A propósito de la abstinencia para esperar el Año Nuevo Aymara

Choquehuanca y su narrativa: ¿discurso religioso, andino-milenario o político?

Un sociólogo aymara explica las distintas formas de concebir la vida y la historia entre lo “andino” y lo “centenario”, pero critica la falta de políticas que respalden esa narrativa. Para una historiadora y un analista, el Vicepresidente se mueve en un discurso más político que religioso.

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La Paz - domingo, 12 de junio de 2022 - 5:00

En noviembre de 2020, cuando David Choquehuanca juraba a su cargo de vicepresidente en la Asamblea Legislativa Plurinacional, pronunció un filosófico discurso, conciliador, de unidad, con muchas analogías y metáforas andinas. Hablaba del “ayni, la minka, la tumpa, nuestra colka” y otros códigos de las culturas milenarias, que “son la esencia de nuestra vida, de nuestro ayllu”, además de la recordada analogía del cóndor y del equilibrio entre sus alas, la derecha y la izquierda, para poder volar bien.

Hace poco, y como una previa al Año Nuevo Aymara, el Vicepresidente dijo que “40 días antes, hermanos, no carne... 40 días antes no trago, ni una gota de alcohol, tenemos que limpiarnos. 40 días antes, no sexo. Tenemos que prepararnos... así hacían nuestros abuelos”.

En 2007, afirmó que “el hombre está en el último lugar. Primero están las estrellas, las plantas, los animales, las piedras. Las piedras hasta sexo tienen para nosotros. Hasta edad tienen. Hay piedras abuelo y piedras niño”.

Y en 2014 se refirió al tiempo, desde la visión andina, cuando dijo: “¿Quién dice que el reloj tiene que girar de ese lado siempre? ¿Por qué siempre tenemos que obedecer, por qué no podemos ser creativos (...), no nos tenemos que complicar, simplemente tenemos que tomar conciencia de que nosotros vivimos en el sur? No estamos en el norte”.

Todas estas afirmaciones, y muchas más que no se pueden enumerar aquí por cuestiones de espacio, ¿a qué responden?, ¿en qué contexto pueden ser entendidas, y/o interpretadas? Todas han generado polémica y debate.

En la opinión de Simón Yampara Huarachi, coordinador general del Instituto de Investigaciones Sociales, de la carrera de Sociología de la UPEA, el problema de fondo está en la visión de la vida y la historia, entre la cosmovisión occidental y la andina, en la que se trata de una convivencia: “se convive con el pluriverso de mundos bióticos; eso es diferente a la cosmovisión; entonces muchas veces tomamos la idea que sale de Occidente como nueva”.

“Una cosa es la visión lineal (pasado, presente, futuro) que atribuyo a la cultura europea occidental y otra es la visión espiral cíclica, donde el pasado es tan importante como el futuro. Hay que trabajar en ambos y no decir que el pasado es ‘pasado y pisado’ y que ya no tiene ninguna importancia. En mi criterio, parece que los colonizadores quieren encubrir eso, no mirar el pasado, porque en el pasado han hecho atrocidades inhumanas, ecológicas y de todo tipo”, sostiene.

Sobre la afirmación en sentido de que las piedras tienen sexo, Yampara considera que hay “orko k’ala y cacho k’ala, o sea piedra macho y piedra hembra, no es solo un tipo de piedra”.

“Tenemos otra visión: consideramos al mundo como orgánicamente vivo, mientras Occidente lo ve como un ente mecánico, sin sentimiento. Cuando es orgánicamente vivo, cualquier ser, sea piedra, tierra, animal, humano, plantas, lo que sea, tiene sexo y por lo tanto no está equivocado el Vicepresidente, porque eso tiene que ver con esta visión del mundo orgánicamente vivo y no el mundo como un ente mecánico”, explica.

Y sobre la abstinencia sexual, afirma que es una manera de expresar que debemos hacer una especie de ayuno para prepararnos para recibir las nuevas energías de la vida. “No hay que pensar sólo en el Año Nuevo Aymara, o Andino Amazónico, como lo han generalizado, sino que hay que prepararse para recibir las energías del Sol; ese cambio de año que no es sólo estacional, sino que es un cambio geotectónico, inclusive de la Tierra. Ese cambio viene a través de la energía del Sol y por eso levantan las manos para recibir esa energía”.

Por ello, según dice el sociólogo, estas afirmaciones no son comprendidas. “Estamos frente a dos horizontes civilizatorios: el de los pueblos milenarios, con semillero en Tiwanaku, y el horizonte civilizatorio centenario, donde está anclado el Estado, con esta gente centenaria que es producto de la invasión colonial, reductos herederos de la invasión. Éstos que imitan y adoran a Europa o Norteamérica”, dice.

Según Yampara, “de tiempo en tiempo, el Vicepresidente nos da un jalón de orejas y nos dice ‘hay esto, por qué no se preocupan’, aunque tampoco está desarrollando –y aquí va mi crítica– políticas adecuadas que desde el Estado puede aplicar. Hay intentos. ‘Vivir bien, proyecto del sistema de vida alternativo a la modernidad’, es una consultoría que hice para una instancia de la Vicepresidencia. No se generan políticas; están abriendo cosas, lo que parece decir que el aymara es pasivo, lento, pero seguro. No he tenido la ocasión para conversar con el Vicepresidente, pero entiendo sus expresiones que van en ese sentido”.

En su opinión, “a veces nos perdemos” en las tres rutas que identifica el conocimiento: la de los saberes y conocimientos de los pueblos milenarios, la ruta del conocimiento centenario, de la ciencia cartesiana y la de los científicos modernos, la ciencia cuántica holística y el paso de la física newtoniana a la física cuántica.

Y concluye que este paradigma de vida se contrasta con el paradigma antivida que es el sistema mercantil capitalista. “Lastimosamente todos apostamos por ese sistema capital, queremos hacer etnodesarrollo y desarrollo sostenible o sustentable, sabiendo que es difícil de sostener. Éstas son maneras de buscar una salida, pero debemos buscar la vivencia y convivencia con el pluriverso de mundos bióticos. La vida es una sintonización de las acciones de este pluriverso de mundos y eso es lo que no entendemos”.

El neopachamamismo

Según la historiadora y artesana Sayuri Loza, “Choquehuanca está en esa ola, popular en todo el mundo, de las neocreencias; el neopaganismo que practica mucha gente en Europa”.

“Está el neopachamamismo que se practica en Latinoamérica, que de alguna manera es más light, porque estamos en una época en la que buscamos respuestas y las religiones clásicas, como el cristianismo, el islam o el judaísmo, no satisfacen a las nuevas generaciones. Entonces, ellos buscan volcarse al pasado y, como dice Proust, el único verdadero paraíso es el paraíso perdido”, explica.

Loza afirma que Choquehuanca tiene razón en sentido de rescatar el tiempo de nuestros abuelos, que hacían las cosas de otra manera, que había mejores tiempos y mejor vida, que éramos más felices, no había tanta criminalidad, y éramos más espirituales.

“En el pasado la gente tenía una espiritualidad más fuerte y cohesionada y Choquehuanca se refiere a eso”, dice.

Agrega que defiende que el Vicepresidente tenga una comunicación con su espiritualidad, que considera que sí cumple.

“Pero hay que recordar que ése no es el pasado histórico y religioso de los pueblos andinos de ninguna manera. No había eso de los 40 días y algo en lo que caracterizan estas tendencias religiosas, refritas o rehechas, es que toman sabiduría de todas partes; por ejemplo, los neopaganos toman algo del cristianismo, un poco de las religiones mesopotámicas de Oriente, un poco del paganismo griego y romano y le agregan pensamientos new age, un poco ecologistas, modernos, de respeto a la naturaleza”, explica.

Loza sostiene que pasa lo mismo con el neopachamamismo, que toma un poco de la doctrina católica y un poco de lo aymara,

“Choquehuanca habló de los mantras, una tradición budista y de estos aspectos de la lectura de las arrugas de las abuelas, el rechazo al catolicismo, tiene mucho de las corrientes que son políticas más que religiosas; que quieren desplazar todo aquello que llegó a la América andina desde la Conquista. Entonces quieren despreciar la comida, la religión, las leyes, el idioma, el pensamiento, los valores estéticos y por ello estas espiritualidades no son tan religiosas como políticas”, analiza.

Según su criterio, “este pensamiento gramsciano del cambio y de la revolución cultural, en la que hay que volver al pasado, estas ideas que Eduardo Galeano promovía, como que lo bueno era lo nuestro, el trauma de la Conquista, creo que Choquehuanca se lo ha creído a pie juntillas y en ese sentido no se acerca a lo indígena, sino a estas ideas progresistas que son modernas. No hay nada de malo en eso, lo malo es confundir ese pensamiento con el pensamiento originario andino, que es totalmente distinto”.

“El discurso de Choquehuanca es más político que religioso. Es una forma de pensamiento político que tiene una validez tan buena como aquellos que se están volcando a la religión radical cristiana. Ojalá supiéramos qué porcentaje de protestantes tenemos, que no aceptan los prestes, o el culto a las waq’as. Prima lo político, con esa visión gramsciana de sacudir todo desde la cultura y los símbolos; un ejemplo claro es el reloj hacia atrás de Choquehuanca, que estará allí por todo lo que dure esta supremacía del pensamiento progresista”, concluye.

Choquehuanca es un político

Y según el sociólogo Carlos Hugo Laruta, Choquehuanca es un político que no está en función de filósofo, o de docente universitario y entonces sabe lo que dice, “no tenemos que ser ingenuos”.

Identifica cuatro objetivos detrás de su narrativa: Primero, en lo que se refiere a la abstinencia sexual y el ayuno, es parte de su discurso que está dirigido a un cierto sector, a lo que considera su base social como político.

Segundo, ante ese su electorado, probablemente los aymaras del altiplano, “él se quiere presentar como un conductor religioso y espiritual y mucha gente le cree, porque se mueve con los mismos lineamientos de discurso”.

Tercero; “trata de presentarse como portador, a nivel internacional, de una visión diferente del mundo, que en realidad ya no existe; desde ese punto de vista, lo que plantea es falaz. Aquello del cóndor de dos alas, retroceder el tiempo, el sexo de las piedras, la oca como viagra andino y todo eso es parte de un intento de llenar un vacío filosófico mundial. Se dicen portadores de una nueva filosofía aymara diferente, superior a las demás; eso es lo que piensa y lo hace de manera inteligente, pero como político”.

Y concluye que hay una cuarta línea en la que Choquehuanca “trata de marear la perdiz y distraer a la gente porque no habla de lo real y concreto: que hay miles de aymaras desocupados, miles de mujeres aymaras que sufren acoso, violencia y feminicidios; que hay miles de aymaras que mueren y él es el Vicepresidente aymara y debería resolver esos problemas”.

“Estamos frente a dos horizontes civilizatorios, el de los pueblos milenarios, con semillero en Tiwanaku, y el horizonte civilizatorio centenario, donde está anclado el Estado”.
“Choquehuanca es un político, no está en función de filósofo, o de docente universitario y entonces sabe lo que dice, no tenemos que ser ingenuos”.

Fernando Chávez Virreira Periodista

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