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Jueces corruptos sentencian contra la verdad y la justicia

Ministros socapadores y amanuenses de toda laya emitieron una ilegal e inconstitucional sentencia, en un tribunal ordinario, contra la expresidenta Añez, sostiene el autor.

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La Paz - domingo, 19 de junio de 2022 - 5:00

La ilegal e inconstitucional sentencia dictada por un tribunal ordinario en contra de la expresidenta constitucional Jeanine Añez es un eslabón, no el último, en la larga cadena de mentiras que Evo Morales y sus seguidores han inventado con el perverso propósito de torcer la verdad de lo ocurrido en octubre y noviembre de 2019, cuando el “binomio insustituible” terminó fugando a México y su entorno más cercano asilándose en la embajada del mismo país.

Por supuesto, no es la única cadena de mentiras que el MAS fabricó desde que en 2006 se hiciera cargo del gobierno; otras fueron la del “proceso de cambio”, que además de no haber cambiado nada más que los nombres de instituciones, sólo sirvió para socavarlas; o la de la “revolución democrática y cultural”, que encubría el proyecto totalitario y excluyente del evismo. La inclusión de los pobres en la toma de decisiones de gobierno, la vigencia de los derechos de pueblos indígenas, la profundización de la democracia, el respeto a la “Madre Tierra”, el acceso soberano al mar que terminó de la peor manera, y varias más, no son otra cosa que demagogia populista con la que el MAS intentó confundir y corromper al pueblo boliviano.

Lo que colmó la paciencia de la ciudadanía fue el desconocimiento cínico por parte del gobierno del MAS, de los resultados del referéndum del 21 de febrero de 2016, que le dijeron NO a los intentos de prorrogarse en el poder ad aeternum al binomio Morales-García. Luego de haber jurado varias veces que se irían si el referéndum no les era favorable, comenzaron (falso matemático mediante) a hablar de “empate técnico” y terminaron imponiendo la grotesca sentencia constitucional 84/2017 que, en los hechos, declaró inconstitucional la Constitución y, más adelante, imponiendo también la habilitación del binomio gobernante; a lo que siguió el fraude de las elecciones de octubre 2019 que intentó evitar que Morales tuviera que ir a segunda vuelta.

Los resultados de la afrenta son conocidos: formidable movilización pacífica del pueblo boliviano, reacción salvaje del MASismo, puesta en práctica de un plan “B” de renuncia colectiva de las principales autoridades del ejecutivo y legislativo, para generar un vacío de poder y, al cabo de unas horas, conseguir el retorno victorioso de Evo como única alternativa de pacificación de un país incendiado por las huestes delincuenciales del MAS.

El tal plan fracasó y, después de 48 horas de angustia y zozobra, la senadora Jeanine Añez asumió constitucionalmente la presidencia, para sorpresa e ira del MASismo que no podía creer que el poder se le esfume de las manos.

Sin duda, los errores del gobierno de la señora Añez, rodeada de sinvergüenzas e inescrupulosos que luego le dieron la espalda, y sobre todo su postulación como candidata a la presidencia, hicieron lo suyo, pero el relato masista ya había sido lanzado: como no podía ser que el “líder indígena” (que ni siquiera balbucea una lengua originaria) sea derrotado por el pueblo boliviano, había que inventar un “golpe de Estado” y hablar de “gobierno de facto”, para deslegitimar a quien valientemente se hizo cargo de la situación en aquellos días.

A partir de entonces, desde dentro y desde fuera se especuló sobre el tema. Algunos hablaron directamente de “golpe de Estado”, otros de “ruptura del orden constitucional y autoproclamación de Añez”, otros más de gobierno de facto. Guitarreros y títeres, de Bolivia y el exterior, sinvergüenzas que usufructuaron de su permanencia en organizaciones de derechos humanos, zascandiles de toda laya (no solo en La Haya), llunk’us y amarrahuatos diversos, se dieron a la tarea de difundir la especie.

El fugado no huyó, sino que salvó su vida para alegría y gloria de los pobres e indígenas del mundo entero; el gobierno de Añez se convirtió en “dictadura”, durante cuya vigencia los hoy ministros de Relaciones Exteriores e (in)Justicia lo atacaban en un medio de comunicación sin mayor problema. Eva Copa (la que hoy sufre los embates del evismo en El Alto y está probando de su propia medicina) sancionaba las leyes que posteriormente eran promulgadas por la gobernante “de facto”.

La pacificación del país, a la cual contribuyeron la Iglesia Católica y organizaciones internacionales y embajadas (hoy vergonzosamente mudas ante las canalladas del MASismo), fue una realidad. El afán victimista de enviar militantes de base del MAS al matadero, no prosperó, más allá de las aventuras de Sacaba y Senkata.

Total, que en el afán de cambiar la realidad de los hechos, se escribieron innumerables artículos y libros que pretenden imponer la posverdad de que, en 2019, “hubo un golpe de Estado que terminó con el gobierno de Morales”. Quienes vivimos aquellas jornadas, sabemos que no fue así. El martilleo de los medios masistas y sus guerreros digitales, no surten ni surtirán efecto en nosotros ni en millones de bolivianos, para quienes la invención de un supuesto golpe de estado no es más que una patraña.

El neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco Viktor Frankl, que entre 1942 y 1945 estuvo en varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau, contaba en El hombre en busca de sentido que, además de maltratarlo físicamente, los esbirros nazis buscaban minar su entereza, tratándolo de “cerdo judío”; pero, que no lo lograron, porque no podían controlar su reacción frente al maltrato.

Nosotros decimos lo mismo: podrá el MAS continuar perorando a diestra y siniestra que en 2019 hubo golpe de Estado, podrán seguir sus alcauciles encaramados en la administración de justicia dictando sentencias, autos de vista o autos supremos que pretendan inventar algo que no hubo, podrán Morales y sus incondicionales seguir hablando de “ruptura de orden constitucional”, sabiendo que nada de eso es verdad.

El 10 de noviembre de 2019, aniversario del grito libertario de Potosí, pueblo al que “el comandante Morales” (como acaban de bautizarlo sus acólitos y sus títeres) ofendió las veces que le vino en gana, ese día el pueblo boliviano lo echó del gobierno por abusivo, mentiroso, corrupto y fraudulento.

“La pacificación, a la cual contribuyeron la Iglesia y organizaciones internacionales (hoy vergonzosamente mudas ante las canalladas del MASismo), fue una realidad”.
“La pacificación, a la cual contribuyeron la Iglesia y organizaciones internacionales (hoy vergonzosamente mudas ante las canalladas del MASismo), fue una realidad”.

Carlos Derpic / Plataforma Ciudadana UNO

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