que Brasil, en términos de desarrollo sostenible, está en la columna de soluciones”.

Es necesario, por lo tanto, subrayar que el gobierno brasileño acompaña con la debida atención las actualizaciones científicas sobre el cambio climático, así como está consciente de la gravedad de sus anunciadas consecuencias y de su protagonismo en el reto de mitigarlas. Justamente en razón de su sólido compromiso con el desarrollo sostenible, el país ha conquistado liderazgo en la agenda medioambiental. Nuestro historial es verdaderamente notable, una vez que, desde que fue anfitrión de la Rio 92, donde se adoptó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), y de la Rio +20, Brasil se ha mantenido plenamente comprometido con las negociaciones de los regímenes ambientales internacionales.

Es correcto decir que en muchos aspectos, como indica el texto del pasado día 22, Brasil se aleja de las tendencias mundiales. Estamos orgullosos de tener una combinación energética en la que más del 80% de nuestra electricidad proviene de fuentes renovables y del hecho de que todos los vehículos privados en Brasil pueden funcionar al 100% con etanol, un biocombustible limpio.

Asimismo, Brasil ha mantenido intactos el 60% de sus biomas nativos y el 84% de los aproximadamente 5 millones de Km² que constituyen la Amazonia brasileña, un área equivalente a cinco veces el territorio boliviano. Este trabajo de conservación del bioma tiene como base una de las leyes ambientales más avanzadas y estrictas del mundo, el Código Forestal Brasileño. El código logra el necesario equilibrio entre las consideraciones ambientales, sociales y económicas que responde a nuestras necesidades como país en desarrollo. Establece reservas legales que todo propietario particular debe proteger, cuya extensión varía de un bioma a otro.

En la Amazonia, el 80% del área de cada propiedad privada debe mantenerse con bosque u otra vegetación nativa. Esto significa que los agricultores brasileños están legalmente involucrados en la preservación del medioambiente. La divulgación de esos datos positivos no quiere decir que las preocupantes tasas de deforestación recientes, bien apuntadas en el texto publicado por Página Siete, son negadas por el gobierno de Brasil. En respuesta a los aumentos de la deforestación, se ha reactivado el Consejo Nacional de la Amazonia y lanzada la Operación Brasil Verde 2, la cual resultó en la incautación de 506.136 metros cúbicos (m³) de madera, 2.131 embarcaciones y 990 vehículos. Un total de 335 personas fueron detenidas y se gravaron R$ 3,35 mil millones en multas.

En la misma línea, el gobierno brasileño ha más que doblado los recursos y autorizado la contratación de 739 nuevos agentes de campo para el trabajo de fiscalización. Hoy más de 3.200 agentes y 6.000 brigadistas, además de aviones, helicópteros y camiones de combate al fuego, están movilizados para el enfrentamiento de incendios forestales.

Como resultado, ya se nota la reversión de las tendencias de aumento de la deforestación. En julio de 2021, la tasa de deforestación ha sido 9,7% menor que la del mismo mes del año pasado. Datos preliminares indican, en ese sentido, que la tasa anual ha reducido el 4,6% en comparación con los 12 meses anteriores.

Al contrario de lo afirmado en el artículo de la semana pasada, la Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) de Brasil es una de las más ambiciosas del mundo. Nos hemos comprometido a disminuir nuestras emisiones netas totales de gases de efecto invernadero en un 37% hasta 2025 y en un 43% en 2030, ambos en relación a los niveles de 2005. También hasta 2030, será eliminada la deforestación ilegal. Brasil ha establecido, igualmente, un objetivo indicativo a largo plazo de alcanzar la neutralidad climática, o sea emisiones netas nulas, en 2050. Y seguimos abiertos a posteriores revisiones que posibiliten estrategias de largo plazo aún más ambiciosas.

Estas metas e iniciativas, no obstante, tienen que tener presente que la región amazónica alberga a más de 20 millones de personas. De esa manera, las acciones de aplicación de la ley sobre el terreno deben combinarse con la provisión de alternativas de sustento para las personas que dependen del bosque. No podemos tener en cuenta únicamente el componente medioambiental del desarrollo sostenible. La sostenibilidad debe ser entendida como integración de la conservación del medio ambiente, del crecimiento económico y de la inclusión social.

Si bien la deforestación y el cambio climático son problemas urgentes y concretos, el artículo reproducido en Página Siete se asocia a una visión ingenua de mundo al tratar el viejo proteccionismo camuflado de ambientalismo como “narrativas de particular interés para la base de apoyo del presidente”.

Al aceptar la incumbencia que le cabe, Brasil no dejará de combatir la manipulación con fines comerciales y políticos de los discursos ambientales en contra de su competitivo agronegocio, el cual contribuye para alimentar el mundo de manera sustentable. Tampoco debe la cooperación internacional ser llamada de una mera narrativa adoptada por el gobierno.

Las responsabilidades comunes pero diferenciadas son un principio orientador de la larga y reconocida trayectoria brasileña de protección del medio ambiente y de la Amazonia.

Más allá de la retórica, el hecho es que aunque territorialmente grande, somos una economía con bajas emisiones de carbono, respondiendo por el 3% de las emisiones mundiales, de las cuales solamente una quinta parte adviene de deforestación ilegal. En realidad, los impactos observados en el bioma amazónico, a diferencia de lo afirmado en el artículo mencionado, son antes consecuencia que causa de los efectos del fenómeno global de cambio climático. El bosque ha sido más duramente afectado que otras regiones, por lo que es natural que su protección reciba atención especial y políticas de adaptación, incluso con fuentes de financiamiento externo. Brasil seguirá cumpliendo sus deberes, garantizando previsión presupuestaria y legislaciones adecuadas, y contando con la participación de la comunidad internacional en ese esfuerzo que nos une a todos. De hecho, según nuestra perspectiva, el involucramiento del sector privado y de otros actores políticos en la temática ambiental no resulta de un “vacío dejado por el gobierno federal”, como opinó la autora, sino que de un deseable y bienvenido entendimiento de que la protección ambiental es una misión conjunta.

El compromiso ambiental es un compromiso histórico de todos los brasileños, plasmado en nuestra constitución y en la propia identidad nacional. En nuestra visión, la naturaleza y el dinero no son antagónicas. Ellos coexisten en el desarrollo sostenible, en la bioeconomía, en el pago por servicios ambientales y caben ambos en el verde-amarillo de nuestra bandera.

 

Octávio Henrique Dias Garcia C.

Embajador de Brasil

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