Costumbres

El derecho a la siesta

Una reflexión sobre la divisoria entre la España que duerme la siesta, frente a la que apenas practica dicho hábito tan saludable.

Ideas
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La Paz - domingo, 31 de julio de 2022 - 5:00

Los antropólogos dividen México en dos mitades; y geografía intersecta con cultura: el México de la tortilla de maíz frente al México de la carne asada. Qué buena sabe la arrachera: corte de vacuno propio del país norteño. La cultura ganadera era propia del criollaje; y no solo en pampa gauchesca. Los regiomontanos de Monterrey idolatran al cabrito como plato estrella, lo mismo que ocurría en zonas de Castilla.

Olviden los hechos diferenciales por todos conocidos en la Península Ibérica, relativos a vascos y catalanes, cuya mitología deriva de la influencia ejercida por el Romanticismo del siglo XIX. Como en México, hay dos Españas: sur –más caluroso– versus norte. Una variable ayuda a trazar divisoria: la España que duerme la siesta frente a la España que no duerme la siesta.

Un ensayista olvidado dejó escrito que La Mancha se cuela de soslayo en Madrid por la calle Toledo. Y el paisaje urbano, con bloques de años 60, 60 y 80 aledaños a las últimas casas blanquecinas de pueblo, incorpora un toque “kitsch” en municipios meridionales de la zona metropolitana, allá por donde un viejo dicho dice “entre Pinto y Valdemoro”.

En un lugar de la Mancha, tan pobre y periférico que en Manchuela se quedó, nació mi abuelo paterno en los inicios del siglo XX, en pueblo con casitas blancas donde el bisabuelo Pedro José disfrutaba de iguala para visita diaria al barbero, personaje relevante en el Quijote. El caso es que el hijo del cliente de la barbería dormía siesta larga, autentica, de verdad, hasta su muerte con 90 años. Mi padre continuó la tradición, con pijama incluido; mientras, mi hermano y yo no seríamos excepción. Siesta, sí o sí, en la medida que la coyuntura lo permitiera.

El abuelo Emilio recibió concesión para explotar un surtidor de gasolina en Toledo. Y, en dicha condición, protagonizó anécdota digna de “western” crepuscular rodado en los desiertos mexicanos de Sonora. En aquella España empobrecida de los años 50, casi detentaba el monopolio para suministro de carburantes en la ciudad imperial. Y, un buen día, durante la sobremesa estival, apareció por allí ni más ni menos que Gary Cooper, protagonista legendario de Solo ante el peligro (1952), uno de mis dos westerns favoritos. Toledo tenía casas de verano y fincas extensas en la provincia. Por aquel tiempo, los rodajes de producciones de Hollywood en España estaban de moda; y, la piel de toro resultaba exótica para las estrellas. Nadie mostró tanta querencia como Ava Gardner: mi madre se cruzó con la diva en la calle Real de Segovia.

Una situación cómica emergió, en tanto mi abuelo manchego disfrutaba plácido de su siesta diaria, junto a la garita, tirado en suelo mojado con cubo de agua. Se trataba de persona austera, acostumbrada a caminatas extremas con la milicia por las montañas rifeñas del antiguo Protectorado Español en Marruecos. El hombre tardó en despertar, puesto que caía enseguida en sueño profundo. Según parece, esto derivaba del paludismo padecido durante sus años africanistas; y, dichas fiebres volvían de forma periódica.

Mi abuela paterna, natural de Oviedo, no dormía siesta. Tampoco ejercía práctica tan sana nadie de mi familia materna
–segoviana–. Todos ellos, representantes de la España del Norte, se lo han perdido. Yo sigo la tradición paterna, cuestión cultural, pero bien pareciera heredada vía cromosoma Y. Además, en La Mancha imperaba el patriarcado, frente al matriarcado mesetario. Si los beneficios para la salud inducidos por dicho hábito ya son lugar común, qué decir del placer sentido cuando, tras despertar, cabe merendar algún dulce de la buena repostería española para matar las penas: la ingesta más amable del día.

En el autobús, escucho un comentario inteligente: “ya no hay invierno, solo olas de frío; ya no hay verano, solo olas de calor”. Y el muchacho remata: “siempre nos están asustando”. En buena medida, vivimos en la sociedad del miedo: clima, terrorismo, epidemias, inflación. No obstante, el primer estallido de las temperaturas con termómetro acelerado, promueve desasosiego. Y, en dicha lid, caigo cual pajarito tras almuerzo tardío.

En las primeras horas de la tarde de un sábado de junio, prólogo de festejos patronales por San Juan y San Pedro en Segovia, ciudad natal de mi madre, la chicharra desatada imponía su ley. Sergio el segoviano tal vez estaba de paseo; pero Sergio el manchego intentaba dormir su siesta junto a Muni. Como noctámbulo de interiores, el profesor Plaza mantuvo desierto su lecho hasta las cuatro de la madrugada, según hace con frecuencia cuando los horarios laborales lo permiten. En El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde dejó escrito que se acuestan pronto aquellos que tienen poco en lo que pensar; y, los pensamientos desvelaban a nuestro protagonista. Todo esto dicho con máximo respeto por aquellos que no pueden –o no quieren– disfrutar del privilegio nocherniego de la penumbra puertas adentro.

Yo estaba agotado aquella sobremesa; pero me robaron el derecho al sueño reparador. Las pruebas repetidas de altavoces
seguidas por canciones de pop español, lo impidieron. Una discoteca volante había penetrado en mi habitáculo desde el Azoguejo, junto al acueducto romano, como si fuera aquel diablo cojuelo de novela picaresca que todo lo veía; y, mi compañera felina se asustó. Pobre Muni: el estrés no es patrimonio de la humanidad. Qué horas son esas para la farra: la siesta es un sagrado. Su interrupción es tan grave como molestar al vecino con la cadena musical en horas intempestivas de madrugada. Una cuestión de externalidades: acciones que afectan al bienestar de terceros. Uno de los tres o cuatro conceptos más importantes en economía.

Sí; el derecho a la siesta: vocablo global, exportado al resto del planeta. La palabra española más conocida, soporte de cuestión merecedora de encaje en el derecho consuetudinario. Una tradición se ha mantenido incólume en el pequeño comercio más tradicional del país de la siesta: el cierre entre las 14-17 horas, fenómeno que sorprende a tantos visitantes extranjeros.

Cuántos munícipes de toda España no cesan de ensalzar su sensibilidad por el medio ambiente; pero, los hechos mencionados tienen nombre y apellido: contaminación acústica. Pierre Trudeau consiguió el reconocimiento del bilingüismo para los francófonos en cualquier instancia federal del Canadá anglófono. Desde esta tribuna, cual miembro de la minoría con hábito meridional, placentero y saludable de ámbito nacional, pido que se respete en toda España el derecho a dormir la siesta, seña de identidad hispánica en ambos hemisferios.

Un vecino sabio de Madrid me transmitió cierta frase: “cuando Viernes apareció en la isla, Robinsón Crusoe ya tenía un problema”.

“Yo estaba agotado aquella sobremesa; pero me robaron el derecho al sueño reparador. Las pruebasde altavoces
seguidas por canciones de pop español, lo impidieron”.
“Yo estaba agotado aquella sobremesa; pero me robaron el derecho al sueño reparador. Las pruebasde altavoces
seguidas por canciones de pop español, lo impidieron”.

Sergio Plaza Cerezo / Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid

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