Capital social

Familia extensa y atraso económico

La cultura de familia extensa es fuente de capital social; pero también puede mermar el bienestar económico de los hispanohablantes.

Ideas
Por 
Madrid - domingo, 14 de agosto de 2022 - 5:00

Francis Fukuyama se hizo célebre gracias a la tesis, ya refutada, sobre el Fin de la Historia. Sin embargo, me parecen mucho más memorables los planteamientos expuestos en su libro La confianza. El politólogo estadounidense clasifica a los países en función del radio de capital social. La confianza entre las partes reduce los costos de transacción y engrasa la eficiencia en el engranaje mercantil. Un mecanismo fundamental en las sociedades tradicionales, que mantiene su valor incluso en sociedades modernas con alta calidad institucional, donde rige el imperio de la ley y se pueden hacer negocios con personas desconocidas a partir del sistema de contratos, una vez definidos los derechos de propiedad en una economía de mercado.

En este contexto, japoneses, alemanes o estadounidenses destacan por su carácter asociativo; y, el radio de capital social trasciende el ámbito familiar. Tocqueville ya glosaba la vertebración de la sociedad civil de Nueva Inglaterra frente al poder del Estado. A finales de los años 90, el aeropuerto de Los Ángeles carecía de una oficina pública de turismo; pero, había un mostrador atendido por algunas viejecitas que hacían trabajo de voluntariado. Entre otras cosas, permitían al viajero usar su teléfono para reservar un hotel.

La metáfora Japón S.A. es un clásico que compara al país con una gran corporación, a partir del carácter gregario de sus ciudadanos. En la trama de una película del grandioso cine clásico producido en Tokio en los años50, dos hombres dialogan sobre una batalla que estaba aconteciendo durante la IIGM. Uno de ellos confiesa su temor a que el hijo pereciera en el combate; y el interlocutor reacciona de forma desaforada, llegando a golpearle. ¿Cómo podía preocuparse por su retoño cuando el país estaba hundiéndose?, le interpela. Por lo corriente, la selección alemana llega muy lejos en los campeonatos mundiales del fútbol, gracias al espíritu colaborativo de sus miembros. Vaya baño que recibieron las individualidades brasileñas en su feudo: una derrota por 1-7 en la semifinal de 2014.

Por el contrario, los países mediterráneos tendrían sociedades muy basadas en la familia, donde se desconfía de terceros. Desde su radio de capital social limitado, reinan pequeñas y medianas empresas. El periodista Luigi Barzini definió a Italia como “conjunto de familias unidas por un instinto ciego”. Cuántos negocios, fundados por un patriarca talentoso, quedan fundidos en la segunda generación, cuando las fricciones alcanzan niveles insoportables entre los hijos, que ya tienen sus proles.

En los países del norte de Europa, muchas compañías familiares sí se expanden en el largo plazo hasta convertirse en gigantes. Una vez que se alcanza cierto punto crítico, se reconoce la necesidad de emprender dos acciones: la salida a bolsa; y la elección de un gestor adecuado, ajeno al clan familiar. Cuántas multinacionales han seguido dicha trayectoria.

En las sociedades tradicionales, la familia extensa era vehículo para la supervivencia, cual depósito de capital social donde imperaba el sentido de la reciprocidad. Según las encuestas, muchos jóvenes españoles encuentran su primer empleo vía familiares o amigos. La opción de medrar desde el trato de favor otorgado por un padrino es tradición ancestral. Ustedes, lectores latinoamericanos, lo saben. Llevamos impreso el mismo ADN cultural.

Referiré el caso de una mujer que enviudó en la década de los 80 con 40 y pocos años; a raíz de la desgracia, pudo acceder a una buena colocación en el sector financiero. La carrera del protector se inició gracias a la recomendación del padre de su prima. Cuando la viuda le dio las gracias por la mediación, el directivo altivo se limitó a decir que solo se trataba del pago de un favor. Las puertas de su casa no se volvieron a abrir.

En las películas del Hollywood clásico, llama la atención la ausencia de la familia extensa en situaciones en las que nos la encontraríamos hasta en la sopa en nuestros países hispanohablantes.

Un problema surge cuando aparecen familiares amorales –o algo más–; y este capital social adquiere signo negativo, dentro de un juego de suma cero. La pérdida de bienestar, tanto en términos de eficiencia como de equidad, es consecuencia para las víctimas. El personaje principal de El diciembre del decano
–novela del Premio Nobel estadounidense Saúl Bellow– piensa si le habrán tocado los peores parientes del mundo. Todo parte de la estafa pergeñada por el primo abogado en el reparto de la herencia. En un filme de Ousmane Sembène, pionero del cine senegalés, aparece la figura del sobrino avispado que idea la venta de la casa de los tíos, desconocedores del valor de sus bienes raíces, vía engaño. Un caso ajustado al fallo de mercado conocido como información asimétrica. Cuando un bisabuelo mío abandonó su ciudad, dejó una cantidad importante de dinero al cuñado para que se la diera al hijo cuando cumpliera la mayoría de edad. Mi abuelo solía recordar, risueño, cómo su tío le entregó la cantidad exacta, muchos años después, sin interés alguno, a pesar de tratarse de cifra susceptible de haber devengado una rentabilidad.

Los malos parientes son especie invasora; y, en caso de existir, el apellido Malpariente habría acabado por ser tan frecuente como García. Protéjanse de ellos. Una técnica se repite en los guiones de las telenovelas latinoamericanas: la escucha fortuita de conversaciones en las que a uno le desean lo peor. Yo lo he vivido en mis propias carnes, cuando el teléfono quedó descolgado. No me asombré, pues ya lo dice el refrán: “piensa mal y acertarás”.

Volvamos a la viuda referida, una mujer formada que desempeñó muy bien su trabajo. A pesar de ello, la suegra de su hermano –toda una bruja– dijo que le estaba quitando el empleo a otro español. El hermano de la pobre mujer intentó jugar sus bazas para salir beneficiado ante la venta de una propiedad familiar; pero, todos fueron estafados por un primo psicópata –como en las obras de Bellow y Ousmane Sembène–. Y, para cuadrar el círculo, el tío paterno de los hijos de la viuda –menores de edad que quedaron en posición precaria– apareció en escena para preguntar si le correspondía algo del modesto seguro de vida del finado. La viuda todavía sufriría agravios dignos de película de terror, muchos años después, por parte de la parentela.

En buena ventura, no todos los carnales son primos que deprecian el capital social. Yo me quedo con el de “Tin Tan” –mítico comediante mexicano–, que no era de sangre. Un gran tipo su carnal, compadre de andanzas peliculeras.

“Los malos parientes son especie invasora y, en caso de existir, el apellido Malpariente habría acabado por ser tan frecuente como García. Protéjanse de ellos”.

Sergio Plaza Cerezo / Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen.
Para más información puede contactarnos

NOTICIAS PARA TI

OTRAS NOTICIAS