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La Empresa Agropecuaria, otro desaguisado

El Estado quiere administrar directamente los negocios agropecuarios, unas aguas en las que muchos gobiernos han naufragado estrepitosamente, dice este texto de UNO.

Ideas
Redacción Diario Página Siete
Por 
La Paz - domingo, 08 de mayo de 2022 - 5:00

El gobierno del MAS acaba de crear la Empresa Boliviana de Producción Agropecuaria (EBPA) y la ha dotado de Bs 140 millones ($us 20, 1 M ). La EBPA será una empresa estatal, tendrá personalidad jurídica, patrimonio propio y duración indefinida. Teóricamente, tendrá autonomía de gestión. Su sede (¡obviamente!) estará en La Paz, lejos de los campos de cultivo. Se dedicará a “la producción, procesamiento y transformación de productos agrícolas y pecuarios; y comercialización en el mercado interno y externo de sus productos”. Es decir, a casi todo, y podrá recibir tierras, sin necesidad de comprarlas.

Me opongo claramente a esta empresa por las siguientes razones:

- El objetivo de la nueva empresa no está claro. Este argumento debería bastar para detener su puesta en marcha.

- La decisión no considera que ya hay varias empresas y programas como Emapa, Pasa, IPDS, Ebococa, Lacteosbol, EASBA y otras que en conjunto debieron generar “seguridad y soberanía alimentaria” y no lo hicieron.

- El gobierno competirá con los agricultores: quiere hacer lo que ellos harían mejor, en términos de producción, producción, competitividad e innovación.

- El gobierno da un paso más en la intromisión del Estado en la economía. No se contenta ahora con subsidiar insumos, controlar precios y ordenar agricultura por contrato. Ahora quiere hacer administración directa de negocios agropecuarios, unas aguas en las que muchos gobiernos han naufragado estrepitosamente.

- Si el gobierno quiere que la nueva empresa sea rentable, tiene que presentar los cálculos técnicos, financieros y económicos que lo demuestren. ¿Dónde están? Dudo que los tenga. Y si la empresa es rentable, podremos decir que el gobierno, al competir con los ciudadanos, les estaría impidiendo apropiarse de esas ganancias, que de otro modo realizarían por sí mismos.

- El gobierno no tiene experiencia en el manejo de empresas agropecuarias. Una cosa es dirigir entidades que funcionan porque el TGN paga sus costos, y otra cosa es gerentar una empresa que debe recuperar sus inversiones y generar una ganancia.

- La EBPA no enfrentará los costos reales del mercado. El capital inicial es una donación, con la que se pagarán las primeras inversiones y costos fijos. Cuando le falte dinero, recurrirá al TGN, como han recurrido todas las empresas. Tendrá acceso a tierras sin costo, cosa que es absurda e injusta. Claramente, pagará los recursos humanos por encima de su costo de oportunidad, incurriendo así en costos excesivos. Y no podrá vender los productos a precios atractivos, porque estará dominada por la obsesión de que los precios de los alimentos deben ser bajos.

- De acuerdo a lo que ha ocurrido en las demás empresas y proyectos agropecuarios estatales, la EBPA será una dependencia política dirigida por nombrados políticos e inexpertos, que no tomarán decisiones para alcanzar la rentabilidad, sino para obedecer a los jerarcas del régimen y mantener cautiva a su clientela política.

El MAS parece no conocer la triste historia de las empresas agropecuarias creadas por el MNR, como Concofrut o ENA, o por el banzerismo, como la Hilandería de Santa Cruz, ni ser consciente de la suerte que están corriendo las empresas y programas creados bajo los gobiernos de Evo Morales.

¿Qué impulsó a los gurús del MAS a tomar esta decisión tan equivocada? Me atrevo a decir que están asustados por los posibles impactos que podría causar la invasión de Ucrania por Rusia. Pero se equivocan. Para América Latina en conjunto, el desorden que está causando la invasión rusa en los mercados de granos, piensos, alimentos y fibras, es más una oportunidad que una amenaza. Claro, para los países que entendieron que hay que producir para vender y cuyos agricultores están preparados para responder a una demanda que podría subir abruptamente.

Si el gobierno del MAS quiere producir más alimentos, debe comprender que no se avanzará mucho creando granjas estatales. La clave para avanzar es dar a los agricultores las condiciones que necesitan para producir más y mejor: seguridad en la tenencia de la tierra; libertad para comprar, vender, alquilar e hipotecar sus tierras; libertad para producir y vender (incluyendo la venta al exterior); acceso a mecanismos de ahorro y crédito a tasas competitivas; reducción de las regulaciones e interferencias (incluidas las de las aduanas); reducción de los impuestos; libre circulación de la información sobre mercados, particularmente sobre precios y oportunidades. El gobierno haría mucho bien invirtiendo mejor los escasos Bs 140 millones: por ejemplo, en el mejoramiento de la infraestructura productiva; en investigación, adaptación y difusión de tecnología, y educación de los agricultores para el cumplimiento de estándares internacionales y apertura de mercados.

La idea de que todo país debe producir los alimentos que consume deriva de una exageración simplista del concepto de seguridad alimentaria, por organizaciones extremistas. No entienden que hoy el comercio es esencial a todos los países. Los enormes transmisores de la oferta y demanda de los alimentos, que son las grandes cadenas alimentarias, permiten que grandes grupos humanos –verdaderas multitudes– puedan consumir alimentos que han producido otros, literalmente al otro lado del planeta.

Se debe dejar que los precios reflejen la escasez de los productos agropecuarios, incluso de los alimentos. Menos subsidios a combustibles y a insumos resultarán en que productores y consumidores se podrán poner de acuerdo, a través de la oferta y la demanda, en qué se debe producir y cuánto, y eso hará a nuestro sector agropecuario más eficiente, y si se quiere usar una palabreja muy de moda, más resiliente.

No tengo la menor duda que pronto estaremos viendo a la EBPA iniciar actividades de pequeña escala, sin respaldo suficiente y, sobre todo, sin perspectivas; sin embargo, sus evaluaciones serán positivas.

Y todo eso ocurrirá mientras sus gerentes malgastan el dinero de los ciudadanos.

“Una cosa es dirigir entidades que funcionan porque el TGN paga sus costos, y otra cosa es gerentar una empresa que debe generar una ganancia”.
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