Tecnologías de la información

El genio judío e internet

Algunos rasgos de la cultura judía, como el carácter visionario, ayudan a explicar su fuerte presencia entre los creadoresde gigantes de internet.

Ideas
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La Paz - domingo, 19 de junio de 2022 - 5:00

Desde la perspectiva del progreso de la humanidad, la trascendencia de la revolución de las tecnologías de la información iguala el alcance de la revolución industrial. No es cuestión de mero “presentismo”. Los gigantes de internet simbolizan la redistribución del poder económico en los nuevos tiempos; y aceleran el cambio de statu quo.

Algunos jóvenes emprendedores han sido fundadores o cofundadores de empresas tan relevantes para nuestra vida cotidiana como Google (Sergey Brin), Facebook (Mark Zuckerberg y Eduardo Saverin) o WhatsApp (Jan Koum). ¿Qué denominador comparten?

En primer lugar, tres de ellos han nacido en el extranjero: Brin (Rusia), Koum (Ucrania) y Saverin (Brasil). Un dato que contrasta la hipótesis del enfoque más aceptado sobre desarrollo económico: la calidad de las instituciones explica éxitos y fracasos de los países. Estos triunfadores simbolizan cómo el american dream todavía es posible a pesar de tantos libros que, desde hace treinta años, profetizan el declive de la superpotencia. Los proyectos conducentes al estrellato no se habrían desarrollado en Rusia, Ucrania o Brasil. Cual gesto simbólico, el día de la venta a Facebook, el creador de WhatsApp volvió al comedor de beneficencia frecuentado por la familia Koum recién llegada a Norteamérica.

En segundo lugar, todos estos genios –Zuckerberg incluido– son judíos. Este estudio de caso avala cómo la herencia de cierta especificidad cultural y religiosa puede promover el éxito empresarial, científico e intelectual. Un enfoque académico iniciado por Max Weber al vincular ética protestante con espíritu capitalista, tesis habitual para el análisis comparativo entre Latinoamérica y Estados Unidos.

La génesis de Facebook o Google exigía una combinación de creatividad, curiosidad, ciencia, tecnología y habilidades en comercio y administración de empresas, áreas en las que tanto han destacado los judíos. Una tradición religiosa de mesianismo y misticismo también ayuda a forjar visionarios en la era de internet, adelantados a su tiempo cuya tierra prometida es la bahía de San Francisco. Zuckerberg anhela otra virtual: el Metaverso.

A pesar de su escaso peso demográfico, una cifra apabullante de Premios Nobel se ha concedido a miembros de esta colectividad, destacados en cualquier ámbito: economía, medicina, ciencias puras o literatura. No hay diáspora más exitosa. ¿Cuántos obituarios recuerdan en los diarios a personajes internacionales muy reconocidos de esta minoría? Sus autores han sido prolíficos en firmar obras autobiográficas. Y, en Bolivia, las dos librerías más emblemáticas del centro de Santa Cruz de la Sierra están regentadas por familias judías.

“El aire de la ciudad os hará libres”, dice un proverbio alemán. Si las ideas se cuecen en las grandes urbes, la comunidad judía exhibe un sesgo urbano muy pronunciado. Su influencia contribuye a explicar ese carácter urbanita en extremo de Nueva York o Buenos Aires, metrópolis abiertas y tolerantes que ofrecían oportunidades para prosperar. La diáspora judío-cubana de Miami es pequeña; pero está muy presente en los comercios del downtown.

De forma especial, tras la salida del gueto, el éxito ha acompañado a los judíos laicos. Algunas historias de movilidad social ascendente resultan familiares, desde el vástago del zapatero que triunfa como profesional, hasta el nieto de un tendero transformado en banquero o escritor.

La propensión a la duda es rasgo psicológico que apoya las destrezas de los mejores investigadores, desde el periodismo hasta la física. Sin embargo, en el plano sociológico, dicho atributo se ve resaltado por la cultura judía, donde todo se cuestiona. Desde una historia marcada por persecuciones, éxodo y tragedias, hay que dudar: los peligros acechan. Según un proverbio judío, “si la vida no cambia para bien, espera...cambiará para mal”. Bien que lo sé yo.

La inclinación a la duda también queda explicada por una herencia: la lectura laberíntica de los libros sagrados de la Torá, donde se multiplican los párrafos ambiguos con posibles significados opuestos. El juego gramatical entre tesis y antítesis, dentro de una proposición, estructura las frases célebres que expresan la sabiduría de Einstein o Freud. La obsesión por la duda preside, como idea central, los aportes de Karl Popper, uno de los principales filósofos del siglo XX: la posibilidad de refutación siempre quedará abierta para cualquier teoría científica, por muy respetada que sea. La duda también seduce a los cineastas. Ernst Lubitsch induce a hacerse una pregunta, entre sus espectadores: ¿qué se esconde detrás de la puerta?

El contraste entre tesis y antítesis articula el humor judío en chistes y comedias. Groucho Marx pronuncia la siguiente frase magistral en una de sus películas: “llegué a Florida sin un centavo en el bolsillo; ahora tengo un centavo en el bolsillo”. Un comentario ácido que echa por tierra el “sueño americano”. Cuando un cliente engreído se queja por no ser atendido de inmediato, uno de los banqueros Rothschild le respondió con ironía: “tome un segundo asiento”.

El éxito económico y empresarial ya era un seguro para hacer frente a los pogromos en la Europa medieval. Si las cosas se ponían mal, tener plata podía salvarte la vida. Además, la actividad financiera no era vista con buenos ojos por el catolicismo. Igualitarismo y sentido de comunidad también aparecen en otras minorías destacadas en los negocios. Los sijs, incluso, comparten el mismo apellido (Singh), para que nadie sea más que nadie. Un factor promovedor de autoestima, capital social e iniciativa individual. Por ejemplo, se ha analizado como fortaleza de Israel un ejército donde los sargentos se atreven a cuestionar aquellas órdenes dadas por los oficiales que les parecen erróneas.

La cohesión y los mecanismos de solidaridad mutua dentro de la colectividad propulsan la conexión. Los judíos argentinos se refieren a la suya con cariño como “la cole”. El antiguo aislamiento de los guetos en las ciudades europeas tiene como correlato la separación de Israel frente a su entorno geográfico inmediato, integrado por países árabes. Todo ello prioriza el deseo de comunicación, tanto con los miembros de la comunidad como con el exterior, máxime en diáspora tan cosmopolita, donde proliferan familias repartidas en países diversos. Por el mundo, me he encontrado con muchos jóvenes viajeros israelíes que hacían recorridos iniciáticos de largo alcance por América Latina o Asia.

Por todo ello, tal vez no resulte casual que, detrás de Facebook o Whatsapp, aparezca el talento judío. Además, los usuarios leen y escriben cuando utilizan estas aplicaciones. Los feligreses católicos escuchaban de forma pasiva la misa en latín hasta el Concilio Vaticano II. Por el contrario, lectura y discusión de la Torá con el rabino eran norma del judaísmo. Toda una preparación para las redes sociales del siglo XXI.

“Groucho Marx pronuncia esta frase magistral en una de sus películas: ‘llegué a Florida sin un centavo en el bolsillo; ahora tengo un centavo en el bolsillo’”.
“Groucho Marx pronuncia esta frase magistral en una de sus películas: ‘llegué a Florida sin un centavo en el bolsillo; ahora tengo un centavo en el bolsillo’”.

Sergio Plaza Cerezo / Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid

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