¿Ahora sí, guerra civil?

«El MAS está listo para la guerra, con su ejército en alerta; mientras la campaña contra la oposición es insistente y continua», dice el autor.
domingo, 12 de septiembre de 2021 · 05:00

El concepto de “guerra” ha cambiado mucho en los últimos 80 años. Hasta la Segunda Guerra Mundial, estaba bien claro que se trataba de un enfrentamiento armado entre dos facciones de distintos países o dentro de un mismo territorio cuando se hablaba de una guerra civil o federal.

Luego, vino la “guerra fría”, que, en resumen, está asociada “específicamente a la lucha que entablaron los miembros del bloque capitalista (encabezados por Estados Unidos) y los integrantes del bloque comunista (con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como líder) tras la Segunda Guerra Mundial. La Guerra Fría, en este sentido, se inició en 1945 y se extendió hasta que la URSS se desmembró” (se suele decir que la caída del Muro de Berlín, en noviembre del 89, simboliza el fin de esta guerra sui generis).

Durante décadas, EEUU y la URSS se mostraron los colmillos sin llegar a morderse. No recurrieron a las armas, al menos no entre sí, pero sí emprendieron acciones de espionaje, campañas propagandísticas de desprestigio, presión económica u otros métodos alejados de los gatillos. La idea era imponerse sobre la otra potencia, liderar el mundo entero.

Pese a que no hubo enfrentamiento bélico, la humanidad vivió en vilo, pues se temía que en cualquier momento algún país “apretara el botón rojo”, es decir, lanzara el primer ataque nuclear y se desencadenara el fin del mundo. Una tercera guerra mundial estaba a la vuelta de le esquina, pero, afortunadamente, nunca llegó.

En Bolivia estamos viviendo un proceso similar –en pequeña escala, claro–, luego que los afanes prorroguistas de Evo Morales nos llevaran al descalabro. De hecho, durante las jornadas violentas de noviembre de 2019 pudimos ver –yo lo hice azorado– varios grupos de personas, marchando a guisa de pelotón, gritando amenazantes: “¡Ahora sí, guerra civil!”. Y eso me hizo pensar que estábamos al borde de un enfrentamiento armado y sangriento, y que una pequeña parte de la población ya se había estado preparando para esto desde hace un tiempo, de ahí que se dijera “ahora sí”, como si en el pasado algo los hubiera contenido.

Como sabemos, la cosa quedó ahí, pero el MAS, sobre todo la cúpula, insisten en la polarización y mantener el estado de alerta en sus grupos de choque. La amenaza de guerra civil sigue flotando, así por lo menos se infiere de la conformación de un “Estado Mayor del Pueblo”.

Vale decir que con términos militares se crea una organización supraestatal cuyo fin es defender al gobierno, como si el gobierno no contara con la policía y el ejército para mantener el orden hacer respetar la Constitución. Esto también indica que en los planes del MAS estaría volver a pisotear la Carta Magna, de modo que, obviamente, no podrían contar con la fuerza represiva legítima, y no les quedaría más que recurrir a sus grupos irregulares.

Están listos para la guerra, tienen su “ejército” en alerta; mientras tanto, la campaña contra la oposición es insistente y continua, cada vez más grande, con el fin de convencernos de una narrativa ridícula. Y gastan plata de todos en ese fin; un gasto absurdo, porque los masistas no necesitan ser convencidos, creen ciegamente lo que la cúpula dice (o quizá no creen, pero apoyan sin dudar); a los demás no nos van a convencer con ningún discurso ni show mediático.

Y precisamente eso es lo que quiere montar el Procurador –que, en realidad, no defiende los intereses del Estado, sino los de su partido y, especialmente, de su líder–, que anunció una revisión de las actas electorales de 2019 en El Alto –y seguramente en presencia de familiares de los caídos en Senkata– para contar voto por voto y así “confirmar que no hubo fraude”, según se aseguró.

Puro show, porque precisamente las denuncias de fraude apuntaban a manipulación de actas. Por ejemplo, había el caso de un recinto electoral donde varias actas estaban llenadas por la misma persona (hay análisis grafológico que lo confirma), es decir, que alguien del MAS llenó actas a gusto y placer para que su partido obtuviese una victoria aplastante en ese recinto.

Si recuentan esas actas, ¿qué confirman? Lo que quiere hacer el Procurador es legitimar el fraude, no pretende una investigación, no está en sus planes velar por los intereses del país; está al servicio de Evo Morales, y como tal, tiene que acatar sus órdenes.

Los insultos continuos a los opositores, la denigración, el hostigamiento… todo eso conforma una estrategia de guerra fría que solo le sirve al MAS. La ciudadanía quiere vivir en paz, mirar hacia adelante, pero Morales y sus siervos insisten en generar este ambiente violento, mantener a su gente atrincherada, lista para salir a amedrentar a quien se oponga al autoritarismo del líder.

Y en medio de esa estrategia, nada raro que surjan grupo como los Wila Lluch’us, que en un video viralizado amenazan con quemar la casa de Amparo Carvajal, cuyo “pecado” es pedir que se respeten los derechos humanos de la expresidenta Jeanine Añez. Rápidamente, Evo Morales salió a negar que este grupo sea parte del MAS y el ministro de Gobierno incluso negó su existencia.

Yo conozco a muchos estronguistas que nos son socios del club; que no tengan carnet de socio no los hace menos hinchas que yo. Lo mismo pasa en la política, hay masistas que no están inscritos en el partido, pero no por eso son menos fanáticos. Y claro, en una estrategia de guerra fría, conviene tener espías, contraespías, infiltrados, etcétera. Es ideal para el MAS tener grupos de choque que no sean oficialmente militantes, así, si se les pasa la mano, puede deslindar responsabilidades.

Estamos atravesando nuestra propia guerra fría, pero a diferencia de la que protagonizaron EEUU y la URSS, no hay dos bandos en apronte, solo el MAS tiene al país en estado de angustia, con sus huestes haciendo peligrar la convivencia pacífica. La guerra civil es una amenaza con la que pretenden acallar a la población que se opone a los abusos y pisoteo de la Constitución.

Evo la tiene clara: “O nos ganan o les ganamos”. La paz no es una opción para Morales.

 

Willy Camacho / Escritor

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