Coaliciones, crisis y pandemia, las facturas que debe pagar Alberto Fernández

Las coaliciones de gobierno sirven para ganar elecciones, pero después son difíciles para gobernar; hay incertidumbre sobre el futuro del Gobierno argentino, que enfrenta una grave crisis socioeconómica y es criticado por un manejo deficiente de la pandemia.
domingo, 19 de septiembre de 2021 · 05:05

“Algo no habremos hecho bien para que la gente no nos acompañe”. Esta frase del presidente argentino Alberto Fernández quizá pueda resumir el revés que sufrió el kirchnerismo hace una semana, en las PASO (Elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias) de Argentina, una previa a las elecciones legislativas de noviembre, en las que de repetirse estos resultados, el oficialismo perdería su mayoría en el Senado.

Según reportes de agencias informativas, las listas de precandidatos a diputados del oficialista Frente de Todos fueron las más votadas sólo en siete de las 24 jurisdicciones, frente a las 14 en las que ganó el opositor Juntos por el Cambio, del expresidente Mauricio Macri;  en tanto el Gobierno con sus propuestas para el Senado lideró en apenas  dos  de las ocho  provincias en juego.

La coalición de centro-derecha Juntos por el Cambio obtuvo 40% de los sufragios a nivel nacional y   sacó una ventaja de cinco puntos al oficialismo en la provincia de Buenos Aires, tradicional bastión peronista, mientras que la coalición gobernante Frente de Todos (peronismo de centro-izquierda) obtuvo menos de 31% de los votos a nivel nacional.

La derrota electoral sacudió al oficialismo y llevó a la renuncia de cinco ministros (Interior, Justicia, Ciencia, Ambiente y Cultura) considerados cercanos al círculo de la vicepresidenta Cristina Kirchner. También dimitieron otros altos funcionarios.

“Sabemos que tenemos cosas que corregir. Lo que hicimos mal, lo corregiremos; lo que no hicimos, lo haremos; los errores cometidos, no los volveremos a cometer, pero por favor no condenemos al país al retroceso”, dijo esta semana el Presidente.

Por su parte, el exmandatario Mauricio Macri afirmó que “éste es un claro mensaje de la Argentina que le dijo basta a la mentira y al desmanejo”.

“Mañana la Argentina vuelve a tener una sonrisa dibujada porque hay futuro. Estamos comenzando a ver el final del populismo en el país;  no queremos convivir más con un gobierno que nos mienta, que se vacuna primero, que nos encierra y están de fiesta. Tenemos una enorme responsabilidad de hoy ser un espacio que se ha consolidado en la adversidad y a pesar de haber perdido en 2019”, evaluó Macri.

La sorpresa en la elección la dio el candidato libertario Javier Milei, de Libertad Avanza, que obtuvo un 13,6% de los votos en la ciudad de Buenos Aires y que podría, según analistas, asegurarse para noviembre entre dos y cuatro diputados.

Explicaciones para la derrota

El analista político Diego Raus considera que la derrota que la gestión de Alberto Fernández pude encontrar sus causas en tres aspectos: la crisis económica y social que atraviesa Argentina, la mala gestión de la pandemia y, sobre todo, la propia organización verticalista de la coalición al frente del Gobierno.

Fue más que una derrota, dice Reus, porque una derrota a veces sucede cuando un partido se presenta a elecciones en un escenario previsible y se gana o se pierde, y otra cosa es cuando se pierde de manera impensada.

“Lo que pasó en Argentina es que el oficialismo (en términos de estructura política el kirchnerismo es el más importante)  tuvo una derrota inesperada por la cantidad de votos y sobre todo por la derrota en la provincia de Buenos Aires, que es el bastión del kirchnerismo, y donde armó las listas de una manera absolutamente centralizada. Fue una derrota muy fuerte por lo inesperada”, considera.

Reus identifica un problema estructural; la crisis económica y social. Dice que Argentina es un país que hace ya más de 10 años convive con un porcentaje de una población por debajo de la línea de pobreza, de entre el 30 y 42%. “Es una sociedad que históricamente no está acostumbrada a eso y cada vez más la gente caliza su bronca con estas elecciones”.

Por otro lado, y éste es un factor a tener en cuenta y no sólo en Argentina, está la pandemia. El problema es que sigue tratando como una cuestión solamente médica. “Hay una enfermedad,  traemos vacunas y con eso se piensa que la gente se tranquiliza. Llevamos un año y ocho meses de pandemia y ya se ha transformado en un estado de ánimo;  la gente está en crisis, no hay empleo, no le alcanza el dinero”, afirma.

En su análisis, la pandemia se transformó en un estado de ánimo,  ya que la gente lo utiliza para votar. “El Gobierno, como hacen todos los gobiernos, se confió mucho, si más o menos hay una buena vacunación el tema de la pandemia se contiene; pero no se está pensando en que la gente ya está cansada de algo de lo que nadie tiene la culpa”.

Pero el principal problema y eje de la gestión de Fernández, según Reus, tiene que ver con la estructura del Gobierno y, dentro de éste, el funcionamiento de una coalición. “Las coaliciones de gobierno sirven para ganar elecciones, pero después son difíciles para gobernar, porque en ese Gobierno conviven dos o tres sectores que se alían, pero cada uno empieza a tener sus ideas”, sostiene y agrega que en Argentina el problema es peor, ya que en 2019 no hubo una coalición de gobierno, sino que se formó una coalición de poder.

“Se repartió el poder entre el kirchnerismo de Cristina, que sabía que sola no podía ganar esa elección; con Alberto Fernández,  que no tenía una estructura política, pero que convocaba a un electorado más de centro. Le fue bien, pero después en el Gobierno ese reparto del poder y sobre todo en esta situación crítica, se hizo cada vez más tenso; las dos partes del poder político cada vez tensan más y en este último tiempo esa tensión al interior del Gobierno se hizo muy visible”, explica el analista.

Por el lado de la oposición, tuvo un logro importante, que fue sumar una serie de candidatos que permitieron de alguna manera recuperar uno de los partidos políticos más tradicionales del país, la Unión Cívica Radical y que había entrado en un colapso con la crisis de 2001 con De la Rúa.

“A partir de esos candidatos nuevos se nota que el voto radical dentro de Juntos por el Cambio fue muy importante. Esa recuperación de la UCR se va a potenciar porque es un espacio político muy tradicional y que junta muchos votos y ahora que se recuperó le aportará más a Juntos por el Cambio”, considera Raus.

Sobre el “fenómeno Milei”, el politólogo dice que se esperaba una buena elección para él en la ciudad de Buenos Aires.  “Su partido, en la provincia de Buenos Aires, con otro candidato obtuvo menos del 4%, por lo que queda claro que no es un partido, sino la figura de Milei. Fue votado principalmente por jóvenes, que son en gran parte primeros votantes;  recién fueron incluidos en el padrón electoral  y expresaron su conformidad con una figura disruptiva como la de Milei”, opina.

Y según adelanta, con estos resultados, en las elecciones legislativas de noviembre, “si se repitieran o ampliaran estos resultados, el kirchnerismo perdería el quorum propio en Senadores, donde hasta ahora tiene mayoría propia”.

Las tres “D”

Según dice a Ideas Miguel Abel Isla, periodista y psicólogo social argentino,  tras la derrota del oficialismo se abren más interrogantes que certezas para el futuro inmediato del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner.

“Para intentar entender con amplitud la debacle electoral del Frente de Todos utilizaremos la teoría de las tres D: depositarios, depositantes y depositado”, señala el analista.

Los depositarios son los argentinos en general, y aquellos que apostaron al cambio en las elecciones de 2019, en particular.   “Los desaciertos incrementaron la frustración tras décadas de esperar por una política incluyente, mientras la cotidianidad se veía afectada por una articulación de errores, con directa repercusión en la programación de un futuro mejor. La frustración es la vía por donde se desliza la reacción en cualquiera de sus formas;  en este caso fue el voto, lo que se utilizó como arma de defensa”, sostiene Isla.

En su análisis, gran parte de la juventud, incluyendo aquellos que debutaban como votantes, frustrados por las carencias de cambios que los contengan y les brinden una esperanza para sus aspiraciones, hicieron una síntesis entre lo viejo y lo nuevo, volcándose hacia los principios sustentados por Javier Milei, quien se posiciona como tercera fuerza en Ciudad de Buenos Aires, tras obtener más de 200 mil votos.

Los depositantes son los funcionarios del Gobierno, que fueron “depositando” explícitamente las falencias y errores cometidos en un pueblo, a todas luces internalizado como “dormido” o al menos subestimado.

“Después, el cansancio del depositario hizo lo suyo. Luego se le sumaron los spots de campaña de los candidatos, con mensajes devaluados, donde la carencia de propuestas era una constante, vinieran del sector que sea. Incluso, algunas de esas propagandas  fueron decodificadas como ofensivas y de mal gusto por muchos electores, que también terminaron influyendo. Los más del 5% de votos en blanco y el 30% de ausentismo  no son casuales”, opina.

Y el depositado: Se fueron depositando las graves falencias de gestión, como también la asimetría entre aquellos que sustentan el poder y el ciudadano común.

“Mientras la mayoría de los argentinos permanecían encerrados, cumpliendo normas, a todas luces anticonstitucionales, referentes del Gobierno realizaban fiestas suntuosas y encuentros que colmaron la paciencia de muchos. El común de la gente compara. No son pocos los que ven su paupérrima situación psicosocial, contando monedas –en muchos casos– para poder sobrevivir, mientras sus referentes políticos gastaban sumas astronómicas con las que ellos podrían cubrir años de subsistencia”, reflexiona Isla.

Además, muchos acontecimientos fueron quedando en la memoria de la gente, las promesas de las vacunas incumplidas, el llamado “vacunatorio VIP”, las palabras devaluadas de sus principales referentes políticos que golpearon conciencias, el crecimiento de la pobreza, la galopante inflación  y, lo más importante, los casi 114 mil muertos por la Covid 19.

“En ese contexto, la afirmación del presidente Alberto Fernández:  ‘Algo no  habremos hecho bien para que la gente no nos acompañe’, nos retrotrae a una histórica frase de Mahatma Gandhi: ‘Más vale ser vencido diciendo la verdad, que triunfar con la mentira’”.

¿Cuál será la estrategia a seguir tras la derrota? Es todo un misterio, dice Isla. “Lo que sí se sabe es que el Presidente argentino hace ingentes esfuerzos para resistir un cambio en su gabinete y proyecta sobre el Frente de Todos en su conjunto por la derrota electoral en las PASO, aunque cada vez son más las voces que reclaman por una renovación de las principales figuras que lo rodean”.

Para Isla, una  vieja frase del general Juan Domingo Perón quizá guarde directa relación con los recientes emergentes dentro del oficialismo: “Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona”.

 

Fernando Chávez Virreira / Periodista

 

PUNTO DE VISTA
José P. Feinmann / Filósofo y escritor
Votación sorpresiva y un gobierno débil

Hubo una votación sorpresiva. Juntos por el Cambio no esperaba ganar por tanto y el Frente de Todos ni siquiera esperaba perder. Pero había algo previsible, el gobierno de Alberto Fernández había estado muy débil para los propios, para la gente peronista. Los propios quedaron desconcertados, porque los precios suben. Ya no tenía mucho sentido criticar la gestión de Macri porque la de Alberto, en números, se parecía mucho y esto llevó a que la gente vote con cierta bronca.

Hay un gran ejemplo para esto: Macri. Cuando pierde en la primera instancia se larga a una campaña tremenda donde pone el cuerpo. Va él, habla en todos lados y así ganó más de un millón y medio de votos. Nunca pensé que a Macri, a quien lo llaman “domador de reposeras” porque no le gusta trabajar ni leer, tiene un orgullo y una ambición de estar arriba siempre.

Me cuesta admitir que eso que llamamos “la gente”  haya votado a Juntos por el Cambio, pero si entiende por el lado del voto castigo, es un castigo, pero para todos. No es un voto suicida. Yo lo veo más por el lado del castigo, del castigar. Los propios han mostrado bronca. Si vos vas a gobernar así, sin enfrentar a Vicentín, haciendo lo de Guernica, no te votamos porque no votamos eso hace dos años.

Los opositores, que han sido sanguinarios, una oposición realmente horrible, lo que quieren es que este gobierno caiga y que caiga no sólo Alberto, sino la obsesión de la derecha en Argentina, que es Cristina Fernández.

Cuando nos sorprendemos porque los pobres votan a la derecha, tenemos que pensar que la pobreza no es garantía de lucidez política, sino al contrario, la pobreza hunde a las personas en la confusión, en la ignorancia, en el odio y en la bronca. Seguramente votaron por Milei porque es muy frontal con el Gobierno y les habrá gustado a esos votantes las sandeces que dice.

Me alegra el voto a la izquierda porque comparto con ellos muchas cosas y lo que no comparto es el antiperonismo. No se puede ser de izquierda en Argentina si eres antiperonista, porque una concepción de aceptar parte de fenómeno peronista, un hombre de izquierda no puede dejar de hacerlo, aunque las posiciones de izquierda van más allá del dogma de la comunidad organizada. La izquierda se beneficia de los errores de un gobierno peronista, de la falta de coraje, porque lo de Vicentín fue trágico y vergonzoso.

El Gobierno tiene tibieza en decisión, vacilaciones y no ha  hecho cosas efectivas: frenar la inflación, distribuir la riqueza, que la gente no siga pasando hambre. Entre pasar hambre con Macri y pasar hambre con Alberto, la gente elige a Milei.

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