Matasuegra

El safari continúa

¿Qué le interesa al presidente Arce? Quedarse en el poder y postularse nuevamente; le urge congraciarse con el ala dura del MAS, por ello la detención de Camacho, escribe el autor.

Ideas
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La Paz - domingo, 15 de enero de 2023 - 5:00

La política es una competencia por detentar el poder, por ejercerlo, por mantenerlo. La idea, en principio, sería usar ese poder para el bien común, implementando un modelo de gestión que se considera adecuado para la región o Estado. Muchos podrán no estar de acuerdo con ese modelo, porque creen en otro, pero si el modelo funciona, a la larga, todos aplauden.

Claro, lo ideal es que quien llegue al poder lo haga por medio democráticos, de modo que tenga el respaldo de una parte importante de la población. Esto no significa que el modelo a implementar sea de beneficio exclusivo de quienes respaldan a los gobernantes de turno, ya que quienes llegan al poder, como dijimos, idealmente buscan el bien común.

El problema es que ese objetivo, el bien común, entra en conflicto con el interés personal. Así, una autoridad, un juez, por ejemplo, que debería actuar dentro de lo que dicta la ley, prefiere beneficiar a alguna parte a cambio de algún incentivo material, antes que procurar la justicia, que es una de las formas en que se verifica el bien común.

Lo mismo ocurre cuando un oficial de Tránsito, que detenta algún grado de poder, en lugar de hacer cumplir las normas de vialidad (donde también se verifica el bien común), permite las infracciones a cambio de un soborno. Y así, hasta las más altas esferas, donde los intereses personales ya no se miden en cifras pequeñas.

¿Qué le interesa al presidente Arce? Quedarse en el poder. Es decir, postularse nuevamente en 2025 y optar por la reelección constitucional. Para ello, le urge congraciarse con el ala dura del MAS, aunque sea de a poquito, porque sin la bendición de los radicales, su candidatura es inviable, a menos que lo haga por otra sigla, lo cual sería un suicidio político. Y ese interés personal entra en conflicto con el bien común, que es mantener la paz del país, velar porque se haga justicia con el debido proceso y un largo etcétera. Entonces se procede con la aprehensión, amañada, del gobernador cruceño, Luis Fernando Camacho.

Esto es para darse una ducha de popularidad con el ala radical del masismo, que ni así le compra la pomada y lo sigue cuestionando; sin embargo, el sana-sana se puede lograr de a poquito. Luego caerán Tuto, Mesa y cuanto opositor pueda de servir como trofeo para el presidente y su partido. Ha comenzado el safari y los cazadores quieren acomodar las cabezas de sus presas en sus confortables salas, gracias a los beneficios que da el socialismo del siglo XXI.

Beneficios exactamente iguales a los del neoliberalismo, para ser honestos, ya que, cuando se trata de política, nadie se salva, muchos de quienes llegan al aparato estatal optan por el interés personal y no el beneficio común, desde siempre. Hoy nos toca un gobierno que proclama servir al pueblo y escucharlo, pero en realidad solo atiende su ansia de poder y los beneficios que esto conlleva.

En realidad, no solo es la lógica del actual mandatario, sino de su partido en general. Y lo que hoy nos parece una división interna, no es más que una pugna por el liderazgo, pues los masistas saben que separados no ganarían, de modo que, por mantenerse en el poder, más temprano que tarde llegarán a un acuerdo. Y el primer paso lo ha dado Luis Arce, ofreciendo la cabeza de Luis Fernando Camacho para solaz de Evo Morales, quien sigue respirando por la herida desde 2019.

Y no es que el gobernador cruceño sea trigo limpio, pero creo que es más bocón que pendenciero. Todo lo que declaró sobre que su padre habría acordado con militares y policías que no saliesen a reprimir las protestas de octubre y noviembre de 2019 raya en lo absurdo, no es más que alarde, la exageración de un muchachito que quiere inflar su éxito, como cuando escuché a un adolescente decirle con orgullo a sus amigos: “Mi papá es macho, ha apuñalado a varios tipos”. Son esos alardes que brotan de las glándulas, no del cerebro y que, como en este caso, pueden generar consecuencias.

Es cuestión de lógica: ¿acaso es tan fácil meterse al bolsillo al ejército y a la policía? ¿Es suficiente con que un señor vaya con unos miles de pesos y así arregle un golpe de Estado? Si es así, pucha, estamos fregados, porque cuando unos compadres quieran, pueden acuotarse y derrocar al gobierno de turno.

En término religiosos, estrictamente, podríamos decir que el gobernador cruceño pecó de soberbia, de vanidad, pero los pecados no necesariamente son delitos. También, desde un punto de vista ético, podríamos decir que le hizo una canallada a su entonces aliado Marco Pumari (cuya cabeza no fue suficiente para la cúpula radical), pero ese es un asunto privado entre ellos. A Luis Fernando Camacho no lo van a juzgar por un delito real, sino por un invento propiciado desde las altas esferas del masismo para serenar la crisis que este partido atraviesa.

En Bolivia no hubo golpe de Estado. Evo Morales renunció y huyó. Podría haberse ido sin renunciar y buscar asilo en otro país manteniendo su cargo, pero optó por la renuncia. Los legisladores de su partido avalaron la presidencia transitoria de Jeanine Añez (cuya cabeza tampoco fue suficiente para la cúpula radical) y aceptaron la renuncia de su líder. ¿De qué golpe se habla?

Y ese es el discurso común que ha mantenido al MAS en una sola pieza: el golpe. Radicales y renovadores se centrarán en este punto para recomponer su relación, y lo harán a como dé lugar, pues se necesitan para mantenerse en el poder. Bien lo dijo Sebastián Michel, donde los otros ven división, “yo veo un binomio”. Quizá esa sea la solución a las pugnas internas por el liderazgo; mientras tanto, el safari continuará y buscarán obtener más cabezas para sanar las heridas y renovar sus votos.

“Ha comenzado el safari y los cazadores quieren acomodar las cabezas de sus presas en sus confortables salas, gracias a los beneficios que da el socialismo del siglo XXI”.

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