Cambios en la Constitución

El triunfo del rechazo en Chile no es un aval a la Constitución de Pinochet

Los chilenos desean un nuevo pacto social, pero que los una como nación, más allá de la ideología. Analistas ven que el proceso de la reforma constitucional cometió errores que derivaron en una confusión de la sociedad, que terminó por rechazar posiciones extremas.

Ideas
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La Paz - domingo, 11 de septiembre de 2022 - 5:00

“Revivió Pinochet”, tuiteó el presidente de Colombia, Gustavo Petro, tras conocerse los resultados del referéndum constitucional en Chile, que rechazó con más del 62% la propuesta de una nueva Constitución que nació de la Convención Constitucional. El post fue duramente criticado por amplios sectores. Es que, ¿quieren los chilenos seguir con la Constitución de 1980? ¿O es que el nuevo texto no convenció a la mayoría?

O es que, como dice Fernando Mires (ver recuadro en esta página), está claro que los chilenos desean un nuevo pacto social, pero que los una como nación, más allá de la ideología.

“Es una tontería, nadie respalda una barbaridad como esa, ni siquiera es una posibilidad. Hay un consenso generalizado en Chile de que esa Constitución no puede continuar, por eso el proceso constituyente continuará”, afirma el periodista y analista boliviano Sergio Molina, que vive hace muchos años en Chile y es co-conductor de “Hermanos entre fronteras”, un podcast sobre política chilena y boliviana que se puede escuchar en Spotify.

“Cuando hace un año se consultó si se quería cambiar la Constitución, el 80% votó por no mantener esa Carta Magna; tanto es así que la derecha, que durante décadas defendió esa Constitución, dijo que esa Constitución ‘estaba muerta’. Esa fue la posición de la derecha democrática, obviamente hay un sector de ultraderecha, del Partido Republicano de José Antonio Kast, pero es una tontería asociar esa posición con la votación del domingo pasado”, explica.

Y, según la posición de Alejandro Olivares, politólogo de la Universidad Mayor de Chile, el rechazo, políticamente hablando, está formado por un grupo muy diverso que incluye personas que estaban diciéndole sí a la Constitución de Pinochet y otros que iban por una nueva Constitución.

“Hay un grupo, que no se podría cuantificar, duro, que está en torno al excandidato presidencial José Antonio Kast, de un 20% más o menos, que con el resultado del domingo dieron por cerrado el proceso constitucional y lo ven como una reafirmación de la Constitución de Pinochet; el resto del rechazo, en diferentes grados, se ha manifestado en el sentido de que este proceso no ha finalizado y lo que hay que hacer ahora es iniciar una nueva etapa, que puede ir desde reformas de fondos a la Constitución de 1980 a un nuevo proceso constitucional”, estima el analista.

El resultado, adverso para el gobierno de Gabriel Boric –que había puesto su gestión al servicio del “apruebo”–, significó un “terremoto” para el mandatario, que tuvo que recomponer su gabinete pensando en un giro más hacia el centro.

Una población confundida

Según Olivares, lo que sucedió es que no se entendieron bien las propuestas en el sistema de justicia que venía aparejado de la lógica plurinacional. “No se entendió cuándo operaban los diferentes sistemas de justicia, indígena, tradicional, por lo que hubo confusión y esto derivó en que el tema de la justicia y lo plurinacional fue fuertemente resistido por la ciudadanía”.

En su opinión, un segundo elemento central fue que el proceso de la convención, la deliberación dentro de ésta fue muy especial, por decirlo de alguna manera.

“Fue complejo, con posiciones muy maximalistas; ciertos grupos muy ultras, elegidos por la ciudadanía, cuestionaron todo, desde los símbolos patrios hasta la posibilidad de tener una democracia representativa, pasando por todo el abanico posible, pero lo hacían en un tono de maximalismo. Todo ese debate ocasionó que la ciudadanía no entendiera bien lo que estaba pasando dentro de la Convención, con posiciones tan radicales que llegaban a ser absurdas. Entonces, cuando salió el texto final, la ciudadanía se quedó con los debates y no con el resultado y esto fue muy bien aprovechado por los impulsores del rechazo”, explica el politólogo.

“El cómo se vio este proceso no permitió una diferenciación clara entre el proceso y el resultado final. Como no le gustó el proceso a la gente, no le importó mucho el texto final y votó por el rechazo, porque el proceso fue un ‘circo’”.

Según estima Molina, para comprender este proceso se debe abordarlo desde la Convención misma, desde la situación política de Chile y desde la configuración actual de la sociedad chilena.

Dice que un texto constitucional era muy positivo en algunos aspectos, en otros era muy extremo para las pautas de la sociedad chilena actual, que se resiste a ciertos temas excesivos, como el tema indígena.

“Se plantearon una serie de elementos de justicia indígena, una justicia paralela en ciertas circunstancias, el tema de la plurinacionalidad, que son aspectos que no están en la discusión presente de los chilenos. Lo que se discute son temas de desigualdad, costo de vida, pero el tema indígena nunca fue tan importante como la Convención lo quiso ver”, sostiene.

A eso hay que sumarle los errores de los convencionales, “que creyeron que estaban refundando Chile y que era el momento de la revolución y de la extrema izquierda”; los errores de la puesta en escena de la Convención, que no tuvo ningún parámetro comunicacional y político adecuados.

En la perspectiva del momento político de Chile se vinculó el plebiscito de la Constitución como una forma de reprobar al gobierno de Boric por su ineficiencia o falta de respuesta a las demandas.

“En el siglo XXI, las lunas de miel de los políticos duran cada vez menos, ahora duran menos de 100 días. El tema está en que Boric puso, como era natural por sus convicciones, al gobierno y a su figura al servicio del apruebo, y siendo un gobierno con errores e inmovilizado, eso hizo que la consulta se entienda como una aprobación o no del gobierno”, dice.

El tercer punto de análisis, de la configuración social, Molina afirma que la chilena es una sociedad mucho más democrática y dispuesta a los acuerdos, más de centro, que lo que planteaban los extremos, tanto de derecha como de izquierda.

“Esta es una sociedad –y esto no lo leyeron los convencionales– que buscaba acuerdos y no que el que gana se lo lleva todo, eso va en contra de la idiosincracia de Chile, no solo desde la perspectiva electoral, sino a largo plazo. Hay cierto sentido más común, sociológico, que busca cierta estabilidad en el sistema y cuando alguien se extrema, o cuando hay déficit en alguna parte de ese sistema, es como que hay una cierta compensación, eso también sucedió”, explica.

¿Puede Boric convivir con esta Constitución y hacer los cambios que tiene planeados?

Según Olivares, las semanas previas al plebiscito la oposición y parte de la centro izquierda que formó el rechazo, modificaron en el Congreso los quórums para algunas modificaciones constitucionales de la actual Constitución, lo que le da al gobierno una posibilidad de poder convivir con la actual Constitución sin mayores problemas.

“Los problemas no están en los quórums que pueda exigir la Constitución del 80, sino que no tiene mayoría ni en la Cámara Baja ni en la Alta como para promover cambios; por tanto, lo que el gobierno tiene que hacer para poder convivir con esta Constitución es generar grandes acuerdos y coaliciones en el Congreso, de lo contrario no podrá hacer mucho”, estima el analista.

Sobre la misma consulta, Molina dice que como ganó el rechazo en el “referéndum de salida” del 4 de septiembre, la Constitución de 1980 continúa vigente, pero puede ser reformada ya no por dos tercios, sino por cuatro séptimos, por lo que es más fácil reformarla. “Hay dos formas de reformarla, una por la vía de otro proceso constitucional y otra por esta vía de los cuatro séptimos, que es otra opción, aunque poco probable”, estima.

En su opinión, lo más probable es que haya un nuevo proceso constitucional y que ya no se pregunte si se quiere modificar o no, sino que se elija directamente a los convencionales para un proceso más breve, de manera que se resuelva hasta 2023. “Se va a discutir mucho y el gobierno tendrá que ceder mucho en cuanto a quiénes serán los nuevos constituyentes. Hay un cansancio electoral, venimos votando cada seis meses”.

Y, como reflexión final, observa que las posturas extremas, tanto de extrema izquierda como de extrema derecha “muestran una faceta dramática de lo que está pasando en nuestras sociedades y es que la democracia está cada vez más en peligro”.

Como dice Marta Lagos, del Latinobarómetro, la izquierda, al menos una parte de ella, se equivocó en leer a Chile. “Nadie pierde una elección por el 62% por casualidad, por acción de los otros, sino mas bien por omisión. Las demandas son más modestas, se ofrecieron cosas que no eran deseadas”.

“Esta es una sociedad, y esto no lo leyeron los convencionales, que buscaban acuerdos y no que el que gana se lo lleva todo, eso va en contra de la idiosincracia de Chile”.

Fake news y desprestigio de la Convención Constitucional

La desinformación en forma de noticias falsas y los ataques al prestigio de la Convención Constituyente encargada de reformar el texto son, según expertos, las principales razones para el aplastante triunfo del rechazo en el plebiscito constitucional en Chile.

El abrumador 62,2% deja un escenario abierto, con un gobierno debilitado y la necesidad de abrir un amplio diálogo entre los partidos políticos y la sociedad civil para decidir qué itinerario seguir, y en el que el Parlamento asumirá el protagonismo.

Según Rodrigo Espinoza, doctor en ciencias políticas de la Universidad Diego Portales, el resultado se explica en parte porque la Convención Constitucional “no estuvo a la altura de las expectativas de la ciudadanía”.

“Su trabajo terminó siendo muy mal evaluado, incapaz de convocar al centro político siendo que Chile es tradicionalmente conocido como un país de votantes moderados”, explicó a Efe.

“Nunca se clarificó muy bien en qué consistía la plurinacionalidad y eso causó división, no se explicó bien el tema de los sistemas de justicia, bajo qué condiciones se iba a aplicar, en ese sentido también generó bastante incertidumbre”, agregó.

Como en otras consultas con interés mundial, entre ellas el Brexit y el referéndum del proceso de paz en Colombia, la desinformación y las noticias falsas desempeñaron también un papel fundamental pese a que uno de los eslóganes más repetidos era “decidir informado” y se difundieron miles de copias del texto.

Aunque el analista chileno Jorge Navarrete observó que las fake news no hacen perder una votación por 20 puntos, podrá afectar en un punto.

“El fenómeno de las noticias falsas ha impactado tanto como ha impactado en otros contextos y democracias, ya sea latinoamericanas, europeas y americanas, con la lección de Trump y Bolsonaro”, explicó a Efe Octavio Avendaño, sociólogo de la Universidad de Chile, quien afirma que el gran error de la Constituyente fue no informar correctamente.

Punto de vista

“Las naciones también piensan”
Desde el 18 de mayo de 2021, cuando fueron elegidos por votación popular los miembros de la Convención que debía dar forma a la nueva Constitución, Chile fue situado en el escalón más bajo de la condición política: la binaridad. El complejo e interesante espectro político chileno se vio reducido a dos bandos irreconciliables: apruebistas y rechacistas. Un bipartidismo informal que no admitía matices ni puntos intermedios. Todo fue reducido a un rudimentario “o estás conmigo o estás con los otros”.

El plebiscito puede y debe ser bajo determinadas condiciones un medio para decidir sobre situaciones límites, pero en ningún caso el medio principal que lleva a la decisión política. La plebiscitización de la política suele cretinizar a la ciudadanía. No por casualidad el plebiscito es el medio electoral que más gusta a las dictaduras.

Chile por ahora es el país de las constituciones rechazadas. La Constitución vigente, la de 1980, llamada constitución de Pinochet, fue rechazada en octubre del 2020 por amplia mayoría. La Constitución destinada a sucederla, llamadas por sus enemigos constitución del “octubrismo”, y por otros, la Constitución de la izquierda, fue rechazada en septiembre de 2022, y también por amplia mayoría. ¿Qué pasa con los chilenos? Me preguntaba alguien. ¿Es que no desean ninguna constitución? Mi respuesta solo pudo ser: claro que la desean, pero lo que buscan, y todavía no han encontrado, es una Constitución que jurídica y políticamente los constituya como nación, más allá de ideologías y de partidos.

El origen de la Constitución surgió como consecuencia del estallido social de octubre del 2019, y no porque los heterogéneos grupos que ahí actuaron hubieran deseado fervientemente una Constitución, sino como un recurso de la clase política, incluyendo al gobierno de Piñera, para canalizar las energías (positivas y negativas) desatadas en esos sucesos. De ahí que, aunque la Constitución en ciernes no fuera octubrista, su filiación cronológica sí lo era. Para muchos era, de modo simbólico, el corolario constitucional del estallido de octubre.

El hecho de que entre la elección del gobierno de Boric y la elección para elegir a los convencionales mediaran solo unos pocos meses, hizo pensar a muchos, y no sin razón, que la elección presidencial y la nueva Constitución pertenecían al mismo proceso. Bajo esas condiciones era imposible que, de modo simbólico, gran parte de la ciudadanía no viera en el nuevo proyecto, la Constitución del gobierno de Boric.

Aunque no me crean, pienso que las naciones, cuando son naciones políticas (los sociólogos las llaman sociedades) también piensan. Por eso hay naciones que son pensadas –son las autocráticas– y naciones que se piensan a sí mismas. A veces, como ocurre con cada uno de nosotros, las naciones se equivocan. Pero si son democráticas, corrigen. Pues pensar no es meditar. No hay nada más confrontativo que pensar.

Fernando Chávez Virreira / Periodista

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