Perdidos, ¿cuándo empezaremos a avanzar?

Sería más realista pronosticar que la economía boliviana crezca a alrededor de 3%. Las proyecciones del gobierno son erradas.
domingo, 19 de septiembre de 2021 · 05:00

¿Cuántos años tardaremos en volver a tener el Producto Interno Bruto (PIB) por persona al nivel pre-pandemia en Bolivia? En una entrevista publicada en el periódico Página Siete del 24 del pasado mes, el Ministro de Economía afirmó: “la respuesta puede ser abordada desde una perspectiva cuantitativa y cualitativa”.

Veamos lo cuantitativo. Según el ministro, “el año 2020, el PIB por persona cayó estrepitosamente y llegó a -11,8%”. Más o menos correcto. En realidad, se redujo en -10,7% porque el PIB decreció en -9,3% y la tasa anual de crecimiento demográfica es 1,4%. Así, el PIB por persona cayó al nivel del 2015, aproximadamente. Continúa: “Si en la presente gestión logramos una tasa de crecimiento del PIB real cercana al 5%... es posible que el PIB per cápita crezca a un ritmo de 8,7%...”. Incorrecto. El PIB por persona crecería solamente en 3,6%, no 8,7%.

Ahora bien, aún si se crece a 5% este año, sería recuperar/rebotar solamente una mitad de lo que se perdió el año 2020 (-9,3%). A esta tasa de crecimiento anual, el PIB por persona volvería al nivel pre-pandemia en unos 3-4 años (2023-2024). Pero las proyecciones del ministro no son solamente erradas, sino optimistas. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal, “…para el 2022, el crecimiento (en América Latina y el Caribe) se moderaría a 2,9%”. Adicionalmente, recordemos que el MAS dejó una economía languideciendo: creció 2,2% el 2019. Tomando en cuenta esta información, sería más realista pronosticar que la economía boliviana crezca a alrededor de 3%. Esto implica que se tardaría más de 6 años para recuperar el nivel pre-pandemia; es decir, entre el 2026-2027.

Cuando una economía se contrae, o peor, se la frena como sucedió por la pandemia, lo más perverso son las dislocaciones en el aparato productivo que resultan en quiebra de empresas y alto desempleo. No es solamente una recesión, la recomposición del aparato productivo es más difícil y toma más tiempo. Y mientras más tiempo dure la parálisis económica, más empresas quiebran y más se demora a que el aparato productivo reabsorba los empleos perdidos.

Podría haber más demanda laboral por algunas ocupaciones, principalmente aquellas en el rubro de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) o de sanidad pública, pero será difícil satisfacer porque no hay mano de obra calificada. Es decir, la economía se disloca y las nuevas demandas del mercado ya no se pueden satisfacer en el corto plazo.

Esto nos lleva al aspecto cualitativo. “Es imperativo que el crecimiento del PIB real se oriente hacia actividades que privilegien la economía circular y ello va en total concordancia con la sustitución de importaciones”, dijo el ministro. Una cantinflada. Para él, “… implica el aprovechamiento de la tecnología del reciclaje o la tecnología amigable con el medioambiente… permitirán la paulatina transformación estructural de la economía, de actividades extractivas e intensivas en recursos naturales, a una que genere producción con mayor valor agregado, a través de la industrialización de nuestras materias primas”. Pasó a vender humo.

El anterior gobierno del MAS tuvo más de 14 años e ingentes recursos provenientes de los históricamente altos precios internacionales, y no se industrializó un ápice. Se botaron recursos en la planta de litio y hasta ahora no se ha exportado ni un gramo. La planta de urea y amoniaco nunca funcionó adecuadamente, a pesar de gastar $us 970 millones. (¡Y el pasado 6 de este mes el Presidente anuncia una segunda planta!) La anterior gestión suspendió operaciones porque creaba pérdidas, no ganancias. Es más, la pérdida neta de las empresas estatales, la mayoría creadas por el MAS en su anterior gestión, sería de $us 5 mil millones, un nivel equivalente a las reservas netas internacionales (El Día, 7/09/2021).

De acuerdo con la misma publicación, el Banco Central de Bolivia (BCB) estaría otorgando un crédito de $us 71 millones para financiar las pérdidas de las empresas estatales. ¿Así se hará el uso de los $us 326 millones que el FMI le asignó al país y el gobierno aceptó gustoso? En realidad, parece que se insistirá en más de lo mismo. Es un cuento la tecnología del reciclaje, economía circular, etcétera.

La pandemia ha acelerado el futuro y cada vez todo es más digitalizado. La conectividad nos permite estar informados, comprar, vender, trabajar y estudiar. El acceso a internet se ha vuelto crucial virtualmente para todo, inclusive para la economía “circular” del ministro. El acceso a internet es clave para no quedarse fuera del desarrollo. En Bolivia, el servicio de internet está concentrado en las ciudades y en quienes pueden pagarlo. Si no trabajamos en la conectividad, se harán más profundas las desigualdades; cada vez los bolivianos pobres estarán más y más lejos de sus aspiraciones, de oportunidades. Y, ¿qué hace el gobierno? Nada. ¿Qué quiere hacer? Mas de lo mismo, en peor situación económica y con nuevos urgentes desafíos.

Subsanar la brecha de infraestructura digital es más barato que solucionar las de transporte, energía y otros sectores de infraestructura. Se estima que la universalización del acceso de banda ancha en Latinoamérica costará el 0,12% del PIB anual de la región (Cepal). En comparación, las inversiones necesarias en los sectores de transporte y energía costarán varios puntos porcentuales del PIB. La expansión digital tiene que ser complementada con la formación en habilidades digitales. En Colombia, por ejemplo, el Banco Mundial está apoyando para mejorar las políticas y regulaciones que facilitarán la ampliación del acceso a la banda ancha.

La respuesta a la pandemia es y debe ser la prioridad actual. Pero, ¿qué está haciendo el gobierno para fortalecer la sanidad pública además de importar vacunas de gota en gota? Cuanto más tardemos en controlar la pandemia, más difícil y más tarde se recuperará la economía. Considero, sin embargo, que este es el momento de aprovechar las oportunidades digitales que le permitirán un futuro más inclusivo.

En lo cuantitativo, el ministro parece ser un “experto instantáneo”. En lo cualitativo, parece que repite lo que ha escuchado en otros países sobre la “economía verde”. La realidad se refleja en las cifras y los hechos: las pérdidas de las empresas estatales y más plantas de urea.

Nuestros gobernantes están perdidos. Su mapa de ruta data de hace más de 15 años. No se percatan que el mundo avanza velozmente. Tienen la mente nublada, no hay objetividad y menos claridad. Culpan a todos de lo que ha pasado y está pasando. Sólo hay una agenda política macabra y machacona, como si eso nos llevara a progresar.

Oscar Antezana Malpartida / Economista

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