Una maestra italiana y un médico alemán en las montañas de Bolivia

Giorgina Levi dio clases a niños de primero de primaria, mientras Enzo Arian fue primer el médico que llegó a Zudáñez.
domingo, 26 de septiembre de 2021 · 05:00

El año que Adolf Hitler y los nazis llegaron al poder en Alemania (1933), el judío alemán Heinz Arian fue expulsado de la Facultad de Medicina de Berlín. Emigró a Milán, Italia, donde se formó como psiquiatra. Al llegar, Heinz tradujo su nombre a Enzo. En 1934 conoció a una judía italiana de esa ciudad llamada Giorgina Levi. Ella se graduó de la universidad con una tesis sobre la historia de los judíos, explica la historiadora boliviana Clara López Beltrán, que tradujo y editó el libro Hubiera sacudido las montañas. Giorgina Levi en Bolivia (1939 – 1946), de Marcella Filippa.

En septiembre de 1938 el régimen de Benito Mussolini promulgó el Primer Decreto Ley por la Defensa de la Raza. Enzo estaba obligado a dejar Italia. En Berlín, la farmacia que su familia tenía fue destruida en la “Noche de los cristales rotos” (9 de noviembre de 1938).

En Bolivia, el gobierno de Germán Busch lanzó una convocatoria para médicos judíos europeos. Giorgina y Enzo se casaron el 9 de febrero de 1939 en Génova. En junio se embarcaron a Sudamérica. Un mes después desembarcaron en Arica, Chile, de donde viajaron en tren a La Paz.

El ministro de Higiene y Sanidad explicó a Enzo que había puestos en poblaciones del oriente del país,  donde llegaría tras un viaje de 15 días en camión, caballo y canoa. No le recomendó tomar esa opción. Un mes después, le ofreció un puesto en Zudáñez, Chuquisaca. Esto pasó en los días de la muerte del presidente Busch.

Los esposos viajaron a Sucre. Enzo tenía la esperanza de encontrar un puesto en el manicomio. “Todos eran muy gentiles con los extranjeros, con los gringos, pero los bolivianos no dicen nunca no, te prometen todo y después no cumplen”, escribió Giorgina.

Un hacendado de Sucre les ofreció una habitación en Zudáñez. Viajaron en camión. Enzo era el primer médico que llegaba al pueblo. Su esposa dio clases a niños de primero de primaria, luego se fue a Sucre, donde consiguió una cátedra universitaria de latín. En Sucre había cientos de extranjeros europeos, que se incorporaron a la sociedad capitalina y eran parte del “chisme”, que según Giorgina reinaba en la ciudad.

En 1940 hubo una sequía. Los párrocos empezaron a decir que era culpa de los judíos. Giorgina sentía temor por su esposo que aún estaba en Zudáñez. “Tenía miedo que a un pueblo totalmente analfabeto llegase la idea de que los judíos eran castigo de Dios”, escribió. Enzo dejó Zudáñez y retornó a Sucre, donde trabajó en el manicomio. Le prometieron un puesto pero nunca le pagaron.

Giorgina tuvo la certeza de que el nazismo y el fascismo serían derrotados cuando los nazis invadieron la Unión Soviética el 22 de junio de 1941. La pareja se trasladó a Oruro. La comunidad judía estaba sólidamente organizada. Muchos de sus miembros trabajaban para el empresario minero Mauricio Hochschild. Celebraban festividades judías como el Pesah. Esta comunidad fundó el Colegio Europeo, al que asistían hijos de alemanes, austríacos y polacos. Giorgina trabajó en ese establecimiento.

Enzo fue contratado por la compañía minera Phillip Brothers Co para trabajar en la mina Vila Apacheta, ubicada a más de 4.000 msnm. El segundo ingeniero de la mina se llamaba Philip, era un judío ortodoxo de Hamburgo, Alemania, que a pesar de las dificultades trataba de consumir alimentos kosher, es decir, comida preparada de acuerdo con las normas judías.

Mientras vivían en Vila Apacheta, Giorgina quedó embarazada. Su hija nació muerta en Oruro, donde fue enterrada.

La mina de Vila Apacheta fue cerrada. Enzo fue enviado a otro yacimiento de la compañía, se trataba de Santa Fe, ubicada a 4.500 msnm. Cuando llegaron notaron que había un sentimiento de rechazo hacia Enzo. Un mestizo que era su asistente le dijo: “Si lo llaman de noche para ver a un enfermo, pase a buscarme, no vaya solo”.

Giorgina fue aceptada para dar clases en la universidad pública de La Paz. En julio de 1944, Enzo le escribió una carta desde Oruro. Se había reunido con un grupo de judíos polacos que lo condujeron hasta el Circulo Israelita, donde celebraron la Liberación de Lublin. “Estuvo muy simpática y algunos se entusiasmaron tanto que con dos vasitos de schnaps estaban completamente chispeados”, escribió.

En La Paz, Enzo entabló contacto con un hacendado de Yungas que necesitaba un médico para curar a sus peones. “Los peones de Yungas no habían tenido nunca asistencia médica y los patrones se habían dado cuenta que perdían fuerza de trabajo por las epidemias de viruela, por la difusa tuberculosis, por las enfermedades tropicales y las terribles enfermedades de la piel”, explicó Giorgina.

En La Paz, Giorgina y Enzo conocieron a un judío alemán llamado Bender que era presidente de la organización “Alemania Libre”. Junto a su esposa había abierto un restaurante. También estaba un militante comunista vienés llamado Julius Deutsch que tenía una librería, donde se reunían para discutir sobre política. Giorgina durante su estadía en Bolivia viajaba cargada de los libros que trajo de Europa y que también recibía de Argentina o Estados Unidos.

En abril de 1946, la pareja inició su viaje a Europa. Fueron despedidos en la estación de tren de La Paz. El 28 de abril de 1946 llegaron a Buenos Aires, donde Enzo se encontró con un compañero de la escuela primaria de Berlín. Llegaron a Génova el 25 de julio de 1946.

En el verano de 1958, Giorgina empezó a escribir sobre Bolivia. Enzo falleció en 1965. Cuando ella volvió a La Paz, visitó la calle Sagárnaga con la que aún soñaba en Italia. “Es una calle muy interesante que sintetizaba, para mí, el mundo indígena de Bolivia. Y tanto es así, que cuando volví a Bolivia en 1971, el primer día, en lugar de descansar como es recomendable a esa altura, fui a esa calle pendiente, caminé mucho y en la noche me dio un poco de mal de altura. Quería verla inmediatamente. Se tienen esas fijaciones; desear ver algo a años de distancia”, escribió.

 

Gonzalo Díaz Díaz de Oropeza / Periodista

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