Medidas económicas

Arce solo trata de sobrevivir

El presidente sigue en el mismo discurso, bajo el mismo menú de políticas que aplicaba en tiempos diferentes; su meta es sobrevivir, apunta el autor de este análisis.

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La Paz - domingo, 19 de junio de 2022 - 5:00

Como ministro, Arce estaba acostumbrado a un entorno amigable, con precios externos muy favorables, tasas de intereses bajas y abundancia de recursos para endeudarse. La falta de previsión del futuro (o sea, inversión en hidrocarburos) aún no había pasado factura y en el mercado interno se vivía una expansión enorme gracias a un tipo de cambio que nos dio la ilusión de un mayor poder adquisitivo que el que en realidad teníamos, a lo que sumamos créditos fáciles y baratos para las familias.

En ese entorno, el actual presidente pudo repetir una danza de cifras macroeconómicas que poco le importaban a la gente y al mismo tiempo se despreocupó (si alguna vez lo hizo) de las dos cosas que realmente le importan a la gente: el empleo y la inflación. Del empleo no se ocupó porque el boliviano es un buscavidas, si no tiene trabajo se lo inventa. Evidentemente esto solo es sostenible si existen recursos en el mercado para que los emprendimientos que las familias vayan creando puedan sostenerse (y por lo menos hasta el 2014 la situación era esa). Claro, no hablamos de empleos dignos, en muchos casos, como el mismo presidente sostenía en campaña, son ocupaciones en los que el trabajador vive al día.

La inflación le demandó un poco más de trabajo. Fiel a su línea ideológica, armó un esquema de subsidios y precios administrados (muchos de ellos heredados de los viejos gobiernos “neoliberales”) y topes de precios y cupos de exportación (un aporte muy similar a lo que se hacía en las épocas de dictaduras militares). En el fondo, lo que logró fue transferir el incremento de los precios al TGN o a los productores y prestadores de algunos servicios (como la panadería o el transporte público) que no podían subir sus precios de venta pero que poco a poco veían subir sus costos. En consecuencia, las familias que se dedican a los rubros donde los precios son administrados han estado subsidiando los precios bajos para el resto de la población.

Por mucho tiempo, este esquema fue tolerable porque importábamos barato, incluso llegamos a importar deflación (caídas de precios), por lo que el sector productivo boliviano empezó a ceder espacios a las importaciones, algunas legales, la mayoría de ellas contrabando. En términos políticos este esquema fue altamente redituable: las variables que se fueron deteriorando (estabilidad fiscal y equilibrios monetarios sobre todo), poco y nada le importan a la gente. Había ocupación y la vida era barata, y eso es lo importante.

Pero el presidente Arce llega en un momento en el que todas las condiciones que le permitieron hablar de un “modelo” empezaron a cambiar estructuralmente. Ya no es una crisis pasajera en la que los precios de las materias primas volverán a estabilizarse, en la que el autoempleo podrá absorber a los más de 150 mil jóvenes que se insertan al mercado laboral cada año, o en la que eventualmente podremos seguir tomando créditos externos que nos dejan dólares baratos para seguir importando deflación.

Incluso con una coyuntura positiva para los precios de las exportaciones de gas y agroindustriales, es claro que las necesidades son superiores a la capacidad de producción. En el caso del gas, ya sabemos que se va a priorizar la venta a Argentina, porque paga más que Brasil, y evidentemente ese diferencial de precios podría compensar la caída de la producción y el incumplimiento a Brasil.

Pero esto solo será útil durante el 2022, porque más allá de las dudas que uno pueda tener sobre la capacidad de pago del vecino país, es claro que para el 2023 Argentina busca alternativas al gas boliviano. Peor aún, mientras tratamos de capear la tormenta debemos traer divisas, porque el modelo de consumo barato y subsidiado requiere grandes cantidades de divisas. Para esto el gobierno ha empezado a exprimir la caja de las empresas públicas, principalmente la de YPFB, que ya viene presionada por los incrementos en los precios de las importaciones de combustibles.

No es trivial que el encargado de exprimir los dólares de las empresas públicas sea el BCB, porque es éste el que viene sintiendo la falta de divisas, tanto así que sus autoridades, a riesgo de generar alarma, han vuelto a hablar del uso de las reservas de oro con las que cuenta el país.

Por otro lado, la llegada de dólares por endeudamiento externo ya no es una posibilidad barata. Ha quedado demostrado en la fallida colocación de bonos en marzo de este año. En ese momento se logró el primer objetivo, que era patear el pago de la deuda en octubre del 2022 y 2023, pero no se pudo traer un solo dólar adicional. Hoy, con el incremento de las tasas de interés en las economías más grandes, es claro que recurrir de nuevo al mercado externo de deuda podría resultar muy caro.

Al mismo tiempo, y más allá de las restricciones en el destino y cantidad de recursos que el país podría conseguir de los organismos multilaterales, el problema pasa por que estos exigen una contraparte del gobierno. Esto es un problema porque ya hemos consumido una buena parte de los recursos de “caja y bancos”, que es una cuenta en la que se iban acumulando los saldos de las entidades estatales no gastados en gestiones anteriores. Esto ya era evidente el 2021, por eso cerramos esa gestión con un déficit corriente de más de cinco mil millones de bolivianos.

Finalmente, para solventar sus gasto en el mercado interno, el gobierno ha estado recurriendo al endeudamiento interno (préstandos de las AFP y del Banco Central), pero este financiamiento no trae dólares, más al contrario, sigue empujando la emisión, deja sin liquidez al mercado interno y hace que suban las tasas de interés, poniendo en riesgo la estabilidad de la política cambiaria.

Con todo este panorama, Arce sigue en el mismo discurso, bajo el mismo menú de políticas que aplicaba en tiempos diferentes. Muchos suponen que Arce no percibe la realidad, pero personalmente creo que están equivocados. En realidad, la meta del presidente es sobrevivir a cualquier costo (y recordemos que el costo lo asumen las familias productoras), el desafío es la falta de divisas en la caja del gobierno y todo apunta a que luego de capear la tormenta, la esperanza es que vuelvan los tiempos fáciles. “Ya va a pasar” se repite religiosamente.

“Arce llega en un momento en el que todas las condiciones que le permitieron hablar de un “modelo” empezaron a cambiar estructuralmente”.
“Arce llega en un momento en el que todas las condiciones que le permitieron hablar de un “modelo” empezaron a cambiar estructuralmente”.

José Gabriel Espinoza Yañez / Economista, Exdirector del Banco Central de Bolivia

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