Fricciones

Evo, entre renovadores y enemigos de la derecha

Está permanentemente lidiando con los adversarios internos o renovadores, y externos o enemigos de la derecha, pero con el narcotráfico como telón de fondo, expone el autor.

Ideas
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La Paz - domingo, 31 de julio de 2022 - 5:00

Hasta 2019, Evo Morales solo tenía enemigos a la derecha del espectro ideológico, a los que combatió en las calles y en las urnas, y a quienes no reconoce legitimidad. Sin embargo, desde 2019, han emergido desde su propia base, MAS, adversarios a los que sí reconoce legitimidad por ser autoridades electas, como es el caso del vicepresidente, David Choquehuanca. La causa de fondo de esta situación es su interés por volver a postularse a la Presidencia en 2025. Por ello, Morales está permanentemente lidiando con los adversarios internos o renovadores, y externos o enemigos de la derecha, pero con el narcotráfico como telón de fondo en su agenda discursiva.

Adversarios internos: los renovadores. Morales y Choquehuanca han compartido durante muchos años un espacio simbólico común, constituido por el MAS, el Estado y las organizaciones sociales. No obstante, de acuerdo a relatos extraoficiales, las fricciones entre ambos liderazgos han sido más evidentes (para la opinión pública) desde que Morales retornó a Bolivia en noviembre de 2020, luego de que el MAS ganara nuevamente las elecciones generales con Luis Arce.

Choquehuanca tiene apoyo en diferentes lugares de Bolivia, como La Paz (reducto natural), El Alto, norte de Potosí, y en diferentes regiones de Santa Cruz, Beni y Pando. Mientras, Evo sigue teniendo un control total sobre su base social histórica: el Chapare.

El impulso que otorga Choquehuanca a las escuelas de líderes en diferentes lugares del país, bajo la égida del discurso de la renovación, es lo que incomoda a Evo y su facción en el MAS. En palabras del vicepresidente: “El mundo tiene que renovarse. Hay un desorden global. Hay incertidumbre, hay caos. Necesitamos cambios, revolución de ideas. ¿Y quiénes tienen que ser los protagonistas? Los jóvenes, ellos son quienes tienen que despertar su creatividad y no esperar que las personas mayores les digan lo que tienen que hacer”. En cambio, para Evo Morales los renovadores son la nueva “degeneración que trabaja por un nuevo proyecto político”.

Ante estas diferencias, en los últimos meses se han dado discusiones, empujones e insultos entre seguidores de ambos líderes, como lo acontecido en Santa Cruz en junio, lo cual da la sensación de que se estuviera en medio de una campaña electoral.

A pesar de las fricciones entre las organizaciones que respaldan al vicepresidente y al expresidente, y las acusaciones cruzadas en redes sociales y medios de comunicación, se sacaron una foto juntos para demostrar su “compromiso con la unidad”. Ello ocurrió en una reciente reunión entre ambos líderes, además del presidente Arce, ministros de Estado y representantes de organizaciones sociales.

Enemigos externos: la derecha. El antagonismo es un elemento sustancial de la naturaleza política de Evo Morales. Después de lo ocurrido en 2019 (año en el que se cometieron irregularidades en el Tribunal Electoral para evitar la segunda vuelta con Carlos Mesa, Morales renunció a la Presidencia y huyó a México), Jeanine Añez asumió constitucionalmente la Presidencia de forma transitoria. En este marco, el expresidente ha llegado al paroxismo discursivo contra todo lo que se mueve a su derecha. Sueña, come y juega fútbol con la premisa de que lo que le ocurrió hace tres años fue un golpe de Estado gestado por sus enemigos históricos.

Esta obsesión que alimenta de forma permanente con sus discursos contra los opositores políticos-partidarios, sociales y cívicos, influye en el Poder Judicial hasta tal punto de que lo usa para encarcelar, mediante la justificación del golpe, a los enemigos de la derecha. La privación de libertad de Jeanine Añez es un ejemplo de cómo es posible la domesticación de un poder contramayoritario (judicial) para mantener vigente el antagonismo amigo-enemigo que se traduce en una polarización política intermitente que socava las bases institucionales de la democracia representativa.

Con la sentencia a la expresidenta a diez años de cárcel por incumplimiento de deberes y resoluciones contrarias a la Constitución, la tesis del golpe de Estado se ha fortalecido política e ideológicamente. De hecho, a sus opositores Carlos Mesa y Tuto Quiroga los ha llamado “golpistas confesos”. En el caso de Luis Fernando Camacho, a pesar de que las bases sociales del MAS piden su encarcelamiento, todavía no se le ha iniciado un proceso por el supuesto golpe.

El narcotráfico como telón de fondo en la política boliviana. En el contexto de un campeonato de fútbol internacional, de nombre Copa Evo, que se llevará a cabo en el Chapare en agosto, representantes parlamentarios de Comunidad Ciudadana, liderada por Mesa, han objetado su convocatoria. De esta manera, se busca que los clubes invitados desistan de participar por considerar queMorales está reproduciendo el mismo papel que el colombiano Pablo Escóbar (en los años ochenta) en cuanto a una serie de irregularidades vinculadas con el narcotráfico.

En perspectiva histórica, el narcotráfico y la política-partidaria (MIR, ADN, MNR) han tenido un entrelazamiento subterráneo que ha dejado marcas perennes en la sociedad boliviana. Un telón de fondo con el que prácticamente nos hemos acostumbrado a vivir.

2019, inolvidable; 2025, inescrutable. El forcejeo verbal entre Evo y sus adversarios renovadores, por un lado, y sus enemigos de la derecha, por el otro, está casi normalizado en la coyuntura política actual. Con los primeros, las fricciones se deben al control hegemónico del MAS con respecto al 2025. Con los segundos, su enemistad es de origen histórico-ideológico y se agudizó desde 2019.

Solo el destino sabe lo que sucederá en 2025 con Evo y sus adversarios coyunturales. La única certeza es que los acontecimientos del 2019 serán una vez más explotados por Evo para victimizarse ante sus bases sociales con la idea de que fue expulsado por una maniobra golpista.

“Evo Morales sueña, come y juega fútbol con la premisa de que lo que le ocurrió en 2019 fue un golpe de Estado gestado por sus enemigos históricos”.

José Orlando Peralta Beltrán / PolitólogoLatinoamérica21

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