Modelo de desarrollo

Desafíos en la construcción de sistemas integrales de cuidado

A propósito del “Compromiso de Buenos Aires”, que surgió de la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe.

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La Paz - domingo, 20 de noviembre de 2022 - 5:00

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) organizó, en coordinación con ONU Mujeres entre el 7 y el 11 de noviembre en Buenos Aires, la XV conferencia regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe. Contó con resultados exitosos y aprobó el “Compromiso de Buenos Aires”; marcando como dice Fernández, M. (2022) un nuevo horizonte de este sueño feminista plasmando una hoja de ruta para transitar hacia un nuevo modelo de desarrollo inclusivo y con la sociedad del cuidado al centro, donde la sostenibilidad de la vida y del planeta son fundamentales en todo el ciclo de nuestras vidas.

“El acuerdo logrado nos merece medidas concretas para continuar hablando de las ‘3 R’: reconocer, redistribuir y reducir el trabajo no remunerado. Este compromiso es el que tenemos que hacer. A partir de hoy tenemos que trabajar en el cómo”, destacó María Noel Vaeza, de ONU-Mujeres.

Bajo el lema “La sociedad del cuidado: horizonte para una recuperación”, representantes de los países participantes se comprometieron a “adoptar marcos normativos que garanticen el derecho al cuidado a través de la implementación de políticas y sistemas integrales de cuidado desde las perspectivas de género, interseccionalidad, interculturalidad y derechos humanos”.

¿Pero, en qué consisten los cuidados y porque son importantes? La literatura indica que los cuidados son una serie de actividades continuas que se realizan diariamente a lo largo de la vida buscando el bienestar físico, afectivo y emocional de las personas y brindar una mejor calidad de vida. Es un trabajo esencial para el sostenimiento de la vida, la reproducción de la fuerza de trabajo y de las sociedades, generando una contribución fundamental para la producción económica, el desarrollo y el bienestar.

La actual “distribución de las responsabilidades de los cuidados” es sumamente desequilibrada y recae principalmente en los hogares, siendo realizada mayoritariamente y de manera no remunerada por las mujeres y las niñas (especialmente en las áreas rurales). A pesar de su importancia, este trabajo es invisibilizado, subestimado y desatendido en el diseño de políticas económicas y sociales. Este es un reflejo del estereotipo de la feminización del cuidado, en el ámbito del trabajo de cuidados remunerados; las mujeres también están sobrerrepresentadas en estos empleos caracterizados en general por una baja remuneración y condiciones labores precarias.

Durante la pandemia del covid en el 2020, se ha reafirmado que el trabajo del cuidado se encuentra en manos de las mujeres, poniendo en evidencia la insostenibilidad de su actual organización. Se debe reconocer que, desde antes de la pandemia, las mujeres dedicaban –según la Cepal (2020) en América Latina y el Caribe– el triple de tiempo que los hombres al trabajo de cuidados no remunerado. Esta situación se ha visto agravada por la creciente demanda de cuidados y la reducción de la oferta de servicios causada por las medidas de confinamiento y distanciamiento social adoptadas para frenar la crisis sanitaria. Lo cual implican cambios importantes en la forma de escolarización y trabajo, dada la infraestructura social (de roles) no acorde a las necesidades de las mujeres, generando nuevos desafíos de reorganización del trabajo productivo y reproductivo de mediano plazo, y mayores presiones sobre los sistemas nacionales de educación pública, salud y protección social más allá de la crisis sanitaria generada por la pandemia e incluida la “crisis de los cuidados”.

Por tanto, como indica Bango J. (2020), si un sistema integral de cuidado se define como el conjunto de políticas encaminado a concretar una nueva organización social de los cuidados con la finalidad de asistir, apoyar y cuidar a las personas que lo requieren y garantizando los derechos a las personas que los brindan, así como reconocer, reducir y redistribuir las labores de cuidado, entonces la construcción de sistemas integrales de cuidados constituye un factor fundamental para el logro del empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género, y un elemento clave para la recuperación socioeconómica al convertirse en un generador directo e indirecto de empleo y un facilitador de que otros sectores de la economía funcionen adecuadamente.

Los sistemas integrales de cuidados pueden convertirse en un verdadero motor de recuperación socioeconómica, coadyuvando especialmente a las mujeres cuidadoras en el ámbito del trabajo remunerado o no.

Los cuidados descritos incluyen las tareas cotidianas de gestión y sostenimiento de la vida, como el mantenimiento de los espacios y bienes domésticos, el cuidado de los cuerpos, la educación y formación de las personas, el mantenimiento de las relaciones sociales o el apoyo psicológico a los miembros de la familia. Hace, por lo tanto, referencia a un amplio conjunto de aspectos que abarcan los cuidados en salud, el cuidado de los hogares, el cuidado a las personas dependientes y a las personas que cuidan o el autocuidado. (Cepal, 2020)

Actualmente la mayoría de las contribuciones al cuidado son realizadas desde el ámbito doméstico (privado), de manera no remunerada y por las mujeres. Debido a esto, tradicionalmente no han sido reconocidas ni visibilizadas para la economía ni para el desarrollo. El tiempo dedicado al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado absorbe más de la mitad del tiempo de las mujeres, fundamental para mantener las condiciones de sostenibilidad del sistema en su conjunto, es la base de la reproducción social y la fuerza productiva en el mercado de trabajo. Sin los cuidados, el resto de las actividades no funcionarían.

Sin embargo, el rol asignado por las sociedades casi en exclusividad a mujeres y niñas “como cuidadoras”, genera una sobrecarga de trabajo y define el uso del tiempo de las mismas. Esto limita sus oportunidades, socava sus derechos y se convierte en un obstáculo fundamental para la igualdad de género y el empoderamiento y la autonomía de las mujeres.

Los sistemas integrales de cuidados pueden convertirse en un verdadero motor de recuperación socioeconómica.

Mensaje de Raúl Garáfulic, presidente de Página Siete

 

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