Afganistán: errores estratégicos

domingo, 5 de septiembre de 2021 · 05:06

Gabriel Gaspar / Cientista político

Cayó Kabul, una fulminante ofensiva talibán desmoronó al ejército afgano, al que en los últimos 20 años, EEUU había formado derrochando recursos.  Las fuerzas del hoy desaparecido gobierno afgano, alcanzaban mas de 300 mil hombres, bien equipados, más que suficientes para mantener a raya a poco mas de 70 mil milicianos yihadistas.

Dos décadas duró la presencia de las tropas occidentales.  Cuando se marcharon, se desmoronó el gobierno, sus tropas se rindieron y entregaron su equipo a los talibanes. ¿Era posible otro resultado? ¿Cuál era el objetivo político de la ocupación?  ¿Cuánto impactará a  EEUU? ¿Cómo queda el ajedrez de Asia Central?

EEUU es la principal potencia involucrada en este desenlace, en la que fue la guerra más larga de toda su historia, donde perdieron la vida miles y se gastaron millones de dólares cada día. ¿Por qué se involucró?

De Vietnam  al 11-S

La larga historia de intervenciones de EEUU tuvo en Vietnam un punto de quiebre.  Fue la guerra más resistida por su población y en la que se emplearon más bombas que en la Segunda Guerra, y al final, fueron derrotados.  Sus aliados del entonces Vietnam del Sur se desmoronaron en pocos días; toneladas de armamento, aviones, blindados, helicópteros,  cayeron en manos de las tropas del general Giap y del Vietcong.

Al interior de la sociedad norteamericana el malestar estalló.  Coincidió con el escándalo de Watergate, renunció el presidente Richard Nixon.  En ese mismo año se conoció el informe de la Comisión Church, que reveló cómo la inteligencia de EEUU financió el derrocamiento a Salvador Allende. Era claro que las autoridades norteamericanas no siempre operaban defendiendo la democracia y los DDHH como proclamaban.  Le deslegitimación del sistema fue profunda.

Corría 1975 y un consenso se instaló en la sociedad y  los estrategos estadounidenses: nunca más participar en una guerra lejana.  Nunca más enviar a sus muchachos a morir o quedar mutilados en conflictos de ese tipo.  Eso no significaba que EEEUU renunciaba a ejercer su influencia, solo que privilegiaría el uso de medidas diplomáticas, económicas, o de operaciones encubiertas.   Pero no involucrar tropas.   Así ocurrió en los conflictos de las ultimas décadas del siglo XX:  las guerras en África, donde tropas cubanas propinaron una dura derrota al entonces racista ejercito sudafricano; en Centro América, donde los americanos entrenaron, armaron y financiaron a los ejércitos locales que enfrentaron a las guerrillas en Nicaragua, El Salvador y Guatemala.  Por cierto, en esos años desplegó fulminante ataque a la pequeña isla de Granada e invadió Panamá para detener al general Noriega, pero en un desbalance tal de poder que alcanzaron su objetivo en pocos días.  Grandes y largas operaciones no existieron.  Hasta que ocurrió el ataque de Al Qaeda del 11-S. El golpe al corazón del poderío estadounidense provocó una reacción airada. A diferencia del síndrome Vietnam, esta vez la sociedad le reclamó a sus autoridades una pronta acción para acabar con sus atacantes.

La administración Bush   no solo atacó Afganistán, buscando a Bin Laden, sino que aprovechó de derrocar a Sadam Hussein en Irak.  La superioridad estratégica estadounidense aplastó al régimen iraquí y desalojó de las ciudades a los talibanes.  Tiempo después encontró a Bin Laden en una ciudad paquistaní y la versión oficial es que allí murió. 

¿Alcanzó los EEUU sus objetivos en Asia Central? La aplastante victoria estadounidense permitió la reelección de Bush.  Poco preocupaba la destrucción del Estado iraquí y menos aún la precaria gobernabilidad de Afganistán, donde los occidentales ocuparon las principales ciudades pero jamás pudieron ejercer un control total del territorio.  De paso, las emergentes autoridades locales, salieron lentas para institucionalizar el país, pero diestras en usufructuar los abundantes recursos aportados por  EEUU. Aunque formaron nuevas fuerzas armadas, éstas carecían de objetivos comunes, de voluntad de combate, de cohesión, o sea, de las fuerzas morales que todo ejercito necesita. 

¿Terminó el terrorismo global con estas acciones?  Para nada, Al Qaeda mutó en diversas organizaciones filiales como Boko Karam, Al Shabah y otras que llevaron el terrorismo a África.  En Asia surgió Al Nusrah, filial siria de Al Qaeda.  Y también emergió ISIS, el califato que se instaló entre Siria e Irak.  Periódicamente, células de este tipo de organizaciones atentan en Europa occidental. 

Así,  EEUU se vio envuelto en guerras en Siria, Irak y Afganistán.  Allí emplearon tropas y abundantes medios.  De todos estos escenarios se está retirando, no con gloria precisamente.  Agreguemos que además en la región mantiene una fuerte tensión con Irán, que  apoya a Hezbolá en el Líbano, al régimen sirio de Assad, a los rebeldes en Yemen y a la resistencia de Hamaz en Gaza palestina.

EEUU cuenta en la región con el apoyo de la monarquía saudita y por supuesto, con el eficiente apoyo de Israel.  Este complejo ajedrez va a resentir la retirada estadounidense de Afganistán.  Ya no está Bin Laden, pero el terrorismo está lejos de desaparecer, la democracia no digamos que impera  y los jeques permanecen inmutables.  No hablemos del petróleo que para muchos es la principal atracción de las potencias.  Es evidente que la condición de la mujer y los DDHH  siguen siendo   precarios.  En suma, tenemos más conflictos armados  en este siglo que en la Guerra Fría,  pese a la ilusión idealista de algunos que proclaman que estamos en una época de cooperación.  Es peligroso confundir las ideas con la realidad y enamorarse de aquellas.

¿Quien paga la cuenta?

 Si el republicano Bush impulsó la invasión a Irak y Afganistán, años después Trump fue un partidario decidido de la retirada,  Su gobierno negoció  con los talibanes en Qatar.  También cuestionaba la presencia de tropas americanas en Corea y porqué se gastaba tanto en la defensa de Europa.  El retiro estadounidense de Afganistán estaba cantado hace tiempo, lo que nadie previó en Washington era que sus aliados afganos se iban a desmoronar en pocos días.

Algunos culpan a los servicios de inteligencia, pero a la larga las decisiones son políticas. Una vez más queda claro la máxima prusiana: la guerra no es mas que la continuación de la política.  Si no tienes claro cuáles son los objetivos que se persiguen en una guerra, entonces vas a meterte a un pantano.  El flamante presidente Joe Biden recibió un país polarizado, también heredó una agenda internacional con muchos pendientes. Su antecesor no limpió la casa antes de irse. 

En este cuadro muchos se preguntan si EEUU tendrá el consenso interno para involucrarse en otro conflicto externo en el futuro inmediato.  Gran interrogante.  Al Qaeda ya mutó y que se sepa, los talibanes no son expansionistas.  Han anunciado amnistía y más tolerancia con la mujer.  Hay demasiado conflictos en esa región, donde se cruzan los intereses de las potencias, el petróleo y las diferencias religiosas y culturales.  No todo el mundo piensa igual y ya vemos los peligros de la intolerancia.

La diplomacia es para tender puentes,  cuando la política exterior se pone al  servicio de los intereses coyunturales de los gobernantes , no ayuda.  Asi pasó en los intentos de Evo por usar la causa marítima y también en el bochorno de Cúcuta.  La caída de Kabul también reitera una vez mas que al final, el poder lo detenta el que controla el territorio.  Para ello se requieren leyes justas, eso genera una población cohesionada, pero también se necesitan instituciones que las hagan cumplir.

 

 

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