Hacia un espíritu nacional

El padrón... ingenuo

El país necesita líderes que lleguen a la emoción de las personas con mensajes de esperanza, de unión y de virtudes. El autor rescata las ideas de la “libertad civil” de Simón Bolívar.

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La Paz - domingo, 20 de noviembre de 2022 - 5:00

Los disturbios sociales por el censo tienen varias razones. Dos de las que mayormente se esgrimen son el efecto en la distribución de los escaños y de los recursos. Si bien es cierto, no debería ser lo más importante. Otras razones son para saber cuántos somos, donde estamos, quiénes somos y qué tenemos. Importante, pero no lo más importante. Una redistribución de escaños y recursos servirán de poco porque igual serán ejercidos y administrados por ineptos y corruptos, independientemente del departamento que sean. La ganancia es poca.

Se dice que el censo es reclamado particularmente por Santa Cruz porque es el departamento que más ha crecido poblacional y económicamente y tendría más que perder sin un censo actualizado. A La Paz o a Potosí no les convendría porque ni en una ni en la otra dimensión han tenido un crecimiento relativo. Pero, ¿no es más importante para todos los bolivianos –para nuestra calidad de vida, esperanza de progreso y ejercicio de una libertad plena– elegir de manera transparente? ¿No es más crítico tener un padrón electoral saneado?

Hemos aprendido en colegio y vivimos la experiencia que Bolivia siempre ha sido desunida; desde nuestra independencia. El censo es el más reciente y claro ejemplo: los departamentos desunidos y el gobierno central/MAS enlodado en traiciones internas y en total antagonismo con el resto de los partidos políticos. Y no hay que echar la culpa a los españoles, ni a los “500 años”. Desde el 2006, cuando Morales asumió el poder por la vía democrática, repitió mensajes de odio y de división que repercuten hasta el día de hoy.

En la brújula de los gobiernos del MAS no cabe el patriotismo ni el bienestar de los bolivianos; su imán no indica la democracia como norte. Al contrario, la repugna porque necesita dividir para gobernar. No saben cómo conducir un país al progreso.

Somos una nación diversa y esa debería ser una fortaleza. Pero en esa diversidad debería encontrarse un hilo conductor, Bolivia. Es verdad, cada persona es diferente; es decir, conoce más o menos de historia o de política, de economía o de sociología, o de nivel educativo. Cada uno de nosotros tiene prejuicios y diferente experiencia de vida.

En esa “diversidad” se utilizan retóricas objetivas sobre la base de hechos históricos o datos, en su mayoría, subjetivos. Es más, los mensajes están contaminados de mentiras, rumores mal intencionados o de simple ignorancia. Todo ello ahoga y apaga la verdad que algunos quieren difundir.

La principal razón por la que estamos donde estamos es porque no tenemos líderes despojados de intereses personales y/o políticos, sea en el gobierno central o gobiernos subnacionales. Pero también los ciudadanos de a pie tenemos algo de culpa. La población, en general, no sabe elegir porque, en parte, no tiene esa capacidad.

El Libertador Simón Bolívar invocó la importancia fundamental de la “educación popular”, una educación de la inteligencia y del carácter, no sólo para el saber, sino también para la virtud. No solo “luces”, no solo “moral”, sino “moral y luces”. Bolívar vivió y estudió en Europa y supo de esa libertad caótica y parcial de los primeros tiempos de la Revolución Francesa. Ya con el cúmulo de experiencias y reflexiones después de haber dado más de dos vueltas al mundo a caballo liberando pueblos, su deseo era inculcar una “libertad racional”.

Es decir, el ejercicio correlativo de derechos y deberes según leyes que lo ordenen y regulen, emanadas ciertamente de poderes elegidos por el consenso de los gobernados. Pero al presente tenemos un gobierno producto de un padrón electoral viciado, un Congreso representado en su mayoría por gente con limitadas virtudes, un poder judicial controlado, un órgano electoral bajo la sombra del “jefazo”, o un Defensor del Pueblo azul por todo lado que se lo mire.

Entonces, ¿de qué libertad civil estamos hablando? ¿Acaso no todos han sido elegidos de manera viciada o han sido elegidos por el MAS? ¿Eso es democracia o autoritarismo?

Bolívar decía que necesitamos “la garantía de la libertad civil” que apunte a la formación de un espíritu nacional que considere dos puntos capitales: limitar la autoridad pública y moderar la voluntad general. Pero eso ha sido difícil. Seguimos en las mismas, como hace 200 años, y seguiremos por siempre.

“Ya tenemos la independencia, General; ahora díganos que hacemos con ella”. “La independencia era solo una cuestión de ganar la guerra” les decía él. “Los grandes sacrificios vendrán después para hacer de estos pueblos una sola patria”.

Necesitamos líderes, líderes que lleguen a tocar la emoción de las personas con mensajes de esperanza, de unión, de virtudes, que muevan masas y que no son elegidos necesariamente porque son grandes intelectuales, aunque tampoco son iletrados. Algunos ejemplos: Winston Churchill, Ronald Reagan, Barack Obama, Carlos Menem, Alan García, Luda da Silva; hasta Donald Trump, Hugo Chávez, Adolf Hitler y Néstor Kirchner.

Pero también se necesita de un pueblo que sepa elegir y que sepa lo que es valorar la democracia y vivir en ella. Necesitamos esa “educación popular” de la que hablaba Simón Bolívar, pero este gobierno no lo hará, y quien sabe los próximos. Pero lo podemos hacer los ciudadanos, no necesitamos permiso de ningún gobierno. Necesitamos de redes sociales, no en el sentido digital, para hacer una masa crítica, y de apoyo financiero.

El sector privado y la academia pueden organizarse y ser esa punta de lanza (lo mencioné en mi anterior artículo, “Democracia: de tortuga a cangrejo”). Por qué Coca Cola no puede imprimir en las etiquetas de sus botellas: “cumplamos la ley”, cualquier cementera que se lea en sus sacos: “seamos honestos”, un periódico que diga en su página deportiva: “la disciplina paga”, un banco que imprima en el encabezamiento de los extractos bancarios: “respetemos la cola”, un operador de telefonía que envíe mensajes a sus usuarios una vez a la semana que se lea: “respete a los mayores”, o una universidad que en sus facturas se lea: “seamos puntuales”. No es difícil y no es caro.

La ganancia es alta.

“La principal razón por la que estamos donde estamos es porque no tenemos líderes despojados de intereses personales y/o políticos”.

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