Feticidio

domingo, 9 de enero de 2022 · 05:00

Agustín Echalar Ascarrunz

Podemos partir del principio, a partir de la modernidad, y de la ciencia, de que para que un niño venga al mundo, este debe ser deseado y no un accidente de la naturaleza, o resultado de un desliz. Mucho menos el resultado de un delito. Esta premisa es naturalmente post cristiana, puede llamarse laica o atea, y obviamente no entra dentro de los lineamientos tanto de la iglesia católica como de otras iglesias y de los movimientos pro vida, que protegen al embrión desde el momento mismo de la concepción, independientemente de que se trate de un embarazo deseado o no. 

Si se rechazan esos preceptos cristianos y se prioriza el derecho al placer sexual sin consecuencias, el uso de métodos anticonceptivos o el uso de la píldora del día siguiente son sin lugar a dudas la propuesta más sensata, menos onerosa y menos traumática.

Un aborto en las primeras 12 semanas es posiblemente una solución no ideal a una concepción no deseada o criminal, pero aceptable en el sentido de que el embrión está en un estado muy incipiente de desarrollo. Lo que hace pensar que todavía no tiene ni conciencia, ni un sistema neurológico desarrollado. Los grupos tradicionales cristianos no pueden estar de acuerdo con esta opción, pero un estado laico no necesita preguntarles si están o no de acuerdo, la mujer que quiera abortar, debería tener derecho a hacerlo. Eso sí, lo que es debatible es que el Estado exija a los médicos cristianos a efectuar ese procedimiento.

En Bolivia el aborto está prohibido y penado por ley, salvo claras excepciones: si peligra la vida de la madre, si se trata de un embarazo producto de una violación o de un caso de incesto.

En nuestro país, toda relación sexual de un menor de 18 años, con alguien mayor de edad, es considerada ilegal, porque no se considera que ésta pueda ser consensuada.  Aunque se trata de una ley que tiene una cierta limitación respecto a la realidad de las relaciones sexuales  e ímpetus de los menores de edad, es una ley que busca proteger a estos de depredadores, que precisamente por su edad, y sus mayores posibilidades y poder pudieran abusar de ellos.  Que un(a) mayor de edad tenga un freno claro y concreto en los 18 años, para relacionarse con un (a) menor de edad, porque eso puede significarle la cárcel, es sin dudas una norma beneficiosa. Que se dé un castigo mayor a quien lo hace con una niña, o un niño, es absolutamente correcto, y más si esa persona es su dependiente, digamos un tutor o un maestro, peor si se trata del padre.

El aborto en Bolivia está tolerado, o aceptado, cuando las condiciones son las arriba mencionadas, pero ojo, eso no significa que éste es obligatorio. Una mujer puede abortar sin más trámite que la denuncia de haber sido violada, pero no está obligada a hacerlo. Una joven adolescente o una púber está en las mismas condiciones, puede abortar, pero no tiene que hacerlo, y quien debe decidir en un caso así es en realidad quien tenga la autoridad paterna/materna de la niña. En realidad, la ley 548 (Código Niña, Niño y Adolescente) en su artículo 24, inciso C, dice claramente que el Estado debe proteger el embarazo de una niña. “En caso de la niña o adolescente embarazada se prioriza la prestación de servicios de apoyo psicológico y social, durante el período de gestación, parto, y post parto.”

Lo obviamente razonable cuando una niña queda embarazada, y peor aún si es producto de una violación, es  el aborto, solo una visión extremadamente religiosa respecto a la concepción (dicho sea de paso, esta visión también está protegida por las leyes bolivianas, me refiero a la Constitución que puntualiza a los usos y costumbres) haría pensar que este no debería tener lugar.

El problema está cuando un embarazo se ha prolongado demasiado. La mayoría de los países que tienen legalizado el aborto, lo aceptan hasta la duodécima semana, algunos unas semanas más, luego cuando ya no se trata de un embrión, sino de un feto, las legislaciones aún las más liberales, terminan imponiendo restricciones o simplemente lo prohíben.

Estas  restricciones tienen que ver con la dificultad que implica un aborto tan tardío, y con el hecho de que en realidad se trata de un feticidio, se debe matar al feto antes de extraerlo, o si nace con vida, se lo debe dejar morir, u, horror, humanitariamente, matarlo.

En meses pasados tuvo lugar un caso que llevó a fuertes polémicas. Una niña de 11 años  de una población del oriente boliviano  había quedado embarazada luego de ser abusada por su tutor, quien era el padre de su padrastro.

Aunque como corresponde,  en mérito a la protección que merece un caso que involucra a una menor de edad, no conocemos a fondo los detalles de esta historia, lo que se sabe es que la niña sintió que algo se movía en su vientre, se lo contó a su prima y esta lo hizo a su madre, la tía de la niña la llevó al hospital y allí descubrieron que ésta estaba embarazada de 21 semanas.  La niña fue llevada al hospital Percy Boland, donde se decidió que abortaría, luego apareció la madre que había sido informada, y que viajo desde La Paz, donde trabajaba, hasta Santa Cruz, y pidió que se suspenda el aborto.  Personas  de la Iglesia Católica la apoyaron o la indujeron a tomar esa decisión. Algo que debe ser tomado en cuenta, es que la señora y la niña son católicas, por lo que no parece una intromisión muy grosera, el que una iglesia se ocupe de sus feligreses cuando están en un serio problema, que además tiene connotaciones  ético religiosas. De hecho, y dentro de los parámetros que ellos manejan, le ofrecieron cobijo y apoyo, y hasta un trabajo a la madre de la niña embarazada.

Una importante parte de la sociedad civil, laica, y alejada de la religión - eso se pudo ver en las redes y en declaraciones de activistas del feminismo y de otros sectores- echó el grito al cielo ante este hecho que era visto por ellos como una gran violación a los derechos de la niña. Amén de poner en riesgo la integridad física de la misma, que no estaría en condiciones físicas de soportar un embarazo, y se reclamó además de las secuelas psicológicas del hecho. Le estarían arruinando la vida, decían. La iglesia fue criminalizada, y en Santa cruz, un grupo de activistas pintarrajeó la fachada de la Catedral.

Los argumentos a favor del aborto tienen una cierta debilidad, se decía que el cuerpo de la niña no estaba preparado para un embarazo y un parto.  Eso es relativo, no es, de seguro, la situación ideal. No se debe normalizar eso. Pero es posible también, que una niña de 11 años, tenga las condiciones físicas requeridas. Hay niñas de esa edad, que son más altas que sus madres, y a veces con un físico muy desarrollado. Se decía que esos embarazos podían llevar a la eclampsia, lo cual es una aseveración no muy científica, precisamente porque no hay muchos embarazos no interrumpidos de niñas de esa edad. Se decía, que una niña debe ser una niña, estudiar y jugar, y no ser madre,  y no pasar por un embarazo. Eso es lo más deseable, pero no es real.  El caso que nos ocupa tiene otras características. La niña, habiendo sido abusada reiteradamente por el tutor, hace que ella ya haya tenido una niñez sui géneris que no es para nada “normal”, la interrupción de su embarazo no la devolvería a una niñez inocente y plácida. Ella requerirá de un enorme apoyo psicológico por mucho tiempo.

Respecto a las secuelas psicológicas que pudiera tener la niña, no puede decirse con certeza cuales pueden ser más difíciles de superar, dar a luz a un bebé o abortar a un feto de 22 semanas, que  ya tiene las características de un bebé. Es difícil encontrar una respuesta a esta duda, y es fácil crear argumentos para justificar un aborto, aunque lo que sí se puede decir es que, casi por un truco de la naturaleza, es más común que alguien se arrepienta en algún momento de haber abortado, a que alguien lo haga por no haberlo hecho. Más aún si se trata de una persona ligada a alguna de las religiones cristianas.

Se puede inferir que si es posible apoyar a una niña de 11 años, en términos psicológicos, para que pueda superar una violación y un embarazo de 21 semanas seguido de un aborto, también se puede apoyarla en el proceso de completar su embarazo y dar a luz, como manda la ley, ley no del siglo pasado, sino del año 2018, y promulgada por un Presidente ateo (Álvaro García Linera).

La situación de la niña embarazada es terrible, eso nunca debió pasar, y el responsable, el tutor abusador, tiene que ser juzgado y condenado por sus actos, es bueno saber que está detenido a la espera de su juicio, pero aparte de la situación de la niña, y más allá de las consideraciones religiosas, lo cierto es que también hay un feto en esta historia, uno que estaba ya con 22 semanas de vida. Un par de semanas más y ya estaba en condiciones de sobrevivir fuera del útero. Si uno busca en forma aleatoria en la red información sobre el embarazo,  buena parte de las páginas que explican sobre el desarrollo del feto, ya lo llaman bebé.

Si la niña misma, su familia y la defensoría se hubieran percatado del embarazo en un estadio temprano, cuando todavía se trataba de un embrión, la opción de un aborto hubiera sido la más lógica. Un par de semanas más de embarazo y es posible que ya nadie, salvo grupos feministas extremos, hubiera abogado por la interrupción de éste.

Más allá del trajín que ha tenido que sufrir la niña, siendo llevada primero a un hospital, luego siendo recogida de éste y llevada a una casa de acogida de la Iglesia Católica, y luego de vuelta a otro hospital donde finalmente se le practicó, ya no un aborto, sino un parto. Lo cierto es que se ha cometido un feticidio, o si consideramos que fuera del útero el bebé vivió tres horas y por falta de atención murió, un infanticidio.

Existen países que contienen en su legislación el feticidio no punido, en Alemania, embarazos de hasta ocho meses pueden ser interrumpidos si es que un bebé tiene una malformación cerebral tan profunda que no le permitirá sobrevivir, es un extremo que genera enorme polémica, pero que ha logrado su espacio legal.

Lo que ha sucedido en el caso que nos ocupa es que se ha optado por una solución que aparte de no ser necesariamente la mejor para la niña gestante, era totalmente injusta con un ser humano, que debía ser protegido, no solo por los usos y costumbres reconocidos constitucionalmente (la religión es un uso y costumbre cultural en esencia), sino por la misma ley.

La ley permite el aborto en caso de violación, pero no obliga, y más bien, claramente protege aún a las niñas durante todo el embarazo, el parto y el post parto. 

En la semana que tuvo lugar el episodio entre la denuncia de la violación y el parto del bebé, una buena parte de representantes de la parte moderna de la sociedad civil, en especial muchos grupos feministas, hicieron proselitismo por el feticidio y acusaron a la Iglesia Católica de ultramontana, y de ir contra la ley. Curiosamente pasó exactamente lo contrario. La iglesia católica, más bien, cumplió con la ley, y no con su ley, sino con la del moderno Estado Plurinacional.  Quiso hacer respetar los usos y costumbres de acuerdo a la Constitución refrendada por el gobierno de Evo Morales en 2009, y cumplió con el artículo 24 inciso C del Código niño, niña y adolescente sancionado hace menos de cuatro años.

En esta triste historia, no triunfó la razón ni la ley, sino un fanatismo y una ignorancia modernos, se extremaron recursos para violar la ley, se usó al Estado para lograrlo, se violó no solamente el artículo mencionado de la ley 548, sino el espíritu mismo de esta que llama a priorizar la relación familiar de la niña gestante, aquí no solo se le quitó la autoridad materna a la madre, sino que se separó a la madre de la hija.

Las consecuencias de esta terrible historia, que empieza con el criminal abuso del tutor a la menor, pueden ser devastadores para ésta, pero pueden ser manejados con inteligencia y con apoyo profesional psicológico para que ella sufra lo menos posible, se hubiera podido hacer exactamente lo mismo sin matar al feto.  El feto/ bebé no tuvo ninguna oportunidad, no fue su madre, no fue su abuela, quienes decidieron que no merecía existir, que no merecía tener una vida, tampoco fue debido a la ley, la ley lo protegía, fue víctima de un grupo de personas que presionaron para impedir su nacimiento, violando la ley.  Hay responsabilidades penales.

En una sociedad más ordenada, digo, con un sistema judicial que funcione, la niña gestante debería recibir una buena indemnización y los actores materiales, y ante todo intelectuales, del feticidio deberían ser castigados.  No se ha cometido un pecado ante los ojos de un dios construido hace varios milenios en algún lugar del medio oriente, se ha cometido un delito contra nuestras propias leyes.  Y si, se ha segado una vida (¿era un niño, era una niña?) que, como cualquier vida, tenía más oportunidades de ser feliz y proporcionar felicidad existiendo, antes que siendo extinguida.

 

Agustín Echalar Ascarrunz / Operador de turismo

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