Puritanismo nacionalsocialista

Identidad, etnia y raza

Ciertas condiciones psicosociales, económicas y políticas hacen resucitar falsas ideologías, lo que sucede hoy en el país, dice el autor.

Ideas
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La Paz - domingo, 27 de noviembre de 2022 - 5:30

Conceptos distintos, aunque muchas veces la ignorancia y la “mala fe” los confunden. Cuando se habla de seres humanos no corresponde la palabra “raza”, sino “etnia”, pues ésta involucra a la cultura.La identidad se construye mediante dos procesos básicos y fundamentales del pensamiento: la discriminación o identificación de las particularidades o diferencias y la generalización o la identificación de las generalidades o similitudes.

Es indispensable aclarar que tales procesos son mutuamente dependientes. No puede existir uno sin la existencia del otro. ¿Qué sentido podría tener que yo resalte alguna particularidad mía con respecto a cierto grupo de personas o seres, si al mismo tiempo no comparto con ellas algunas o muchas similitudes? A manera de ejemplo: ¿Qué sentido tendría que reivindique mi capacidad de razonamiento en comparación a la de los cerdos, si no compartiría con ellos muchas similitudes en la categoría de mamíferos? Es así que al mismo tiempo se que soy un ser particularísimo e irrepetible y también se que soy semejante en algo a todos y a cualquier ser que habita la infinitud y eternidad del universo. En pocas palabras, en cada persona conviven en armonía, innumerables identidades superpuestas.

No pretendo desarrollar una filosofía para cuya comprensión se requiera de las setenta mil millones de neuronas que decía tener una innombrable autoridad boliviana. No, para comprender esta verdad universal solo se requiere “un dedo de frente” y algo de buena voluntad.

Quienes tienen en este momento entre 65 y 70 años, es posible que recuerden un intento de reforma educativa durante la presidencia de Barrientos, si mal no recuerdo. Dicha reforma incorporó en la asignatura de aritmética y/o matemáticas, la “teoría de conjuntos”, cuya utilidad, en ese momento, nadie comprendía. Dicha teoría sostiene que todos los elementos que conforman un universo tienen en común por lo menos una de sus características y que de no ser así quedarían fuera de dicho universo. Dice mucho más, pero ahora no es el propósito profundizar más en ello. Simplemente decir que, en el conjunto de los seres humanos, aún entre los más diversos, compartimos por lo menos una característica en común, por la que siempre estaremos vinculados.

Sin embargo, la historia de la humanidad ha sido testigo del genocidio de cientos de millones de hombres y mujeres inocentes, en nombre de supuestas virtudes de etnias ya extinguidas o bien fundidas en la maravillosa diversidad humana, identidades étnicas que se han resucitado para apuntalar intereses inconfesables de individuos o de grupos, en contra de etnias, pueblos, naciones o credos vivos y vigentes por supuestamente también, cargar en ellos, taras inexistentes o bien presentes en los propios arquetipos y temores de los racistas.

A esta actitud maniquea, de separar a los seres humanos en dos grupos: “lo buenos”, los que merecen todos los privilegios, poseedores de todas las virtudes, que constituyen “la reserva moral, biológica, cultural... de la humanidad” y que, obviamente, comparten la misma identidad que el sujeto que los define; y por lado, “los malos”, que constituyen el resto y que concentran todos los defectos de la humanidad. Se ha denominado “racismo” porque supone que, tanto las virtudes, por un lado, como los defectos, por el otro, se heredan genéticamente.

Con la debacle del régimen nacionalsocialista se supuso ya muerta y sepultada esta estúpida y malintencionada forma de ver e interpretar el fenómeno humano, sin embargo, se ha visto que ciertas condiciones psicosociales, económicas y políticas hacen resucitar a estas falsas ideologías y eso, lamentablemente, está sucediendo en nuestra patria. La pobreza, la ignorancia y siglos de traiciones y desencantos han dado lugar a que el año 2005 creamos una vez más en la posibilidad de hacer realidad los dos más caros sueños del boliviano común: la justicia social mediante el socialismo y el hermanamiento intercultural mediante la recuperación de las identidades étnicas postergadas.

Han transcurrido casi 18 años de impostura y demagogia. No han desaparecido los privilegios, se han acentuado. Sólo se ha cambiado el apellido de los privilegiados. El máximo dirigente de la otrora heroica Central Obrera Boliviana, ahora servil al gobierno, amenaza públicamente a los dirigentes cruceños calificándolos y descalificándolos por croatas. Aunque tal conducta constituye una flagrante violación de la Ley contra el racismo, el oficialismo lo ampara y la oposición se mofa de su ignorancia.

La justicia social, la lucha de clases, el proletariado, la derecha, la izquierda son ahora palabras vacías. En boca de los socialistas del siglo XXI, que gobiernan indefinidamente y en pareja, esos conceptos se han convertido en una jerigonza pasada de moda.

El valor identitario de la sagrada y milenaria hoja de coca ha sido suplantado por el precio de la maldita cocaína. Ni los más altos jerarcas del gobierno se han ocupado de aprender las lenguas originarias.

A estas alturas del asalto a las riquezas del país, tales estrategias y propósitos resultan ser cuentos de hadas. Nadie en el gobierno piensa ya en la defensa de la salud y la vida de las identidades originarias. Están ahora ocupados de extraer el último gramo de oro, dejando a la madre tierra y a sus hijos una herencia de mercurio en las venas. Pero siguen hablando de identidades puras. No quieren aceptar en la indagación censal, la categoría “mestizo o mestiza” como opción de repuesta, pues se les iría por los suelos toda su argumentación racista.

Por último, todos los seres en el universo somos híbridos, en la ampliación de la diversidad está nuestro futuro, dejemos la pureza racial para quienes se enriquecen con el tráfico de mascotas con pedigrí.

Mediante este artículo quiero yo invitar a mis compatriotas de las 36 o más identidades étnicas ancestrales, más las que se fueron integrando con el transcurso de los siglos a nuestra maravillosa diversidad, a perder el miedo, pues él es el inventor del odio racial. Si hasta hoy sufrimos la diversidad, en adelante comencemos a disfrutarla.

No hay nada mejor que el mestizaje. Las pruebas están en la música, en la comida y en la generalidad de los juegos y las artes. Oídos sordos al purismo y al puritanismo nacionalsocialista.

“Han transcurrido casi 18 años de impostura y demagogia. No han desaparecido los privilegios, se han acentuado. Sólo se ha cambiado el apellido de los privilegiados”.

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